La trastienda de un fallo judicial que se lleva la marca de la política
Cómo se gestó la decisión de la Corte Suprema en una jornada frenética en la que no estaba previsto resolver un caso de alto impacto tanto en oficialismo como en la oposición.
En el entorno de Cristina Kirchner dicen que estaban seguros de que el fallo iba a llegar en la segunda semana de junio y por eso se anticiparon a preparar el escenario electoral y anunciar su candidatura por la Tercera Sección Electoral de la Provincia de Buenos Aires. Cierto o no, la previsión funcionaba como un reloj descompuesto: dos veces por día da la hora exacta. Algún día iban a acertar. Lo mismo ocurría con la ansiedad periodística. El incremento de la movilización de las huestes peronistas y sindicales no explica que la Corte haya pisado el acelerador.
La participación y beneficio del Gobierno también son difusos: sacarla de la cancha electoral a Cristina Kirchner es un caramelo de madera para Javier Milei que puede festejar en el corto plazo, pero a quien le quitan el sparring que necesitará si la microeconomía no repunta. Por eso no se entendió la primera reacción presidencial en forma de tuit que ni siquiera tuvo el reflejo de refregarle a Mauricio Macri que había conseguido lo que el líder del PRO había intentado desde que desembarcó en la Casa Rosada y para lo que puso a todo el Estado tras ese objetivo.
La Corte Suprema pudo no llevarse la marca consigo y estirar los plazos hasta la oficialización de la candidatura con lo que adquiriría fueros. De allí en más era una cuestión de la política avalar su competencia electoral, asumir o eventualmente ser destituida de la Legislatura provincial con dos tercios de los votos. Un fracaso electoral hubiese empujado un revés judicial descontado.
La Corte empuja al mito: definitivamente la condena, pero al mismo tiempo le permite escalar al recorrido histórico de Juan Perón; la preserva electoralmente de un magro resultado a la altura de la dispersión opositora; y reconfigura su imagen para construir su propia “Puerta de Hierro”, en la que su ausencia forzada la coloca en la centralidad dirigencial. El PJ no tiene otro camino que construir una opción presidencial competitiva, ganar las elecciones y promover un indulto a su líder.
Hay otro detalle que es imposible soslayar pese al calor de las pasiones de uno y otro lado: la Corte Suprema dejó firme la absolución por el delito de asociación ilícita en la causa Vialidad. La figura del concierto de tres o más personas para cometer delitos indeterminados fue el denominador común de las causas contra Cristina Kirchner, que la ubicaba a la cabeza. Le achacaron varias asociaciones ilícitas en simultáneo y el dato sirve para lo técnico. Sobre todo, en la construcción de expedientes que –más allá de lo que dijo la Corte ratificando las instancias anteriores- precisó una arquitectura que obligaba a probar una causa recurriendo a otras distintas para salvar los vacíos.
Por Gabriel Morini
