Reforma educativa del gobierno: un país sin escuelas

El proyecto de ley de la gestión libertaria renuncia a la idea de la educación como un ámbito social y un bien público a la vez que plantea "el derecho de la persona a educarse a sí misma". Cada institución deberá arreglarse con la lógica de "sálvese quien pueda".

La reforma educativa que busca el gobierno de Javier Milei implica un corrimiento radical del Estado nacional en la conducción del sistema y un abandono sin precedentes de las escuelas. En julio, circuló una nueva versión del proyecto de Ley de Libertad Educativa, aún no presentada en el Congreso, en sintonía con la que se dio a conocer en diciembre en el Consejo de Mayo. El texto detalla aún más las transformaciones que busca la gestión libertaria, además de incorporar la obligatoriedad de un examen al finalizar la secundaria, modificar la Ley de ESI y habilitar aranceles para estudiantes extranjeros en el nivel superior.

El proyecto propone derogar la Ley de Educación Nacional (LEN), sancionada hace 20 años, fruto de un consenso plural y democrático. Renuncia a la idea de la educación como un derecho social y un bien público. En cambio, plantea “el derecho de la persona a educarse a sí misma”, la familia como el agente natural y primario de la educación y a la sociedad civil como el ámbito en que se organiza y desarrolla. Retira la responsabilidad del Estado nacional de invertir en educación básica, a la vez que habilita el financiamiento de la demanda mediante vouchers.
Para Daniel Filmus, exministro de Educación y de Ciencia y Tecnología de la Nación, lo más preocupante de la iniciativa es que coloca al Estado como un actor “subsidiario” en el área.

«Plantea que es obligatoria la educación, pero no la escolaridad, entonces todas las familias podrían educar en sus casas y el Estado no tendría por qué intervenir. Es el único país en el mundo donde se plantea esta perspectiva, propia del anarcocapitalismo, que considera nociva a la escuela estatal”, señala.

Blanca Osuna, diputada nacional de Unión por la Patria (UxP) por Entre Ríos y vicepresidenta segunda de la Comisión de Educación, advierte a Tiempo que esta redefinición no es neutra: “Si el rol del Estado es ofrecer garantía mínima, se agota la posibilidad de construir igualdad, uno de los propósitos históricos de las políticas educativas. Con un financiamiento restringido al extremo, la ‘autonomía’ de las escuelas se traduce en fragmentación. Cada institución deberá arreglarse con sus propios recursos, en base a una lógica de ‘sálvese quien pueda’, lo que va a dar lugar a una competencia desigual”.

Educación en casa o vía plataformas

Uno de los aspectos más preocupantes del proyecto son las modalidades alternativas de enseñanza: el homeschooling y la educación virtual, que pueden ser impartidos
por instituciones radicadas fuera del territorio argentino. Para la Confederación de Trabajadores de la Educación Argentina (CTERA), este punto habilita “el negocio de las grandes corporaciones que, a través de la educación digital y las plataformas, también avanzan con la colonización cultural”.

El proyecto no establece ningún tipo de regulación sobre la “oferta” de quienes enseñen en entornos virtuales, ni la necesidad de que esté a cargo de docentes. Los estudiantes que sigan estos caminos tienen que inscribirse en un registro jurisdiccional “sin controles invasivos de la vida familiar ni sobre la orientación pedagógica elegida”. Y deben acreditar contenidos mínimos comunes a través de una evaluación estandarizada.

Reforma educativa del gobierno: un país sin escuelas
El gobierno de Javier Milei plantea un abandono sin precedentes de las escuelas.

Estas posibilidades dan lugar a un proceso de desescolarización que retrotrae a tiempos previos a la Ley 1420 de 1884 impulsada por Sarmiento. No solo buscan debilitar el rol pedagógico de la escuela, sino también su función social. “La escuela es promotora de lazos comunitarios. Es la institución donde se aprende a convivir con otros, se incorporan pautas de solidaridad y convivencia, se construye ciudadanía y sentimiento de pertenencia a la Patria”, afirma Osuna.

