Lejos de los procesos cortos, Racing creció desde la paciencia y gritó campeón
Tras vencer 2-0 a San Luis FC en la última fecha conquistó el Apertura, el primer título de su historia y la consecuencia de una apuesta que comenzó en 2017, con la vuelta a los torneos oficiales. De las 29 campeonas, 14 se formaron en las inferiores.
La foto está en blanco y negro. El diario está amarillento, manchado posiblemente con café, y la calidad de la imagen apenas permite distinguir las sonrisas y los festejos de las jugadoras. El título, «Académico: campeonas», anticipa el cuerpo de la nota publicada en Crónica en 1989.
Dos años antes de que la AFA organizara el primer campeonato oficial de fútbol femenino, Racing levantó la Copa Fundación Natalio Salvatori, organizada por la Asociación del Fútbol Femenino, entidad que administraba las competencias femeninas en el país antes de que la disciplina pasara a manos de la AFA. La Academia ganó por penales aquella final de un cuadrangular disputado en la cancha de All Boys. Fue contra Tigre, frente a un público que, según las noticias, “se comió las cutículas y vio erizar sus cabellos en cada jugada hasta el final”.
Casi cuatro décadas después, aquella imagen encontró su continuidad en el fútbol semiprofesional. Con la victoria 2 a 0 frente a San Luis FC, a fines de julio, Racing salió campeón del Torneo Apertura 2026 y consiguió su primer torneo oficial. El dato es importante, aunque explica apenas una parte del logro porque la Academia confirmó que, en un fútbol femenino argentino cada vez más acostumbrado a los proyectos cortos y apresurados, todavía es posible crecer desde abajo, desde la apuesta, desde la paciencia y desde una política deportiva.
Después de varias idas y vueltas, Racing volvió a los torneos oficiales en 2017, tras 13 años de ausencia. El club decidió apostar nuevamente por el fútbol femenino, luego del gerenciamiento y durante el segundo mandato de Víctor Blanco. En 2018 consiguió el ascenso y en 2022 terminó tercero, y rompió de este modo una hegemonía que durante años parecía reservada para Boca, River, UAI Urquiza y San Lorenzo.

El siguiente paso del proyecto fueron los subcampeonatos del 2024 y el 2025. Durante este tiempo, mientras otros clubes buscaron acelerar los tiempos con inversiones fuertes y planteles armados para salir campeones inmediatamente -como ocurrió con Newell’s, que juntó figuras de selección, consiguió un título y hoy pelea por no descender-, Racing apostó por crecer de manera progresiva, paso a paso.
La llegada de Héctor «Popi» Bracamonte en enero de 2024 no implicó una revolución en el banco del equipo, sino una evolución del proyecto. Agarró la conducción con experiencia en el fútbol masculino y en divisiones formativas, pero, sobre todo, sin la intención de imponer lógicas ajenas al fútbol femenino. Encontró un grupo consolidado y decidió potenciarlo, sobre todo en dos aspectos claves: la preparación física y la alimentación.
Ese trabajo permitió que el rendimiento del plantel creciera durante las dos temporadas y media que lleva al frente del equipo. Muchas de las futbolistas que fueron titulares en su debut en 2024 también estuvieron en el triunfo frente a San Luis. No hubo una renovación masiva del plantel, sino todo lo contrario. Hubo continuidad y, sobre todo, profesionalización.
El resultado fue un equipo que terminó el campeonato con 38 puntos en 15 partidos, tras 12 triunfos, dos empates y apenas una derrota. Un equipo ofensivo, protagonista y convencido de su idea. A nombres propios como Rocío Bueno, Marleidy Cossio, Agostina Holzheier, Sindy Ramírez, Adriana Sachs y Alicia Bobadilla, se le sumaron las juveniles.
Catorce de las 29 jugadoras que forman parte del plantel de Primera División surgieron de las inferiores de Racing. Las más destacadas: Serena Rodríguez, Dolores Maregatti, Florencia Núñez y Katalina Chaparro. Una muestra de que Racing también decidió construir también hacia abajo.

