O libertad, o prensa

Retrocesos para un periodismo libre

El 3 de mayo la Asamblea General de las Naciones Unidas proclamó el Día Mundial de la Libertad de Prensa, con el objetivo de fomentarla como componente esencial de las sociedades democráticas. Por eso, mañana y pasado se celebrará en Lusaka la Conferencia Mundial de la Libertad de Prensa 2026, titulada “Forjar un futuro de paz”. Esta conferencia es co-organizada con el gobierno de Zambia. El informe de la UNESCO sobre los últimos tres años puede leerse en su página oficial. Allí se advierte que el índice mundial de libertad de expresión ha disminuido un 10% desde 2012.

Justo esta semana, en la Argentina, el jefe de Estado trató de ladrones a los periodistas que le consultaron si las explicaciones dadas al Congreso por su jefe de Gabinete, señalado por posible corrupción, fueron suficientes. “Alcanza, CHORROS”, gritó a los cronistas.

Acá aún no los matan, como atestigua el fotógrafo Pablo Grillo, filmado sonriente tras un homenaje brindado por su club Talleres de Remedios de Escalada. Grillo regresó este abril al barrio a más de un año de haber sido baleado en la cabeza por fuerzas dependientes del Ministerio de Seguridad de la Nación.

 

 

 

En el mundo, en las últimas semanas, las amenazas variaron sus formas, como en el caso del corresponsal de guerra hostigado por apostadores virtuales; o el de la estadounidense Shelly Kittleson, sobreviviente a su secuestro; o el amenazado por Donald Trump con ser encarcelado tras informar sobre un militar perdido en Irán; o el abandono de la corresponsal libanesa Amal Khalil durante seis horas bajo los escombros sin que Israel permitiera su rescate; o el autor de un libro de investigación sobre neofascistas rodeado de custodios en plena Europa.

Sin ir más lejos, el Facebook del autor de esta nota fue bloqueado desde que publicó tres comunicados seguidos de condenas a la invasión yanqui sobre Venezuela el 3 de enero.

Un año duro

Desde el 3 de mayo del año pasado, los intentos por limitar la libertad de informar han sido muy diversos. Reporteros Sin Fronteras debió ayudar a una colega en una audaz fuga desde Moscú, bajo arresto domiciliario por criticar en Facebook la invasión a Ucrania. Hacia julio, la Policía turca detuvo a un dibujante por una caricatura de Mahoma y Moisés; un colono israelí asesinó a un palestino que trabajó en un film ganador de un Oscar. Continuaron asesinando a corresponsales que reportan el conflicto en Gaza.

En un caso extremo, desligado de toda guerra, el crimen contra un colega árabe mereció la solidaridad del Presidente de los Estados Unidos… pero para con el príncipe señalado como instigador.

A ello se suman las limitaciones económicas de las empresas y la repercusión en los trabajadores. Como atestiguan los cientos de despedidos de The Washington Post este año o los trabajadores argentinos precarizados por quienes reclaman SiPreBA y otras entidades. Un gremio que debió juntar miles de firmas para emitir una solicitada en defensa del estatuto que garantiza el ejercicio profesional y que el gobierno mandó derogar.

Casos

“Su fuga fue una de las operaciones más peligrosas en las que Reporteros Sin Fronteras (RSF) estuvo involucrado desde las draconianas leyes de Rusia de 2022. En un momento, pensamos que podría estar muerta”, declaró el director del grupo Thibaut Bruttin durante una conferencia de RSF junto a la sobreviviente Ekaterina Barabash. Ella había posteado en Facebook entre 2022 y 2023 críticas a las acciones contra Ucrania: “¿Así que bombardeaste, arrasaste ciudades, mataste a cien niños, disparaste a civiles sin razón, bloqueaste Mariupol, privaste a millones de personas de una vida normal y los obligaste a irse a países extranjeros?”

La esperaron. Cuando regresó del festival de cine de Berlín, la arrestaron, acusada de difundir “noticias falsas”. Arrestada en su domicilio, enfrentaba una sentencia a diez años de prisión.

A los dos meses, se quitó la tobillera y huyó por “rutas clandestinas” más de 2.800 kilómetros. Debió dejar a su madre de 96 años, además de a su hijo y al nieto en Kiev, la capital del país donde nació, aunque tiene pasaporte ruso.

