La desconfianza avanza: los inversores venden activos en pesos y dolarizan sus carteras

Desde junio se nota esta tendencia. Algunos dicen que es por la caída de la imagen política de Milei. Otros creen que es por los defectos de la política cambiaria.

El 28 de julio fue un punto de inflexión. Ese día, el Banco Central multiplicó la oferta de bonos dólar linked (la renta que pagan está atada a la evolución del valor de la divisa) y salió a ofrecer dólares en efectivo al mercado. Según los cálculos de los analistas, se desprendió de casi U$S 150 millones, algo poco habitual ya que la tónica de este año fue la contraria, con el BCRA adquiriendo dólares en el mercado.

La intervención de la autoridad monetaria expuso su voluntad de detener la presión devaluatoria sobre la moneda nacional cuando el valor del billete verde se acercara a los 1500 pesos. Posteriormente, el BCRA intervino en varias oportunidades cada vez que el valor del dólar se aproximó a ese nivel.

Las presiones sobre el dólar responden a una nueva situación que se observa desde junio: los inversores y especuladores comienzan a desarmar paulatinamente sus inversiones en pesos y compran activos dolarizados o directamente dólares.

Ante ese escenario, el Banco Central y el Tesoro (es decir, el Ministerio de Economía) salen a ofrecer lo que el mercado demanda a fin de evitar que esa presión termine elevando el precio del dólar hacia u nuevo nivel.

La razón central de esta reacción es evitar su impacto en la inflación. Esta certeza no tiene nada que ver con el mantra que repiten el presidente Javier Milei y sus colaboradores, en el sentido de que la inflación “es en todo momento y lugar un fenómeno monetario”.

Así las cosas, la pregunta que surge es ¿por qué los inversores comienzan a dolarizar sus carteras? La movida comenzó a verse en junio. Finalmente, ese mes, a pesar del aumento de la venta de bonos dólar linked, la dupla de Luis Caputo, al mando del Ministerio de Economía, y Santiago Bausili, que encabeza el Banco Central, no pudo evitar un alza del 6,6% del valor del dólar en ese mes.

En julio, saturaron el mercado con estos bonos. Se calcula que colocaron unos U$S 1500 millones. El dólar solo subió 1,2% a costa de dejar saturado el mercado local de deuda dolarizada.

Algunos analistas, del estilo del economista Enrique Szewach, creen que existe un “ruido político” ya que vinculan la mayor demanda de papeles dolarizados a cierta dificultad del gobierno para consolidar su hegemonía después de 2027: consideran que la depresión económica puede pesar más en la voluntad de los votantes que la cuestión ideológica y la batalla cultural tras cuatro años de desgaste en el que los bolsillos populares perdieron contra los precios y el desempleo.

Este sector agita las encuestas que le ponen números a ese temor. Si bien hay para todos los gustos, hay una tendencia en ellas a mostrar a Milei por debajo de otros potenciales candidatos, especialmente el gobernador de Buenos Aires, Axel Kicillof, tanto en imagen positiva como en intención de voto.

Para otros analistas, en cambio, se trató de una serie de factores que confluyeron en el tiempo. Juan Pablo Costa, economista del Centro de Economía Política Argentina (CEPA), señaló que entre febrero y junio confluyeron una mayor oferta de dólares por la exportación agropecuaria y los mayores precios del petróleo, sumado al ingreso de divisas por la colocación de deuda privada.

«Desde julio, este escenario se ha ido modificando y esto derivó en un aumento de la intervención del gobierno en el mercado de cambios», señaló Costa, quien identificó en esa tarea a la ampliación de las posiciones abiertas del BCRA en el mercado de futuros y en la colocación de bonos duales en las renovaciones de deuda del Tesoro.

Este último aspecto, señaló Costa, «está marcando que hay una mayor incertidumbre en el mercado».

Otro emergente de la nueva situación de tensión con el dólar es que el Banco Central dejó de comprar divisas para acrecentar las reservas. De un promedio diario de U$S 137 millones en mayo, pasó U$S 68 millones en junio, U$S 105 millones en julio y en lo que va de agosto, apenas U$S 24 millones. Se acabó el período de abundante oferta que permitió al BCRA comprar dólares sin presionar su valor al alza.

El temor a una corrida cambiaria fue lo que llevó al gobierno a absorber 4 billones de pesos a fines de julio. Esta decisión elevó inmediatamente la tasa de interés en pesos, algo que el gobierno buscaba como otro de los mecanismos para sostener el valor del peso: incentivar al alza de la tasa de interés secando la plaza de pesos y, de esa forma, incentivar a los inversores para que sigan con sus pesos.

La asfixia del mercado de pesos pesa como una losa sobre la depresión económica más general. Pero como un perro que se muerde la cola, esa depresión afecta los ingresos fiscales que sostienen el superávit, sin el cual no hay compra de dólares para pagar la deuda: un círculo vicioso sin final.

Por: Randy Stagnaro

Fuente
Tiempo Argentino

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