Derribar mitos y construir libertades: la importancia del dictado de ESI para personas con discapacidad

Desde Tucumán, la licenciada en psicología y especialista ESI, Fernanda Fortini, reflexiona sobre la importancia del abordaje en los ámbitos escolares para personas con discapacidad.

La importancia de la Educación Sexual Integral en los ámbitos escolares es innegable. Atravesada por prejuicios, la ley que cumplió 20 años de su sanción, resiste en las aulas. Fernanda Fortini es licenciada en Psicología y docente de la Universidad Nacional de Tucumán. Además, tiene una diplomatura en ESI y trabaja en el Instituto Privado de Educación y Adaptación, una escuela para chicos con discapacidad. Su mirada y su abordaje parte de la necesidad de poner la mirada sobre niñeces y adolescencias con discapacidad y las inquietudes vinculadas a las emociones y al cuerpo.

“Muchas de las personas adultas de hoy, nuestros propios padres o abuelos no han recibido educación sexual integral por eso también resulta tan difícil para las familias abordar ciertas temáticas, acompañar ciertas situaciones porque se encuentran sin recursos. Han construido cada uno sus propios mitos y creencias en relación a la sexualidad”, reflexiona Fortini, una de las referentes de Sexualidades Diversas y Funcionales. Recuerda que su experiencia con la educación sexual fue más vinculada a la prevención del embarazo y del VIH y que ese abordaje estaba ligado a una mirada biologicista.

“Hay que pensar que el silencio es una forma de educar en sexualidad. Muchas personas que hoy transitan la adultez e incluso la mediana edad, no han recibido ESI. Es importante que quienes trabajamos como adultos referentes de niños y niñas adolescentes, podamos empaparnos de esta ley. Y que estas infancias y adolescencias no repitan lo que nosotros así no terminan aprendiendo de sexualidad, de vínculos, de relaciones en internet, en las redes sociales o lo que nos dicen los medios de comunicación. Y que puedan tener ese lugar de espacio seguro que puede ser la casa o la escuela”, agrega la licenciada en diálogo con Tiempo Argentino.  

–¿Cómo es el trabajo de la educación sexual integral (ESI) en personas con discapacidad?  

–El trabajo con ESI y con niños, adolescentes o jóvenes con discapacidad en primera instancia implica romper con los mitos que circulan acerca de la sexualidad de las personas con discapacidad. Se suelen ver a las personas con discapacidad como niños eternos, como ángeles, como seres de luz y eso los deja una posición de infantilización, piensan que son niños eternos, se lo dejan la posición de sobreprotección. Lo real es que las personas con discapacidad tienen las mismas necesidades, los mismos deseos, los mismos derechos que el resto de las personas. Algunos espacios donde transitan las personas con discapacidad, sean escuelas, sean instituciones terapéuticas y demás, están todavía atravesados por estos mitos que hacen pensar que las personas con discapacidad no tienen sexualidad o que son personas con una hipersexualidad, que tienen dificultad para poder controlar sus impulsos. También aparecen los mitos en relación a que no necesitan educación sexual integral, de que no van a poder maternar o paternar cuando sean adultos, que no están en condiciones de tener relaciones sexuales.

–¿Cómo son los abordajes? 

–La primera instancia es poder romper los mitos y entender que todas las personas requieren educación sexual integral y que ésta habilita recursos para la vida. Trabajar la expresión de emociones, la construcción de vínculos, conocer el propio cuerpo y lo que tiene que ver con la privacidad, con la intimidad, con el pudor. El poder entender cuándo hay situaciones que exceden a ciertos límites y puedan reconocer o puedan entender lo que es un consentimiento y de esa manera hacer una lectura de lo que está bueno o de lo que hace mal o genera malestar. El primer trabajo entonces es poder romper esos mitos, partiendo de la base de que la ESI es un derecho de todos los niños, niñas y adolescentes, y ahí están incluidas las personas con discapacidad.  

