El derrumbe del consumo popular golpea con fuerza a los comercios de barrio
Se registran caídas de las ventas de hasta el 80% comparadas con las de 2023 en rubros como panaderías. Advierten que hay una nueva ola de aumentos de precios de productos esenciales.
La contracción del consumo es general, pero se profundiza en las familias de los barrios populares. Allí, los comercios registran caídas de las ventas de entre el 60 y el 80% en rubros elementales para la subsistencia de las personas.
El dato corresponde al mercado de los panificados, donde aparecen las cifras más contundentes de destrucción de la demanda a nivel nacional, pero no es el único.
Esta semana el presidente del Centro de Panaderos de Merlo y referente de la Cámara de Industriales Panaderos de la Provincia de Buenos Aires (CIPAN), Martín Pinto, consignó números críticos del sector. La venta de pan cayó el 60% y el despacho de facturas y pastelería se contrajo un 80% desde diciembre de 2023.
Además, sólo en lo que va de 2026 la venta de pan cayó 40%, un derrumbe que ilustra la gravedad de la crisis económica.
Con los pies en un barrio del oeste bonaerense de clases medias muy venidas a menos y de trabajadores precarizados, Pinto refiere la falta de plata en la calle y la transformación del mercado como consecuencia de la crisis económica: “Hoy la gente te compra lo que puede no lo que quiere. Todo aumentó entre un 800 y un 1200% y la poca gente que tiene trabajo, en las paritarias arregla aumentos del 2% o el 2,5 por ciento. Mientras tanto, todos los meses las cosas aumentan a un 8 por ciento. Así, inevitablemente, nunca vas a llegar; siempre vas a ir corriendo detrás de la zanahoria”.
El cuadro se completa con el aumento de los costos que incluyen desde las materias primas y el mantenimiento de maquinaria, hasta la energía y los impuestos.
Como resultado, cerraron unas 3000 panaderías en todo el país (alrededor de 670 en Buenos Aires) y cayeron 17 mil puestos de trabajo.
Desde diciembre de 2023 hasta julio de 2026 el precio del pan aumentó en algunas zonas del país aproximadamente un 400 por ciento. En el mismo período, el salario mínimo creció 141 por ciento.
Burbuja y dudas
Según el presidente de la Federación de Almaceneros bonaerense, Fernando Savore, en los comercios del rubro y de la zona hubo una suerte de tregua durante el Mundial de fútbol que mantuvo la actividad en niveles evaluados como positivos.
Pero el cuatrimestre que resta para fin de año, que el referente definió como un “después de Disney”, es una gran incógnita para el sector, fundamentalmente por los aumentos de los precios mayoristas.
En el primer semestre los precios al por mayor del rubro Alimentos y bebidas medido por el Indec aumentaron 11,2% y la energía eléctrica se disparó 36,7% en el mismo tramo.
Los aumentos de base han continuado y en lo que va de agosto las fábricas de productos de consumo masivo enviaron listas de precios con “abusos tremendos”, según Savore: “Arcor aumentó 10% generalizado y La Virginia, entre 5% y 10%. Los aumentos de aceites son descabellados y el azúcar también subió. Cuando empieza a aumentar uno, se enciende la mecha y no para. Ahora hay que ver cómo repercute esto en el sueldo del laburante”.
Los almaceneros de Córdoba tienen una percepción todavía más complicada. El IETSE, del Centro de Almaceneros local, registró una caída del volumen de ventas del 8,3% en julio comparadas con el mismo mes de 2025.
El análisis del IETSE dice que el “efecto Mundial” incidió en los hábitos de consumo, pero fue insuficiente para cambiar la tendencia.
De hecho, el ambiente es muy pesimista: el 4,7% de los almaceneros cordobeses cree que, si la curva de las ventas no levanta, su negocio será insostenible en tres meses; un 7,8% cree que puede resistir entre tres y seis meses; un 19,1%, entre seis meses y un año; y un 68,4% considera que podría seguir un año más.
Feedback cero
Aunque pasaron dos años y medio desde la llegada de Javier Milei al poder, a los comerciantes los sigue desconcertando la actitud reacia e inflexible del gobierno que ratifica su mandato de no intervenir, incluso en un escenario de catástrofe como el actual.
Según Martín Pinto, la Secretaría de Comercio citó una sola vez a los panaderos en marzo de 2024 “para informar que nunca iban a pisar precios ni a dar subsidios porque la decisión era dejar que el mercado ordene todo en libre competencia, aunque muchos queden en el camino”.
Desde esa única reunión la situación del sector se vino a pique, especialmente en el primer semestre de este año, a la par de la imagen presidencial, de la percepción popular del gobierno y de la consideración de la política económica en curso.
Los comerciantes aseguran que pidieron reuniones para tratar el problema, sin embargo el feedback de las autoridades fue completamente nulo.
Desamparo y política de Estado
La decisión del gobierno nacional para encarar la recta que desembocará en las elecciones presidenciales de 2027 parece ser el abandono de todo lo que se rompió y de todos los que cayeron en estos dos años y medio como consecuencia de su política económica.
La indiferencia que demuestran las autoridades frente a la caída puntual de un sector económico sintoniza con la distancia que impusieron esta semana el presidente Javier Milei y varios de sus funcionarios en relación con la situación de millones de argentinos asfixiados por el endeudamiento con el sistema financiero tradicional, las billeteras virtuales y las redes de prestamistas informales que hacen estragos en la población más necesitada.
No responde a ninguna lógica si se considera que la renovación del proyecto libertario dependerá de los votos de los propios caídos y abandonados, pero Milei insiste con el rumbo, aparentemente resuelto a morir con las botas puestas o convencido de que la fe en la destrucción como paso necesario sigue gozando de respaldo popular.
Beneficiarios del programa oficial empiezan a alertar, a través de analistas afines o voceros informales, que los vientos pueden haber empezado a cambiar. En ese caso, el feedback por ahora también parece ser negativo.