Acerca de la baja de la pobreza

La mayoría de los especialistas coincide con el derrotero de la trayectoria de la pobreza (brusco incremento y descenso posterior) pero no con la profundidad de la caída anunciada.

La evolución reciente de la pobreza en Argentina despierta controversias. El último dato del Indec, correspondiente al segundo semestre del 2025, fue que el 28,2 por ciento de la población estaba por debajo de la línea de pobreza. En su cuenta de X, el presidente argentino festejó: “La pobreza sigue bajando. Dato no relato”.

La serie estadística oficial revela que, luego de la fuerte suba al comienzo del mandato mileísta (del 41,7 al 52,9 por ciento), la tendencia fue descendente: 38,1 (segundo semestre 2024), 31,6 (primer semestre de 2025) y 28,2 por ciento (segundo semestre 2025).

La mayoría de los especialistas coincide con el derrotero de esa trayectoria (brusco incremento y descenso posterior) pero no con la profundidad de la caída anunciada. En ese sentido, la evolución de la mayoría de los indicadores socioeconómicos (caída salarial, destrucción de empleo, cierre de empresas, incremento de concursos y quiebras, aumento de la mora y tensiones en la cadena de pagos, disminución del consumo masivo) no parecen avalar una baja tan abrupta de la pobreza. Lo antedicho no implica descalificar los números del Indec sino indagar en la metodología de cálculo para entender la verdadera naturaleza de este problema.

1) El período de referencia de los ingresos (mes calendario inmediato anterior a la entrevista realizada por los técnicos del Indec) es diferente al utilizado para la valorización de la canasta de la pobreza (mes de la encuesta). Ese desfasaje temporal siempre supone una subestimación de los ingresos, pero influye de manera diferente según el nivel inflacionario en curso.

“La existencia de esa subestimación no afecta demasiado la medición de la evolución de la pobreza cuando la tasa de inflación es baja y más o menos constante, pero cuando varía mucho en períodos cortos de tiempo (es decir, sube o baja bruscamente), la magnitud de la subestimación y el sesgo que supone en la medición se modifican significativamente, afectando así la medición de la evolución de la pobreza”, explica el trabajo del CEDLAS con las firmas de Iván Albina, Leonardo Gasparini y Leopoldo Tornarolli. Por ejemplo, la tasa de pobreza del último semestre de 2023 (final del gobierno de Alberto Fernández) estaría sobreestimada por este factor.

2) Las variaciones producidas en el nivel de subreporte de ingresos en la Encuesta Permanente de Hogares (EPH). El subreporte de ingresos es un fenómeno extendido por diferentes razones (olvido o desidia en la respuesta, pérdida de referencias nominales en contexto de alta inflación, desconfianza en el encuestador, etc). ¿Cómo se estima ese subreporte? Los ingresos reportados en la EPH se confrontan con los registros administrativos disponibles (salarios públicos, formales privados, beneficios sociales, jubilaciones y pensiones). El informe del CEDLAS apunta que “la comparación de los ingresos de distintas fuentes que se capturan en la EPH con los que capturan los registros administrativos correspondientes parece indicar un patrón general: entre 2017 y comienzos de 2024 la tendencia de la serie era hacia un crecimiento en el subreporte, los individuos y hogares reportaban cada vez una menor proporción de sus ingresos reales.

A mediados de 2024 parece romperse esa tendencia y mejora la captura de ingresos en la encuesta, llevando los niveles de subreporte a valores similares a los de 2017. En consecuencia, si el subreporte no permanece estable en el tiempo, parte de la evolución observada en la pobreza podría reflejar cambios en la captación de ingresos por parte de la encuesta y no únicamente cambios en las condiciones económicas de los hogares”.

En su cuenta de X, Daniel Schteingart agrega que “según la EPH, los salarios del sector público subieron entre 2023 y 2025 cuando absolutamente todas las otras fuentes que miden los mismo (índice de salarios del Indec, datos del SIPA de empleados públicos, o gasto público en salarios) dan una muy fuerte caída. Lo mismo con jubilaciones”.

3) El uso de patrones de consumo desactualizados para valorizar la línea de pobreza. El Indice de Precios al Consumidor (IPC) actual se calcula en función a una canasta de bienes y servicios relevada en la Encuesta Nacional de Gastos de los Hogares (Engho) 2004-2005. Esta claro que los patrones de consumo tuvieron fuertes modificaciones desde entonces. El 14 de octubre de 2025, el Indec anunció que implementaría una nueva metodología de cálculo -a partir de enero de 2026- utilizando los resultados de la Engho 2017-2018. Ese cambio no es menor porque aumenta mucho la incidencia de los servicios. En particular, el peso de los servicios públicos (luz, agua, energía, telefonía, educación, transporte y comunicaciones) se incrementaría 8,5 puntos porcentuales con la nueva canasta. Como se sabe, la decisión política de no implementar esa modificación motivó la renuncia de Marco Lavagna.

Los resultados finales del estudio del CEDLAS revelan que la tasa de pobreza presenta, con los ajustes a los tres ítems reseñados, una diferencia muy importante con los números oficiales. “Mientras que, según la estadística oficial, la pobreza cae de 41,7 por ciento en el segundo semestre de 2023 a 31,6 por ciento en el primer semestre de 2025 —una reducción de 10,1 puntos porcentuales—, en el escenario combinado la caída es 1,7 puntos porcentuales, un valor más esperable dada la evolución de la actividad económica entre ambos períodos”, concluye el CEDLAS.

“En mi país, que tristeza. La pobreza y el rencor”, diría Zitarrosa.

Por Diego Rubinzal
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Pagina12

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