Racing-Independiente: un clásico que nunca está devaluado
Los grandes de Avellaneda jugarán este domingo con más de tres puntos en juego. Con los dos en crisis, el que gane podrá tomar algo de aire.
Aunque haya quienes digan que al clásico de Avellaneda de este domingo Racing e Independiente llegan devaluados, hay una cuestión, en ese partido, que supera los momentos de cada equipo. Hay que vivirlo, ser parte, para entenderlo. Igual que en cualquier otro encuentro de ese tipo: un Boca-River, San Lorenzo-Huracán, Newell’s-Central o Atlético-San Martín en Tucumán, por nombrar apenas ejemplos.
No existen los clásicos devaluados, así como tampoco existe un favorito. En los clásicos no hay momentos ni especulaciones. Lo que hay, en cambio, es una suerte de paréntesis atemporal. En esos 90 minutos los de afuera son de palo. La cancha llena por los hinchas locales puede ser un arma de doble filo. El apoyo, en este caso a Racing, puede ser un impulso para salir a ganar; o puede ser una presión para sus jugadores ante la obligación de quedarse con los tres puntos. En el equipo visitante puede pasar al revés: que a algunos de sus futbolistas les incida negativamente la presencia multitudinaria del contrario; o que otros se agranden justamente ante el clima tan adverso.
Pero más allá de la alegría y la incertidumbre que genera cualquier clásico, no son datos menores los presentes de Racing e Independiente. Dos de los equipos grandes de Argentina acumulan más frustraciones que alegrías. No sólo en lo futbolístico, sino también en lo institucional.
RACING, EL LOCAL
El crecimiento de Racing de las últimas décadas se vio opacado desde que se inició la gestión de Diego Milito, ídolo del club hoy cuestionado por su rol como presidente, cargo que asumió en diciembre de 2024 con el 60 por ciento de los votos. El manoseo hacia su ex entrenador e ídolo Gustavo Costas tuvo (tiene) un costo inesperado. El supuesto salto de calidad anunciado no fue tal: los resultados están a la vista. Con Costas había un proyecto sólido, avalado por un plantel que se sentía ganador. Esa mentalidad positiva quedó relegada cuando en mayo pasado fue despedido. La llegada del desconocido Juan Pablo Vojvoda no hizo más que acentuar la crisis y la decepción del hincha. En apenas tres meses, Vojvoda sólo ganó 4 partidos de los 13 que dirigió; perdió 7 y empató 2 veces.
De todos esos malos resultados, el peor fue, lejos, la eliminación en cuartos de final de la Copa Argentina ante Boca. Esa tarde, en Rosario, Racing ganaba 2 a 0 y terminó 3 a 2 abajo.
Hoy Racing está fuera de competencias internacionales, en las que se había acostumbrado a participar. En la Anual se ubica vigésimo segundo. En la Liga Profesional, apenas sumó 11 puntos en el Grupo B: tres triunfos, dos empates y siete derrotas. Ni siquiera está entre los ocho primeros para clasificar a los play offs. Debajo están Aldosivi y Estudiantes de Río Cuarto, los dos peores equipos de la temporada. Su última presentación fue ante Belgrano, en Avellaneda, y perdió 2 a 0 sin jugar bien.
Los ex jugadores del club Sebastián Chirola Romero y Luciano Aued son los técnicos interinos. El domingo, el Cilindro de Avellaneda será, seguramente, un hervidero. Si gana, habrá algo de aire para repensar el futuro. Si pierde, el agua salpicará para todos lados.
INDEPENDIENTE, EL VISITANTE
Independiente está tan obligado a ganar como su rival. Sólo que, sin público a favor, la presión quedará para el local. El equipo dirigido por el uruguayo Jadson Viera no entusiasma. Ni siquiera es animador del torneo; en ese sentido, sigue con la misma regularidad de hace décadas. La apatía en el club es total, ya pensando en las elecciones presidenciales del 13 de diciembre.
El Rojo gana más de visitante que de local. Se ve que en el plantel la presión del hincha propio tiene incidencia. En su última presentación en el Libertadores de América cayó 4 a 1 ante Instituto. Pero antes, en agosto, también había sido goleado en casa 3 a 0 por Gimnasia de Mendoza. En el medio de eso, ocurrió la debacle rosarina de la Copa Argentina, cuando fue eliminado por 4 a 0 ante Atlético Tucumán, resultado que puso en evidencia la pésima relación entre el cuerpo técnico del despedido Gustavo Quinteros, los jugadores y la dirigencia.
El clima de Independiente está tan caldeado como el de Racing. En cada partido, los dirigentes son insultados por los hinchas. Los insultos apuntan más al secretario general del club, Daniel Seoane, que a su presidente, Néstor Grindetti. La gestión es pésima desde todo punto de vista. La deuda del club ronda los 34 millones de dólares. Ni siquiera hay un plantel competitivo, hecho que se aceleró con la venta de algunas de sus figuras, como Kevin Lomónaco, Gabriel Ávalos y Maximiliano Gutiérrez. Por ahora, sigue Santiago Montiel, el mejor de todos. La apuesta actual son los juveniles, entre los que se destaca el marcador central de 17 años Juan Arrayago.
Otro punto cuestionado es la incidencia de los representantes de jugadores. Entre ellos, Christian Bragarnik (representa a Iván Marcone y Rodrigo Rey) y Uriel Pérez (Felipe Loyola, Kevin Lomónaco y Viera, el DT). Ambos se mueven a sus anchas por el club y negocian los pases directamente con Seoane.
Salvo la de Maximiliano Meza (volvió desde River), las incorporaciones de último momento fueron de un nivel bajo. Algunas de ellas, las del arquero Santiago Mele, Imanol Machuca, Ezequiel Chimy Ávila (su estado físico no está a la altura de un club serio) y Franco Calderón.
Con cuatro derrotas, tres empates y cinco victorias, por ahora está en zona de clasificación en el Grupo A de la Liga. Al igual que Racing, no tiene competencias internacionales y está décimotercero en la Anual.
El 4 de abril pasado, en el Libertadores de América, Independiente se impuso 1 a 0 (Ávalos) en un partido raro: hinchas de uno y otro recordarán que la historia de esos 90 minutos pudo ser otra si Sergio Maravilla Martínez convertía su penal cuando estaba por terminar el primer tiempo. La picó e, increíblemente, la pelota se fue por sobre el travesaño. Desde ahí, Racing se cayó e Independiente se encaminó a la victoria.
Este domingo de Día de la Madre a las 14.45 Racing esperará por su revancha y el Rojo irá para agrandar la brecha de clásicos ganados, con 23 a su favor. Serán 90 minutos en los que Avellaneda quedará paralizada.
