POLITICA

De barcos y orígenes

¿Son auténticos todos los repudios hacia una expresión, sin dudas poco feliz, de parte del presidente argentino?

De barcos y orígenes

Gentileza de Claudio Angelini para La Grappa Contenidos

Las palabras pronunciadas ayer por el Presidente de la Nación en el acto celebrado con Pedro Sánchez, Presidente del gobierno de España, referidas al origen de la sociedad argentina, fueron objeto de críticas de diversos sectores del pensamiento nacional, toda vez que omitieron incluir en dicho origen nada menos que a los habitantes originarios de esta parte del continente, y consecuentemente su historia y su cultura, si bien no resultaron racistas ni peyorativas.

Indudablemente tampoco sería correcto desconocer que “los barcos”, esto es, la inmigración, también forma parte de nuestra identidad. Justamente, nuestro principal rasgo identitario que de alguna manera nos diferencia y constituye una fortaleza, es la “mixtura”, o sea la capacidad que hemos tenido de convivir pacíficamente y amalgamar razas, culturas y religiones diversas. Sin que ello signifique ocultar que continúan existiendo diferencias e injusticias de naturaleza étnica (y también de clase) que vienen desde lo profundo del tiempo y que explican muchas circunstancias complejas y cotidianas (por ejemplo, los casos de trabajo esclavo rural o el hecho de que las cárceles estén llenas de pobres, cuyas raíces en su mayoría están en esos pueblos originarios).

No es intención de esta columna defender al Presidente ni hacer exégesis de sus dichos, que pueden estar explicados por un inconsciente etnocentrista/europizante. Vale decir, en muchos casos, y pese al esfuerzo racional que desarrollamos para superar los prejuicios que sin duda tenemos incorporados, muchas veces éstos afloran en forma de verbo.

Lo que sorprende es el análisis y el tratamiento condenatorio de las palabras de Fernandez que ciertos sectores practicaron. Algunos de identificación radical a los que nunca se oyó hacer un acto de arrepentimiento por haber llamado “aluvión zoológico” a los simpatizantes que apoyaban a Perón allá por el 47; otros conservadores que dieron conformidad implícita (e incluso lo disfrutaron) a que las clases acomodadas bolivianas llamaran “indio de mierda” a Evo Morales o que apoyan entusiastamente cualquier acto represivo contra los descendientes de aquellos pueblos originarios. Y, finalmente, otros que también se opusieron sistemáticamente al movimiento peronista, en la convicción que se trataba de contrarrevolución, puro reformismo, pese a estar conformado por muchos explotados de ese origen racial que buscaban reivindicación, a los que llamaban despectivamente “cabecitas negras”, para nada equiparables al buen proletario europeo de ojos claros.

 

 

O sea, si las piedras fueran arrojadas por quienes están libres de pecado, es probable que las piedras resultaran pocas, sin perjuicio que viendo los titulares condenatorios de los dos diarios emblemáticos por su posición antinacional, puede uno darse cuenta que lo que critican en realidad son los efectos y/o la interpretación que puedan darles en Brasil y en México. Por un momento creí que había operado una especie de milagro y que se habían erigido en defensores de los Pueblo Originarios.

Solo como ejercicio, comparé los titulares de ambos diarios de hoy con los del 10 de julio de 2016, después que el entonces presidente le manifestara a su querido rey que los patriotas independentistas seguramente habrían sentido angustia de romper con el reino. ¿Resultado? La primera plana de hoy da cuenta de la “fuerte reacción” y de la “indignación” provocada en los nombrados países por los “polémicos” dichos de Fernandez.

En cambio, nada dijeron hace cinco años, cuando se puso en tela de juicio los sentimientos de los próceres que decidieron nuestro origen como nación.

Ergo, se entienden las críticas de algunos.

A otros no les creo nada…

 

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