Autodestrucción

El peronismo realizó a lo largo de su historia distintas experiencias autodestructivas. No necesito dar ejemplos para recordar que el peronismo defendió lo peor y jugó contra sí mismo. No obstante, y esa es su cualidad mayor en tanto movimiento nacional y popular, siempre encontró una salida, incluso virtuosa, como fue la experiencia kirchnerista.

No siempre el momento autodestructivo es negativo; en algunos casos surge después del desastre algo que no estaba en los cálculos.

Sin embargo, las condiciones de la política actual son radicalmente diferentes. Desde que la ultraderecha internacional está en la ecuación, todo debe ser pensado de nuevo. Pueden ir presos Lula y Cristina, pero no Bolsonaro hijo ni Netanyahu. Y tal vez se le dé un golpe a la izquierda española, después de la tragedia de los trenes de la que tardará tiempo en reponerse.

Los límites son distintos y los poderes del capital han aumentado exponencialmente gracias a los algoritmos. La famosa frase de la mitología peronista: “Los peronistas somos como los gatos, más nos peleamos, más nos reproducimos”, habría que tomarla con reservas en esta etapa histórica.

Actualmente, el peronismo parece estar capturado en una de sus internas más autodestructivas por la coyuntura histórica en la que tiene lugar. Incluso de un modo esperpéntico, algunos de sus dirigentes parecen no haber decidido si su enemigo es el fascismo o el progresismo.

Esta vez la escena autodestructiva no parece ser creativa; es la típica repetición del peronismo que no parece permitir dar lugar a lo nuevo, a lo diferente.

No se trata de nombres, sino de la legitimidad que la situación histórica exige crear.

PorJorge Alemán

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Pagina12

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