Llegó a París el 26 de abril, para festejar su cumpleaños 63. “No será un camino fácil comenzar una nueva vida. No soy muy joven. Soy joven… pero no mucho”, declaró la crítica de cine.

Como ella, un centenar ha huido desde la invasión. Otras cuatro decenas acabaron en la cárcel. RSF bajó a Rusia del puesto 171 al 172 entre los 180 países en su Índice Mundial de Libertad de Prensa 2026. (Argentina, que ya había caído del puesto 40 al 87, como se informara aquí, este año siguió cuesta abajo hasta el puesto 98).

Barabash, prófuga.

 

Dibuje, maestro

A mediados del año pasado, en la revista Leman, de Turquía, caricaturizaron un saludo entre Mahoma y Moisés en medio de la guerra. El dibujante fue detenido para ser sometido a un interrogatorio, según posteó el ministro del Interior, quien compartió un vídeo del detenido en el hueco de una escalera, con las manos esposadas a la espalda. “Estos desvergonzados tendrán que rendir cuentas ante la ley”, añadió

El ministro de Justicia dijo que investigaban a la revista por cargos como “insultar valores religiosos”. Presuntos islamistas apedrearon el local de la revista

El dibujante, detenido.

Esas actitudes extremas tuvieron su correlato en los territorios ocupados por Israel donde mataron a Awdah Hathaleen, periodista que trabajó en el film ganador del Oscar meses antes, No Other Land, que muestra la lucha de los palestinos para impedir que el Ejército destruyera sus aldeas. El codirector Yuval Abraham posteó: “Así es como Israel nos borra: una vida a la vez”.

A los noticieros llegó un vídeo donde se ve armado a quien disparó, identificado por las autoridades como Yinon Levi. El Ejército dijo que el colono israelí abrió fuego contra palestinos que arrojaron piedras. Los testigos dijeron que Awdah no estaba involucrado con ninguna discusión; sólo se hallaba cerca. La Policía respondió al incidente, pero no presentaron cargos contra Levi, quien había sido sancionado por Estados Unidos y la Unión Europea en 2024 por sus ataques a palestinos. Trump le levantó las sanciones a principios de 2025.

Una jueza escribió que “no se cuestiona” que Levi haya disparado. Pero agregó que podría haber actuado en defensa propia y que no pudo establecerse que sus disparos mataran a Hathaleen. Como no representaba un peligro que justificara su arresto domiciliario, lo liberó a condición de que no tuviera contacto con los aldeanos durante un mes. Mientras, los arrestados fueron 18 palestinos.

El cadáver permaneció retenido por el Ejército a condición de que la familia aceptara enterrarlo donde Israel lo autorizara, para “prevenir desórdenes”. En reclamo de su cuerpo, 70 mujeres dispusieron huelga de hambre. En su honor, se erigieron murales en Roma, vigilias en Nueva York y manifestaciones antibélicas en Tel Aviv.

En el ataque israelí contra un hospital al sur de Gaza, entre las 19 personas que mataron, estaba Mariam Dagga, de 33 años, reportera gráfica independiente en Associated Press; con un hijo de 12 años, informaba sobre las dificultades de los médicos para salvar a niños de la inanición.

Las autoridades se negaron a comentar el ataque, donde fueron muertos Mohammed Salam (Al Jazeera), el camarógrafo Hussam al-Masri (Reuters) y fue herido el fotógrafo Hatem Khaled. Eran colegas árabes porque Israel prohíbe a extranjeros cubrir lo “bien” que actúan. Las muertes multiplican por diez las de otros conflictos. Mientras la guerra Rusia-Ucrania cargaba con 18 periodistas acribillados, los de Gaza ascendían a 192 (en 22 meses), de acuerdo con una comparación del Comité para la Protección de Periodistas.

Dagga, bombardeada.

El príncipe saudita

Mohamed bin Salmán, heredero al trono en Arabia Saudita, envió agentes a raptar a Jamal Khashoggi –columnista de opinión en The Washington Post– para torturarlo en el consulado de Turquía, donde murió el 2 de octubre de 2018.

