El “anti–Producto”: un fútbol esquizofrénico sin pases ni goles y con TV de mala calidad
Aun con el retorno de los campeones del mundo, el Torneo Clausura 2025 arrancó con récord de 0–0 (14) y una imagen desteñida: jugadores con déficit técnico, fuga prematura de talentos, falta de reciprocidad en hinchas visitantes, “copitas” a final única y relatos a distancia.
En las primeras tres fechas de la ex Copa de la Liga rebautizada como Torneo Clausura 2025 ninguno de los 30 equipos pudo ganar los tres partidos. En los 45 encuentros, el resultado 0–0 fue el más repetido (en catorce partidos en total, ocho de ellos el fin de semana pasado por la tercera fecha). El 1–0 fue el segundo (diez partidos). En el fútbol argentino 2025 no habrá un torneo de liga (en 2024 se anularon, en plena disputa, los descensos). Ni siquiera el Clausura 2025 se juega igual que el Apertura 2025 que ganó Platense: a partir de los octavos de final –el torneo copia el modelo de playoffs de la MLS de Estados Unidos–, en caso de empate se jugará tiempo extra (en el Apertura hubo definición por penales). El Clausura, cuya placa de presentación resalta más la casa de apuestas patrocinadora que el nombre del torneo, es un vástago fiel del fútbol de Primera División que organiza la AFA. Este es, así, irónico, “El Producto”.
Los equipos del fútbol argentino se pasan menos la pelota, se infiere, porque abundan los futbolistas imprecisos, con técnica sin depurar si son muy jóvenes –debutan sin terminar de desarrollarse–, o con una técnica limitada si son +30 (la generación intermedia se ausenta en el medio local). Es un rasgo que somatiza el estado de “El Producto”. A la fuga de talentos prematuros cada vez más acelerada (el último y el más resonante, el de Franco Mastantuono, de River a Real Madrid), el fútbol argentino le opone el regreso de los campeones del mundo en Qatar 2022 (los últimos, los de Ángel Di María y Leandro Paredes, a Rosario Central y a Boca), el de glorias pasadas (Juanfer Quintero a River, Pol Fernández a Godoy Cruz) y, por debajo de la superficie y por fuera de los países tradicionales (Uruguay, Paraguay y Colombia), la llegada de jugadores desde geografías “exóticas”. Entre los nueve que sumaron dos goles en las tres fechas del Clausura aparece Rodrigo Auzmendi –24 años, delantero–, quien se sumó a Banfield después de haber marcado 23 goles en 42 partidos en la temporada 2024/25 en el Motagua de Honduras. Entre los “goleadores”, como pintura de la situación, figuran Di María, Éver Banega (37 años, Newell’s) y Santiago Lencina (19 años, River).

Ander Herrera, 35 años, llegó en enero a Boca desde Athletic Bilbao de España. Por lesiones, no completó ninguno de los nueve partidos en los que fue titular. Cuando fue presentado en Boca, dijo que estaba “al día” con el fútbol argentino. Desde afuera, lo describió: “No importa si juegas contra uno de los grandes o contra un equipo más pequeño, todos tienen armas para hacerte daño”. En el fútbol argentino, se repite, “cualquiera le puede ganar a cualquiera”. Si no gana el “mejor”, el que juega bien, el juego se vuelve especulativo y el nivel se empareja para abajo. Empeora, porque destruir siempre es más fácil que construir. Paredes y Di María convivirán con rigor físico, choques y fricciones. Ahora lo llaman “fútbol competitivo”.
