Buenos Aires continúa siendo la más golpeada
El Insituto Argentina Grande elaboró un nuevo informe que refleja la crisis en pymes, cooperativas y unidades productivas de porte.
El último informe del segundo trimestre de 2025, elaborado por los equipos técnicos del Instituto Argentina Grande (IAG) bajo la dirección de Gabriel Katopodis, aporta un panorama sombrío para las PyMEs. Hasta julio de este año, la provincia y la Ciudad Autónoma de Buenos Aires ya habían registrado más de 7.300 empresas cerradas y se estima que para este mes esa cifra ya fue superada. A nivel nacional, si al inicio del año los cierres se calculaban entre 15.000 y 16.000, para julio el informe marcó un salto abrupto con más de 18.000 empresas cerradas en todo el país. Es decir, según los datos, entre el primer y segundo trimestre se perdieron otras 2.000 unidades productivas argentinas desde pymes, empresas grandes y cooperativas.
La decisión de extender por un año la emergencia económica, financiera y tarifaria para estas empresas recuperadas apunta a suspender desalojos, cortes de servicios y reconocer su interés productivo provincial. En la provincia hay unas 155 empresas recuperadas con 4.100 trabajadores, muchas con base en ciudades del conurbano como Avellaneda, Quilmes, Vicente López y otras repartidas en municipios del interior como Bahía Blanca, Azul, Mar del Plata o Bragado.
El informe del IAG también muestra que este fenómeno de cierres empresariales no se distribuye uniformemente. El sector más vulnerable, que representa a negocios chicos, unidades con pocos empleados, emprendimientos con estrecho margen de maniobra, está siendo el más afectado. En muchos casos, el cierre implica la desaparición de funciones sociales y fuentes de empleo locales que ya eran frágiles.
Detrás de Buenos Aires, la segunda provincia más golpeada por los cierres es Córdoba, con 2.781 unidades productivas menos hasta julio. El retroceso económico también se hizo sentir en provincias como Santa Fe (954), Mendoza (379) y Salta (243). En total, 18.083 unidades productivas bajaron la persiana entre noviembre de 2023 y julio de 2025, según el documento oficial basado en datos de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo.
Este escenario se tradujo también en una respuesta electoral. En las elecciones legislativas bonaerenses de septiembre, el sector trabajador le dio la espalda a un gobierno nacional. Las pérdidas de PyMEs dejaron un rastro político tangible: en casi todos los distritos con cierres industriales o comerciales, el peronismo recuperó terreno frente a Milei con una derrota, cuyos resultados la gestión libertaria buscará revertir en las nacionales del 26 de octubre con más optimismo que realidad tras los sucesivos escándalos. El descontento del entramado productivo en septiembre fue parte central de ese giro en el voto. Esa correlación entre situación económica local y resultado electoral subraya lo dramático de la crisis PyME.
Los números del IAG no son solo estadísticas porque representan unidades productivas que cerraron sus puertas, trabajadores desplazados, saberes y circuitos locales rotos. En una coyuntura de una inflación que los especialistas señalan como “disfrazada”, subida de costos de producción, restricción del crédito y apertura importadora, esas pequeñas estructuras productivas, que ya tenían poca amortiguación, no lograron sostenerse.
