Ley Bases: protagonismo de Guillermo Francos y Victoria Villarruel; UP, cohesionado; UCR, inocua
El jefe de Gabinete y la vicepresidenta fueron clave para la victoria del Gobierno. El peronismo no mostró fugas en su rol opositor. El radicalismo deja en una isla a su presidente, que tampoco logró hacer daño. El PRO, sumiso con LLA.
Hoy, Francos seguirá el trabajo con los jefes de bloque de Diputados, para lo que será el retorno del proyecto a esa cámara, para avalar o rechazar los cambios que le hicieron los senadores al texto.
En ese marco, la foto de tapa se la llevó Villarruel, por su rol visible presidiendo la sesión y desempatando en varias oportunidades. Le tocó el último penal no solo en la votación en general, sino en otros puntos clave de la votación en particular, como el de facultades delegadas. “Cuando la llaman a jugar, juega. Y eso fue lo que hizo”, dijeron en el entorno.
Antes, la vice, en medio de las tensiones con el ala dura del Gobierno -con Karina Milei o el ministro de Economía Luis Caputo-, había emergido también como negociadora al rescate del dictamen. Fue en medio del caos, con fracasos de Posse en esa tarea, y cuando el proyecto parecía seguir el camino al limbo o al cajoneo. “Fue un trabajo en equipo con Gobierno. Con Guillermo cumplieron un rol y se logró lo mejor que se pudo”, agregaron.
El otro punto que tensionó la votación fue la intriga sobre la postura que tomarían los radicales díscolos. No obstante, terminaron siendo inocuos, pese a que podrían haber torcido la balanza. Primero, Martín Lousteau al garantizar el quórum para que la sesión se llevara a cabo. Luego, Maximiliano Abad, crítico del Gobierno, al garantizar su voto a favor en la general. Su voluntad en contra de las facultades delegadas no impidió luego que Milei las obtuviera. El fueguino Pablo Blanco, que tiene lazos con el gobernador Gustavo Melella, no salió del declaracionismo y le facilitó el trámite a La Libertad Avanza.
Independientemente del poroteo, la UCR deja expuestas sus heridas. Que el presidente del partido, Lousteau, sea una isla en el Senado es un síntoma de la situación interna.
Más allá de los provincialismos, que tiene su propio juego, con negociaciones sin intermediarios, la votación deja dos interrogantes: el primero, sobre la continuidad de la joven liga de gobernadores patagónicos, que se desangró entre las concesiones al Gobierno tras su debut combativo en el verano; el segundo, cómo hará el PRO de acá en más para diferenciarse del oficialismo, al que se plegó con docilidad.