Y en segundo lugar, poder pensar el trabajo desde la ESI con personas con discapacidad implica que debe ser una ESI con perspectiva en discapacidad. ¿Qué quiere decir esto? Cuando una a veces busca los materiales vinculados a la educación sexual integral, láminas, imágenes y demás, aparecen representados niños o adolescentes que forman parte de lo normativo, o sea, de lo hegemónico. No hay cuerpos de personas con discapacidad o que formen parte de la diversidad en general, no solamente la neurodiversidad. Pensar una ESI con perspectiva de discapacidad, quiere decir que utilicemos materiales, recursos didácticos y demás, donde están representadas las personas con discapacidad, donde se plasmen también sus cuerpos, sus experiencias. Y por otro lado, cuando hablamos de una ESI con perspectiva de discapacidad, hablamos de una ESI, que tiene que ser accesible para que los niños o adolescentes con discapacidad puedan apropiarse de esos aprendizajes, que esa información llegue. Y para que ellos se sientan protagonistas de su aprendizaje es necesario utilizar recursos o apoyos, objetos concretos, secuencias o pictogramas, imágenes, videos, situaciones que representan la vida cotidiana. Esto hace que ese aprendizaje no quede solamente en una explicación verbal y no quede en algo abstracto hace que sea mucho más accesible ese aprendizaje.

–¿Se está implementando en las escuelas o cuesta que se dicte ESI?

–Trabajo en una escuela especial primaria donde ya hace muchos años se implementa la educación sexual integral. Es un trabajo interdisciplinario que se realiza tanto en las aulas como con las familias de los niños con discapacidad. Las actividades van variando, como psicóloga, acompaño a docentes con actividades, con propuestas que tengan que ver con los cinco ejes de la educación sexual integral. También se llevan adelante talleres para familias en donde trabajamos diferentes temáticas, incluso mostramos cómo trabajamos la ESI con los chicos para que puedan trasladar ese trabajo al hogar, los recursos, las herramientas, todo lo que utilizamos con los alumnos. Al menos en la escuela donde yo trabajo, esto ocurre hace muchos años. Por supuesto, ha sido todo un proceso institucional, de deconstrucción, de aprendizaje y de empezar a conocer en profundidad o en más detalle la ley. Estamos en una provincia donde muchas instituciones todavía no implementan la ley, no acompañan a los niños en su desarrollo de la educación sexual integral. A veces no se conoce esta primera instancia, la ESI también nos atraviesa a nosotros como docentes y como institución para hacer un trabajo con nuestros niños y adolescentes. Sé por mi trabajo en sí que no son muchas instituciones que educan desde la educación sexual integral y cuando hablamos de discapacidad menos aún.

–Notás que haya una demanda por parte de las y los chicos por la ESI?

–Sí hay una demanda de los chicos en relación al trabajo de educación sexual integral. Cuando trabajamos todo lo que tiene que ver con el cuerpo, sus partes íntimas, con el cuidado, lo que tiene que ver con situaciones que implica lo que es la privacidad a lo que es el pudor se ve el interés de los chicos sea cuando se van desarrollando o cuando se van vinculando de otra forma con sus pares, cuando aparece esto de gustarse con otro compañerito. Todas estas cuestiones son parte del desarrollo y ahí se va viendo la necesidad de los chicos y el deseo de trabajar todos estos contenidos. La cuestión de la demanda de los chicos viene acompañada de una demanda de las familias que a medida que van conociendo la ESI y van transitando diferentes situaciones en el desarrollo de sus hijos buscan  recursos o herramientas para acompañar. Demandas hay, y las docentes también las tienen porque ellas ven muchas situaciones. Tiene que ser siempre un trabajo articulado. 

–Entre los y las docentes, ¿hay adhesión al dictado de ESI?

–Hay adhesión desde muchas instituciones y hay muchos docentes que aprovechan las herramientas que una puede brindar. Pero todavía tenemos docentes o instituciones en general que no trabajan en la educación sexual integral, plantean que eso es responsabilidad de las familias, no de la escuela. Cuando esto ocurre creo que la primera base es pensar que estamos hablando de docentes o de profesionales que no conocen la ley por eso es importante siempre el trabajo entre los profesionales de la institución. Empezar a desglosar la ESI, conocerla en sus diferentes dimensiones y lo que tiene que ver con sus lineamientos, con los ejes conceptuales, con sus puertas de entrada, porque realmente hay mucha gente, muchos docentes que no están preparados, que no están formados, que no han tenido acceso a los materiales, que nunca han leído la ley ni sus lineamientos curriculares. 

