River vive encerrado en su propio laberinto
Por más que llegan refuerzos, el equipo no mejora el rendimiento. Para colmo, no hay solución con los marginados del “container” y el clima está cada vez más caldeado. Partido clave ante Central.
Las crisis traen aparejadas preguntas, la búsqueda de pistas para entender los motivos que depararon en contextos adversos. Lo que Adrián Dargelos expresó en la canción La Lanza: “Cómo llegamos hasta acá/ Donde mi peor yo nos abraza”. En River, esa letra parece sonar de fondo, pero sin el interrogante artístico. El pedido de explicaciones es tangible y lo manifiestan los hinchas, quienes se cuestionan la actualidad de un club que no solo parece divorciado del buen juego, también por la fuerte decisión de separar a tantos jugadores del plantel, lo que desembocó en la novela de “la banda del container” y la fractura del vestuario.
En lo estrictamente deportivo, el equipo que conduce Eduardo “Chacho” Coudet perdió cuatro partidos consecutivos. El trance con las derrotas está vinculado a los torneos domésticos y su punto de partida fue en mayo, cuando se le escapó la chance de ser campeón ante Belgrano. Mundial de por medio y tiempo para reacomodar las ideas, volvió al ruedo en los 32avos de Copa Argentina frente Aldosivi. El saldo fue 3 a 1 abajo y el boleto picado de este certamen. Empezó el torneo Clausura, debut contra Barracas como local con el pie torcido: 1 a 0 en contra. Miércoles pasado en La Plata ante Gimnasia, mismo resultado.
Fastidio, resignación, fondo de la tabla y reacciones por parte de los fanáticos. Dicen las estadísticas que hacía 31 años que River no arrancaba un torneo sin sumar puntos en las primeras dos fechas. ¿Quiénes son los responsables?, es la pregunta. Al primero que van a sentar en el banquillo de los acusados es a Coudet, pero la mala racha devela que la desdicha no solo tiene componentes de orden táctico. También arroja algunos desatinos por parte de la dirigencia y ahí aparece la figura de Stefano Cozza di Carlo, actual presidente de la institución de Núñez, y de fondo Pablo Longoria, el director deportivo.
La bronca se busca calmar con nombres que siguen llegando. Ahora se sumó Tobías Andrada, el joven mediocampista de Vélez, que es la séptima incorporación, junto a las ya realizadas de Nicolás Otamendi, Giovannni González, Mauro Arambarri, Rafael Santos Borré, Ángel Correa y Lucas Beltrán. Continúan las tratativas por Thiago Almada, delantero de Atlético de Madrid a quien buscan tentar por encima de la suma abultada que ya propuso Flamengo. Y la posible llegada del lateral izquierdo, Francisco Ortega, actualmente en Olympiacos de Grecia.
Lo cierto es que, a nueve meses de su mandato, los hinchas se convocan por las redes sociales al hall del club post partido de este domingo con Central para manifestar el descontento, no solo de los resultados, también de decisiones que no terminan de entenderse bien. Longoria llegó para encargarse de la dirección deportiva del Millonario. El español de 39 años, arribó como promesa de modernización del scouting, el trabajo de divisiones inferiores y del mercado de pases. Su curriculum arroja que empezó en el fútbol como “cazatalentos” y su máximo desempeño lo realizó en Olympique de Marsella, donde en 2020 inició la misma tarea que le toca ahora en River y al año siguiente fue nombrado presidente.
Su estadía en el club francés duró casi seis años y en ese tránsito fue amenazado de muerte por algunos pesos pesados de la barra, acusado de corrupción por el dinero de algunas ventas –algo, que, según contó en 2023 al diario La Provence, pudo demostrar su transparencia al poner a disposición sus cuentas bancarias, teléfonos y mails-, mala gestión en el armado del plantel e inestabilidad en el banco de suplentes por la cantidad de entrenadores que pasaron. Más de cinco, entre ellos Jorge Sampaoli.
Longoria llegó a River tras su cargo en el club francés, y se lo asume como uno de los responsables en la “depuración” del plantel que relegó a 11 jugadores. Del River Camp, pasaron al famoso predio de Cantilo. La rigidez con miras de modernización trajo consecuencias: originó que a esos futbolistas marginados se los referencie como la “banda del container”. De cambiarse en un vestuario pasaron a hacerlo en una especie de caja metálica que normalmente se utilizan para transportar mercancías en barcos y camiones.
Tensión entre vestuario, entrenador y dirigentes, emergió la solidaridad con los compañeros y los pedidos de la vuelta de Germán Pezzella, uno de los desplazados, campeón del mundo en Qatar 2022. Sin muestras de modificar la decisión tomada por la dirigencia que, además, tiene en la sala de espera por su futuro a Matías Viña, Fabricio Bustos, Matías Galarza Fonda, Kevin Castaño, Giuliano Galoppo, Kendry Páez, Santiago Lencina, Maximiliano Salas, Ian Subiabre y Alexander Woiski, las respuestas parecen estar en el diagnóstico futbolístico que lleva a poner en duda la permanencia de Coudet, quien parece tener un examen final ante Central.