«Cuando vos estás cerca, siempre la suerte se tuerce para tu lado. Pero tenés que estar siempre cerca. Y en algún momento te va a tocar», dijo Bracamonte, ya con la copa bajo el brazo. Y no se olvidó de mirar hacia atrás: «No quiero dejar de agradecerles a la directiva, a los entrenadores que pasaron, a las jugadoras que estuvieron en todo el proceso. En definitiva, esto es un logro en conjunto después de muchos años». Algo parecido declaró Bueno, tras el campeonato: “Hace años que veníamos en busca de este título”.
Entonces, aquella foto de 1989 ya no es solamente una curiosidad de archivo. Permite registrar lo que Bracamonte y Bueno dan cuenta en sus palabras: años y tiempo. Entre una imagen y otra pasaron generaciones de jugadoras, años de ausencia, el regreso a los torneos oficiales, ascensos, finales perdidas y una decisión institucional poco habitual en el fútbol argentino: un proyecto que sobrevivió a los cambios de conducción del club, a pesar de que en el masculino no ocurrió lo mismo.
La foto está en blanco y negro. El diario está amarillento, manchado posiblemente con café, y la calidad de la imagen apenas permite distinguir las sonrisas y los festejos de las jugadoras. El título, «Académico: campeonas», anticipa el cuerpo de la nota publicada en Crónica en 1989.
Dos años antes de que la AFA organizara el primer campeonato oficial de fútbol femenino, Racing levantó la Copa Fundación Natalio Salvatori, organizada por la Asociación del Fútbol Femenino, entidad que administraba las competencias femeninas en el país antes de que la disciplina pasara a manos de la AFA. La Academia ganó por penales aquella final de un cuadrangular disputado en la cancha de All Boys. Fue contra Tigre, frente a un público que, según las noticias, “se comió las cutículas y vio erizar sus cabellos en cada jugada hasta el final”.
Casi cuatro décadas después, aquella imagen encontró su continuidad en el fútbol semiprofesional. Con la victoria 2 a 0 frente a San Luis FC, a fines de julio, Racing salió campeón del Torneo Apertura 2026 y consiguió su primer torneo oficial. El dato es importante, aunque explica apenas una parte del logro porque la Academia confirmó que, en un fútbol femenino argentino cada vez más acostumbrado a los proyectos cortos y apresurados, todavía es posible crecer desde abajo, desde la apuesta, desde la paciencia y desde una política deportiva.
Después de varias idas y vueltas, Racing volvió a los torneos oficiales en 2017, tras 13 años de ausencia. El club decidió apostar nuevamente por el fútbol femenino, luego del gerenciamiento y durante el segundo mandato de Víctor Blanco. En 2018 consiguió el ascenso y en 2022 terminó tercero, y rompió de este modo una hegemonía que durante años parecía reservada para Boca, River, UAI Urquiza y San Lorenzo.

El siguiente paso del proyecto fueron los subcampeonatos del 2024 y el 2025. Durante este tiempo, mientras otros clubes buscaron acelerar los tiempos con inversiones fuertes y planteles armados para salir campeones inmediatamente -como ocurrió con Newell’s, que juntó figuras de selección, consiguió un título y hoy pelea por no descender-, Racing apostó por crecer de manera progresiva, paso a paso.
La llegada de Héctor «Popi» Bracamonte en enero de 2024 no implicó una revolución en el banco del equipo, sino una evolución del proyecto. Agarró la conducción con experiencia en el fútbol masculino y en divisiones formativas, pero, sobre todo, sin la intención de imponer lógicas ajenas al fútbol femenino. Encontró un grupo consolidado y decidió potenciarlo, sobre todo en dos aspectos claves: la preparación física y la alimentación.
Ese trabajo permitió que el rendimiento del plantel creciera durante las dos temporadas y media que lleva al frente del equipo. Muchas de las futbolistas que fueron titulares en su debut en 2024 también estuvieron en el triunfo frente a San Luis. No hubo una renovación masiva del plantel, sino todo lo contrario. Hubo continuidad y, sobre todo, profesionalización.
El resultado fue un equipo que terminó el campeonato con 38 puntos en 15 partidos, tras 12 triunfos, dos empates y apenas una derrota. Un equipo ofensivo, protagonista y convencido de su idea. A nombres propios como Rocío Bueno, Marleidy Cossio, Agostina Holzheier, Sindy Ramírez, Adriana Sachs y Alicia Bobadilla, se le sumaron las juveniles.
Catorce de las 29 jugadoras que forman parte del plantel de Primera División surgieron de las inferiores de Racing. Las más destacadas: Serena Rodríguez, Dolores Maregatti, Florencia Núñez y Katalina Chaparro. Una muestra de que Racing también decidió construir también hacia abajo.

«Cuando vos estás cerca, siempre la suerte se tuerce para tu lado. Pero tenés que estar siempre cerca. Y en algún momento te va a tocar», dijo Bracamonte, ya con la copa bajo el brazo. Y no se olvidó de mirar hacia atrás: «No quiero dejar de agradecerles a la directiva, a los entrenadores que pasaron, a las jugadoras que estuvieron en todo el proceso. En definitiva, esto es un logro en conjunto después de muchos años». Algo parecido declaró Bueno, tras el campeonato: “Hace años que veníamos en busca de este título”.
Entonces, aquella foto de 1989 ya no es solamente una curiosidad de archivo. Permite registrar lo que Bracamonte y Bueno dan cuenta en sus palabras: años y tiempo. Entre una imagen y otra pasaron generaciones de jugadoras, años de ausencia, el regreso a los torneos oficiales, ascensos, finales perdidas y una decisión institucional poco habitual en el fútbol argentino: un proyecto que sobrevivió a los cambios de conducción del club, a pesar de que en el masculino no ocurrió lo mismo.
Por: Delfina Corti