Durante el mundial, miles de niños, niñas y adolescentes vieron a sus máximos referentes alzar la bandera “Las Malvinas son argentinas”. Un reclamo que hacen propio y aprenden, primero, en las aulas. ¿Serán las instituciones extranjeras las que enseñen la importancia de la soberanía? ¿También se darán la tarea, junto a las familias, de generar experiencias de socialización, juego y trabajo cooperativo a diario con otros? ¿Alcanza una evaluación estandarizada para dar cuenta de estos y más aprendizajes?

“La escuela no enseña sólo saberes, sino también valores. ¿Cómo van a ser esos chicos para incorporarse a la sociedad si viven sometidos a las redes y a los algoritmos y no tienen la posibilidad de convivir y compartir con otros? Esto perjudica a la sociedad entera, no solo al grupo que resuelva los aprendizajes en su casa”, apunta Filmus.

Un proyecto antiescuela y anticomunidad

El problema no es solo cuántas familias y estudiantes se inclinen por formas alternativas de enseñanza, sino, y sobre todo, qué expresan estas opciones del proyecto educativo de Milei. Para la ultraderecha, la escuela debe cumplir un rol social menor. Por eso, se eliminan referencias a pisos de financiamiento por parte del Estado, se abandona la conducción del sistema y se abre paso a una atomización de la oferta.

En la propuesta libertaria, cada establecimiento puede elaborar su propio plan de estudios en función de su “ideario institucional” siempre y cuando respete “contenidos mínimos comunes”. Una cuarta parte de las horas puede destinarse a “módulos de formación diferenciada” sin autorización estatal. De nuevo, tierra fértil para empresas y plataformas que vendan promesas de aprendizaje y éxito como enlatados. En tiempos algorítmicos de deterioro de lo común, el oficialismo avanza contra la única institución donde persiste una conversación colectiva a lo largo del país.Reforma educativa del gobierno: un país sin escuelas

Foto: FUBA

Pero, además, esta ley no da ninguna respuesta a los desafíos en los aprendizajes de infancias y adolescencias. Así lo explica Maru Bielli, legisladora porteña de Fuerza Patria y presidenta de la Comisión de Educación: “El reclamo actual hacia la escuela suele ser por el acceso al conocimiento. Esta ley no resuelve esta demanda de la sociedad. Por el contrario, les devuelve a las familias la responsabilidad y les dice: fíjense cómo resuelve cada una. Las familias y los estudiantes le están pidiendo más a la escuela, no menos.” «

Pone en jaque la obligatoriedad de la ESI

Las modalidades alternativas de enseñanza ponen en peligro a la Educación Sexual Integral (ESI). En la escuela, niños, niñas y adolescentes aprenden sobre el cuidado del cuerpo y la salud, diversidad, género, violencias y derechos. En ocasiones, temas que no pueden conversar en sus casas.
Un estudio del Ministerio Público Tutelar (MPT) de CABA reveló que entre el 70 y el 80% de los niños, niñas y adolescentes de entre 12 y 14 años que pasó por la Sala de Entrevistas Especializada del organismo pudo comprender que fueabusado después de recibir clases de ESI. Su enseñanza en la escuela cobra aún más relevancia si se tiene en cuenta que la mayoría de los abusos que sufren las infancias ocurren en el entorno familiar o conocido.
Sin embargo, la última versión de la Ley de Libertad Educativa pone en jaque la obligatoriedad de la ESI. Sugiere que “cada establecimiento educativo debe informar detalladamente a los padres o tutores al comienzo del ciclo lectivo el temario, valores y contenidos a transmitir, actividades, bibliografía y materiales didácticos a utilizar y docentes a cargo del programa”. Las familias podrán optar por excluir a sus hijos de las actividades o materiales “que juzguen incompatibles con sus convicciones morales; y esa decisión debe ser respetada por las autoridades y los docentes”.

Por: Solana Camaño

Fuente
Tiempo Argentino

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