La Casa de Saud tardó 17 días en pronunciarse, hasta que confirmó la muerte en su consulado, aunque lo atribuyó a una pelea, por la que hubo 18 detenidos.

Sin embargo, el Presidente turco, Recep Erdoğan, declaró que había audios de la agonía de Jashogyi, cuya transcripción fue filtrada a la cadena Al Jazeera. Según una fuente turca, grabaron: “Me asfixio, quítame esta bolsa… soy claustrofóbico”. Para deshacerse del cadáver, lo descuartizaron con una motosierra.

La conmoción llevó a la Unión Europea a analizar la moción de Alemania para suspender ventas de armas a Arabia. Hasta la CIA sabía que Bin Salmán ordenó el asesinato, según consignó France Press, por lo que las relaciones con Washington quedaron enfriadas durante el primer mandato de Trump.

El hielo se derritió al calor del país petrolero, que comprometió 600.000 millones de dólares (que podrían llegar a un billón) en compras de aviones de combate y adelantos por acuerdos sobre energía nuclear civil, informó el gobierno estadounidense.

Eso gatilló el nuevo discurso del hombre de negocios y Presidente de Estados Unidos, que recibió al príncipe en el Salón Oval hacia noviembre último, para destacar el “increíble” historial del príncipe “en materia de derechos humanos”. Respecto a los derechos vulnerados del periodista, minimizó: “Estas cosas pasan”, criticó al columnista por “extremadamente controvertido” y recriminó a una cronista por avergonzar al príncipe al preguntarle por eso.

El aludido reconoció que el crimen fue un “gran error» y manifestó: «Estamos haciendo lo posible para que no vuelva a ocurrir”. Y, no; sólo se muere una vez. La viuda aprovechó para postear: “Dijo que lo lamenta, entonces debe reunirse conmigo, pedirme perdón y compensarme por el asesinato de mi marido”.

Apostar a muerte

Hace un mes y medio, Emanuel Fabian, de The Times of Israel, denunció amenazas de apostadores que le exigían rectificar una nota. “Tienes dos opciones: o crees que tenemos la capacidad, y después de que nos hagas perder 900.000 dólares, invertiremos esa cantidad para acabar contigo; o terminas con dinero en el bolsillo y recuperas la vida que tenías”, amenazó un tal Haim, con detalles sobre la familia de Fabian. El periodista lo ligó con una plataforma de apuestas donde preguntaban en qué fecha Irán atacaría a Israel, lo que atrajo más de 14 millones de dólares en juego. Luego de lograr que se bloquearan las cuentas, Fabian reflexionó: “El intento de presionarme para que modificara mi reportaje y así ganaran su apuesta, no tuvo éxito. Me preocupa que otros periodistas no actúen con la misma ética si se les promete parte de las ganancias”.

Custodiado

Paolo Berizzi, reportero del diario La Repubblica, publicó El libro secreto de CasaPound —sin edición castellana— que estuvo entre los diez ensayos más vendidos del país por sus revelaciones de un veterano militante descontento que aborda los lazos de Georgia Meloni, sus relaciones sentimentales con dos altos miembros del mayor grupo neofascista; sus 70 financiadores; detalles sobre la violencia como método. Según Berizzi, no había tal nivel de filtraciones sobre fascistas italianos desde los años ‘70.

De las dos décadas que lleva tras los neonazis de Italia, siete años fueron bajo custodia policial, declaró hace un mes al Diario.es: “Es como una jaula física y psicológica; en coche blindado, debo comunicar mis movimientos con mucha antelación. Las amenazas se volvieron casi diarias; la mayoría, a través de las redes. Paso mucho tiempo en los tribunales; tengo 16 procesos abiertos en varias cortes del país”.

Berizzi, custodiado.

Contra las limitaciones, todos insistieron en el intento por develar la verdad o relatarla del modo más amplio posible, a pesar de que “la realidad no sólo es apasionante, es casi incontable”, como diría Rodolfo Walsh, el mejor periodista argentino, quien a 49 años de su asesinato en marzo pasado fue recordado con una remada colectiva en el delta de Tigre, donde se refugiaba del ruido que le hubiera dificultado reflexionar acerca de que “la verdad se milita”.

Walsh, recordado (Captura: Gustavo Molfino).

Fuente
El Cohete a la Luna

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