La economía del achicamiento
A contramano del discurso oficial, el empleo privado no solo no compensa la caída del público sino que expulsa más trabajadores.
Las imágenes se replicaron en medios y redes sociales. La masiva respuesta a una convocatoria laboral tuvo una rápida viralización. Una parrilla de Berazategui ofreció catorce puestos de trabajo por 800.000 pesos mensuales. La reacción popular los sobrepasó. La fila de aspirantes, alrededor de 1.500 personas, superó las cinco cuadras. Lejos de ser un acontecimiento aislado, la foto de Berazategui es ilustrativa del mercado laboral actual.
Los últimos datos del SIPA (correspondiente a junio) dieron cuenta de un nuevo retroceso del empleo formal. Contra noviembre de 2023, 354.128 asalariados registrados perdieron su puesto de trabajo (público o privado).
En ese marco, el despido de empleados públicos (y la rebaja salarial) fue señalado como un hecho virtuoso por la narrativa oficial. Por caso, el presidente Javier Milei sostuvo que la reducción (del plantel de empleados y salarial) es “un resultado deseado del modelo” para forzar una reorganización general de la economía.
Según el razonamiento de la legisladora, el despido de empleados públicos activaría un círculo virtuoso: achicamiento del gasto-menos impuestos-mayor bienestar general. “Achicar el Estado para agrandar la Nación”, era el lema de la última dictadura militar.
Dejando a un lado la importante cuestión de la necesaria eficiencia (social y/o económica) que debe tener el gasto estatal, ¿Cuál sería el tamaño “óptimo” del Estado? No existe una fórmula matemática que arroje un resultado correcto. La respuesta diferirá según el modelo de sociedad de cada interlocutor. Por lo pronto, los datos desmienten esa idea simplista de que menos Estado sea sinónimo de mayor bienestar general. Por ejemplo, los países más desarrollados del mundo tienen elevados niveles de gasto público
Volviendo a los festejos de Reichardt por la caída del empleo público. Es de suponer que la legisladora considera que eso conduciría a, por ejemplo, una mayor apertura de empresas y/o creación de empleo privado. No estaría pasando. La Argentina perdió 30.633 unidades productivas desde el comienzo de la gestión Milei. En términos porcentuales, el universo empresario se achicó un seis por ciento (de 512.357 a 481.724). La pérdida es mayor a lo ocurrido durante el peor momento de la última pandemia. En ese momento cerraron 21.405 firmas, contabilizando desde febrero de 2020 a septiembre de 2021 (piso de empresas activas).
El especialista Luis Campos explica que “en el sector privado registrado llevamos 13 meses consecutivos de caída (de empleo). En términos absolutos estamos en los mismos niveles de fines de 2014. Son casi doce años de estancamiento del empleo formal como tendencia general”.
Como se dijo, la caída del empleo registrado supera los 350.000 puestos de trabajo en la era Milei
“La distribución de esa pérdida contradice uno de los argumentos centrales del discurso oficial: el sector privado acumula una caída de 4,5%, mientras que el empleo público retrocedió 2,5%. Ambos sectores destruyeron empleo, pero el sector privado —que según la narrativa oficial debía crecer liberado del “crowding out” del Estado— lo hizo con mayor intensidad que el público. El empleo privado no solo no compensó la caída del público sino que expulsó aún más trabajadores”, sostiene la Consultora Vectorial.