–¿Cuáles fueron las experiencias más enriquecedoras con respecto al trabajo de la ESI en las aulas? 

–Las experiencias más enriquecedoras son cuando todos somos protagonistas, tanto los niños, los jóvenes y los adolescentes como también los adultos, ya seamos los docentes, seamos los familiares, seamos los terapeutas. Ese trabajo articulado es el más rico. Cuando trabajamos entre nosotros cierta temática y de ahí la volcamos a los chicos y trabajamos con las familias es como un hilo conductor que permite que ese acompañamiento sea de la forma integral en que lo plantea la ESI porque es muy corto el impacto que puede tener si solamente se trabaja desde la escuela. Tiene que ver con el ámbito escolar y con la responsabilidad de los docentes como un derecho de los niños y niñas adolescentes, pero hoy la ESI ha salido de la escuela. Vemos que llega a los hogares, vemos los resultados y tenemos niñxs o adolescentes más empoderados, que tienen información, que van a tener registro para pedir ayuda, para denunciar, para hablar cuando hay una situación que los pone en peligro, o cuando ven que otro compañero, que otra compañera está en una situación que no está buena.

Del trabajo en forma articulada salen las experiencias más enriquecedoras. Nos permiten no solamente que nuestros niños aprendan herramientas para la vida, sino que también nos llevan a nosotros como adultos pasar procesos de construcción de aprendizajes, de pensar en otras formas de afrontar ciertas situaciones y de tomar decisiones, y sabiendo que estamos enmarcados en lo que tiene que ver con los derechos de nuestros niños y adolescentes. Y también eso se observa cuando una puede hacer lecturas en relación a a modificaciones que se dan en el hogar, en la mirada sobre algunos temas, en la forma en que hay de acompañar esos temas o situaciones.

–¿Por qué hubo o hay tantos prejuicios? 

–Muchas veces la ESI se asocia solamente a los genitales, y en realidad cuando hablamos de ESI trabajamos los vínculos, la expresión de emociones, lo identitario, las habilidades para socializar y para vincularnos con los demás. Trabajamos lo que tiene que ver con los derechos, la prevención de un montón de situaciones. De repente tenemos niños que van a poder registrar en el futuro una situación de violencia de género, de bullying o de acoso, o una situación de grooming. Son situaciones que muchas veces los adolescentes y los jóvenes las viven por muchos años y que esto finalmente termina desencadenando problemáticas de salud mental.

–¿Qué es lo primordial a la hora de hablar sobre ESI en las escuelas?

–Son tres puertas de entrada a la hora pensar en la ESI. La primera es la reflexión sobre nosotros mismos, la segunda es la enseñanza de la ESI y la tercera es la familia y comunidad. Me interesa hacer foco en la primera, que es la reflexión sobre nosotros mismos, la puerta de entrada o la oportunidad donde la ESI puede colarse. Y esa primera puerta apunta a que quienes vamos a trabajar con la ESI, la vamos a llevar a las aulas, a los talleres y demás, primero hagamos un trabajo personal sobre qué nos pasa a nosotros en relación a la sexualidad. Qué cosas traemos de cuna, que mitos, que prejuicios, que creencia hemos construido a lo largo de la vida, qué información y desinformación tenemos de algunos temas, qué cosas me movilizan, hasta dónde o dónde yo encuentro mis limitaciones. Y sobre todo, qué nos pasa con todo eso antes de trabajar con los chicos. Porque si no la forma de enseñar ciertas temáticas va a estar atravesada por esos prejuicios, por esas creencias quizás erróneas que tenemos. O por esa falta de información en algunos temas. Como mensaje también para los docentes, primero tenemos que nosotros interpelarnos, movilizarnos y hacer algo con todas esas cuestiones que traemos para que nuestro trabajo sea lo más ético en relación a nuestros niños y este sea lo más objetivo posible.

Por: Maby Sosa

Fuente
Tiempo Argentino

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