Dardo Miloc –34 años, mediocampista de Barracas Central– debutó en Gimnasia La Plata en 2009. En 2024 regresó al fútbol argentino, a Central Córdoba de Santiago del Estero, después de un año en el Alajuelense de Costa Rica. “Siempre tiene que ver dónde está puesto el foco y quién lo pone –dice Miloc–. Más allá de que te toque de un lado y del otro, la polémica tiene que ver no tanto con el juego sino con el producto. Hay mucha presión, hay mucho estrés en el fútbol argentino, como un desprendimiento social. También en la calle está bravo. Todos queremos defender el trabajo, por lo necesario y fundamental. Y nosotros nos hacemos responsables”. Según Opta–Stats Perform, empresa encargada de los datos de la Liga, el fútbol argentino registra el tiempo efectivo de juego más bajo (49 minutos y 58 segundos) entre las cinco principales ligas de Europa y la de Brasil. En la Premier se juegan 58:31 por partido. En el Brasileirão, 55:23. Argentina sólo está por encima de la Primera División de Bolivia y de la Liga 1 de Perú, las que promedian por debajo de los 49:58. En promedio, en un partido del fútbol argentino hay 103,7 “interrupciones”: faltas, reposiciones, quejas, discusiones y hasta simulación de lesiones como “tiempo muerto”.
“El Producto” también se “descompone” afuera –y lejos– de las canchas. Disney (ESPN) y Warner (TNT Sports) malpagan los derechos de televisación de la Primera del fútbol argentino (AFA reparte 125 millones de dólares entre 30 clubes). En Argentina, un club no grande de Primera recibe 2 millones de dólares. Un club de Brasil (526 millones entre 20) embolsa, como mínimo, 30 millones de dólares. El Brasileirão, con Fluminense, fue el único semifinalista sudamericano en el Mundial de Clubes (y ganó las últimas seis Copa Libertadores). Para River y Boca, el dinero de la TV significa el 5% de los ingresos mensuales. La AFA le extendió el contrato a ESPN–TNT Sports hasta 2031. Para acceder al “Pack Fútbol” de Argentina (hoy a $16.270), a diferencia de otras plataformas de streaming, sí o sí se debe contratar antes a un cableoperador, una operación que fue denunciada por “cartelización” en Defensa del Consumidor. El “Pack Fútbol” apenas supera los 2 millones de abonados. Antes del inicio de la final Huracán–Platense en el Madre de Ciudades de Santiago, un encapuchado se “robó” la pelota del círculo central. La “piratería” es la pauperización de “El Producto”, con baja calidad de imagen en las transmisiones y periodistas que no relatan ni comentan los partidos “abonados” desde las canchas.
Como fuere, el fútbol argentino vive en permanente estado de alteración (sin profundizar en que, de tanto en tanto, estalla un escándalo arbitral que favorece a un equipo del poder). “¿El fútbol que se está jugando en la Argentina es el que corresponde a la realidad del país? ¿Qué podemos pretender si hay más de 200 futbolistas argentinos jugando en el exterior y entre ellos más de veinte de categoría internacional? Yo voy todos los domingos a ver uno o dos partidos y muchas veces a mí también me parecen lentos, aburridos, chatos, todos iguales. En el fútbol nuestro se llega muy poco al arco contrario”, decía Carlos Bilardo, entonces entrenador de la selección, en 1989, a la revista El Equipo. Entre 2020 y 2025, un 28% más de futbolistas argentinos abandonaron el país (de 773 a 989). Según el informe anual de Futbolistas AXEM, hasta el 30 de junio de 2025 había 6.475 jugadores argentinos fuera de Argentina en categorías profesionales y otros 1.527 en divisiones inferiores.
En “la liga de los campeones del mundo” sin liga se juegan, en cambio, tres copas a final única (Supercopa Argentina, Trofeo de Campeones y Supercopa Internacional). Hay aún dos pendientes, de 2020: la Supercopa Argentina y el Trofeo de Campeones, entre Boca y River. El 8 de julio, Vélez le ganó 2–0 a Estudiantes la Supercopa “Internacional”. Se jugó, tras las ediciones en Emiratos Árabes y en Paraguay, en el Libertadores de América de Avellaneda. “Soy un vendedor de un producto llamado fútbol”, se presentó el brasileño João Havelange en 1974 tras ser electo presidente de la FIFA en el congreso de Frankfurt. “No trates de entenderla, disfrutala”, es el paliativo de Tapia, ya transformado en meme, sticker y resignación.
Por: Roberto Parrottino
