La memoria como herramienta contra el negacionismo
Más de 400.000 personas marcharon a Plaza de Mayo, no solo organismos de derechos humanos y organizaciones sociales, gremiales y políticas, también familias con sus hijos y adultos mayores, que entienden que en la calle está la manera de conservar la verdad y reclamar justicia.
Gastón tiene 10 años y llega a la Plaza de Mayo por la calle San Martín, va de la mano de su mamá, Sandra. Llegaron en colectivo desde el conurbano bonaerense. “Vengo para recordar lo que pasó. Sé que fue algo malo”, dice el nene mientras salta emocionado. En su escuela no hablaron de lo que sucedió durante la última dictadura cívico-militar, es una tarea que tomó su madre: “Por eso vinimos, porque como estamos en una época donde en el colegio no le cuentan las cosas, me interesa mucho que tenga memoria de lo que pasó para que no vuelva a ocurrir”. Este año, los organizadores estiman una participación de 400.000 personas que desbordan la plaza (sin contar las que se movilizaron en las provincias), muchas de ellas son familias completas con sus hijos e hijas. Hay chicos de todas las edades, inclusive bebés, que están en brazos, en cochecitos o sobre los hombros de sus madres y padres. “La memoria es nuestra herramienta”, dice el documento de cierre, y en esa frase condensa lo que se vive este 24 en la calle.
Más temprano, frente a la Casa Rosada, un grupo de estudiantes universitarios instalaron una caja gigante de medicamentos con el nombre “Memoria Plus”, sobre el envoltorio gigante se lee: “te hace acordar que fueron 30.000”. Es una instalación que hizo la Federación Universitaria de Buenos Aires (FUBA) y se trata de una medicación “ideal para el Gobierno Nacional”. Para la consejera superior de la UBA Lucille Levy, “los 30.000 son un símbolo de una lucha y una herida que le queda a toda la Argentina”, y agrega que “la empatía en las juventudes es importante en este tiempo para fortalecer el ejercicio de la memoria”. En la calle también está Sofía Kogan que llegó con sus compañeras y compañeros del colegio Lenguas Vivas. “Es re importante venir, este año más que nada, con el gobierno negacionista que tenemos y en este contexto de mucha violencia. Tenemos que estar acá recordando y fortaleciendo la memoria”, dice Sofía, que marcha desde muy pequeña con su familia.
Desde la Avenida de Mayo ingresa una extensísima bandera azul con los rostros de las y los desaparecidos, atraviesa calles enteras y en el camino se van sumando voluntarios espontáneos que estiran sus brazos para sostenerla. El conjunto de los que marchan aplauden a su paso. Cerca de ahí, apoyada sobre una columna de la plaza está Marta López, de 83 años, que se llevó una silla plegable para descansar. “Esto no es democracia, esto es dictadura total. Viví toda la tragedia que padecimos y estoy muy triste por todas las familias que todavía no pudieron recuperar los restos de sus desaparecidos y tampoco a los nietos”, agrega. Está con su hermana, su hijo y su sobrina. Mientras habla mueve las manos y el pañuelo verde del aborto legal en su muñeca derecha llama la atención. Terminó el secundario a los 66 y empezó a estudiar para ser analista de sistemas. “Esto no tiene que terminar nunca, siempre tenemos que tener memoria, verdad y justicia. Claro que me cansa un poco, pero con mucho gusto hago todo lo posible por estar. Este año es especial porque nos están sacando todo lo que hemos conseguido”, enfatiza.
Marta Noemí Mansilla, de 84 años, camina por Avenida de Mayo con un bastón en una mano y un sándwich en la otra. Llegó sola en el tren Belgrano desde San Fernando, camina despacio y frena para hablar: “Hoy vine de prepo porque no me aguanto estar en mi casa. Yo sé que soy una más, pero también sé que no venir es ser una menos. Entonces, yo prefiero ser una más. El cansancio me agarra cuando no hago nada. Estar acá es un orgullo, pero no porque sea grande sino por mi responsabilidad de militante del Partido Comunista y como ser humano. Me llena de orgullo ver que hay mucha juventud, gente mayor y niños”, agrega. Cerca de ella está Ernesto Rodríguez, de 72 años, que tomó dos colectivos desde Rafael Calzada. Tiene cartulinas verdes en el cuerpo con inscripciones sobre el amor a la patria. “Cuando el pueblo se manifiesta no está en peligro la democracia, sino que lo que la pone en riesgo son las actitudes y la forma de este Gobierno. Ellos ponen la democracia en peligro”.
La construcción de la memoria es social, puntos de una red que se van uniendo. Hoy en la Plaza también está Nietes, los jóvenes que siguen con la lucha de Abuelas, Madres, H.I.J.O.S y el resto de los organismos. “Hay que entender que no es algo que pasó y ya está, sino que tiene consecuencias en nuestro presente y que hay cosas que continúan”, dice Ana Ríos Brandana, militante de 26 años, que lleva en su espalda las fotos de sus abuelos José Ignacio Ríos y Juana María Armelin, ambos desaparecidos. “La dictadura se hizo con el objetivo de implementar un modelo económico particular, que es el neoliberal y que sigue hasta el día de hoy. Es importante poder verlo porque los mecanismos que tienen para perpetuar su poder es atacar al pueblo continuamente”, cuenta.
La memoria como herramienta y la calle para fortalecerla. Cientos de miles de argentinos y argentinas volvieron a marchar, algo que resulta imprescindible y esperanzador en tiempos en los que gobierna un minoritario, pero empoderado grupo de negacionistas.


