El gobierno frena el debate sobre una corrección del tipo de cambio
Quiere evitar cualquier riesgo de más inflación. El Tesoro salió a vender para defender el precio de $ 1500. Economistas advierten sobre los efectos negativos para la actividad interna.
Como en un círculo en el que después de dar varios pasos se regresa al mismo lugar, una discusión reiterada volvió a sobrevolar el ámbito económico: la sostenibilidad del actual tipo de cambio y si es conveniente que se modifique la paridad vigente.
La polémica se reinstaló luego de que el vocero presidencial, Adrián Ravier, tratara de quitarle importancia al tema y admitiera en un streaming oficialista «que el tipo de cambio llegue a $ 1800 dentro de unos meses es una posibilidad«. Ravier fue desautorizado en los hechos por el propio gobierno, que a través del Tesoro salió a vender 145 millones de dólares para que la paridad se mantuviera en los $ 1500. La intervención oficial podría repetirse, porque el presidente del Banco Central, Santiago Bausili, dijo el último martes que el Tesoro es “un jugador más” del mercado.
El temor del gobierno es que una suba del tipo de cambio se traslade con rapidez a los demás precios de la economía y le ponga freno a un proceso de reducción de la inflación que de por sí acumula bastantes problemas. Alcanza con ver la suba del índice de precios en la Ciudad de Buenos Aires, que fue de 2,9% en julio. A nivel nacional, por una cuestión metodológica (el Indec mide una canasta de bienes y servicios bastante anticuada), se supone que el IPC daría bastante menos.
Aun así, las consultoras que participaron del reciente Relevamiento de Expectativas de Mercado que elabora el Banco Central pronosticaron que la inflación minorista seguirá en el rango de 1,6 a 1,9% hasta diciembre. El estudio prevé que la inflación anual llegue a 29,8%, casi el triple que el 10% que el gobierno promocionaba a comienzos de año.
Demanda en alza
Un dato oficial, que surge del balance cambiario del Banco Central, robustece la hipótesis de que el dólar está barato. Las «personas humanas», tal como las define el BCRA, se llevaron U$S 2443 millones en junio, entre compras netas de divisas y giros al exterior sin fines específicos. El total demandado en el primer semestre fue de U$S 14.774 millones.
A su vez, la flexibilización del cepo permitió que las empresas pudieran remitir dividendos al exterior por los ejercicios 2025 y posteriores. Por esa canaleta se fueron U$S 1015 millones en junio y U$S 2600 millones en el acumulado de la primera mitad del año.
Roberto Frenkel, uno de los economistas más respetados del ámbito local, hizo hincapié en los efectos perniciosos de ese tipo de cambio sobre la economía real. “Para corregir este programa hay que pasar el mal trago de subir el tipo de cambio y acelerar la inflación. Y eso es necesario. Yo sé que con esto sueno muy antipopular. Pero necesitás un tipo de cambio más alto para darle alguna viabilidad a la actividad que no sea primaria exportadora”, afirmó en un reportaje.
A Frenkel, que participó de la elaboración del Plan Austral (uno de los pocos que logró relativa estabilidad) en 1985, se le sumaron analistas insospechados de simpatizar con el kirchnerismo que propician una corrección. Por caso, Miguel Angel Broda dijo que «seguramente la economía estaría mejor con un dólar un poco más caro, pero la obsesión por bajar la inflación claramente no lo permite”.
Por su parte, Lucas Llach (muy cercano a Federico Sturzenegger, uno de los talibanes del actual Gabinete) sugirió curarse en salud para evitar que la situación explote en 2027: “No hay mayor combustible para una depreciación preelectoral que un atraso cambiario previo”, sostuvo en un reportaje. Llach coqueteó con un dólar a $ 1800 y minimizó sus efectos inflacionarios: “Ese dólar no es un drama para la inflación ni mucho menos. Yo pagaría cuatro puntitos repartidos en seis meses de inflación contra tener un tipo de cambio real que en el año electoral te empiece a mover sectores”.
Sin lugar para debatir
A pesar de esas opiniones, en el gobierno se niegan a abrir el debate. Sostienen que la estabilización de los precios es prioridad y que la falta de actividad en el mercado interno, la caída del consumo y los demás desórdenes macroeconómicos son cuestiones secundarias que se irán arreglando con el tiempo.
«Se escuchan afirmaciones de que un poco de inflación no es grave. Realmente no tiene más sentido: es gravísimo. La inflación tiene inercia, no es algo que uno controla», dijo en la última semana Vladimir Werning, vicepresidente del Banco Central.
Por las dudas, el ministro Luis Caputo insistió en que no hay chances de que el gobierno impulse una devaluación. En una presentación en la Cámara de Agentes de Bolsa, dijo que «la competitividad depende de la baja de impuestos, de la eliminación de regulaciones y de la baja del costo financiero. Si dependiera de una devaluación, seríamos la economía más competitiva de la galaxia».
Caputo y los «tarados»
La Unión Industrial Argentina reaccionó tibiamente ante las declaraciones de Luis Caputo. En una disertación en la Cámara de Agentes de Bolsa, el ministro de Economía había minimizado los efectos del programa sobre el sector manufacturero y recordó «para todos los tarados que hablan de la industria» que pese a las políticas de fomento de los anteriores gobiernos, su producción había caído 10% entre 2011 y 2023. «Todos los boludos como nosotros pagábamos las cosas diez veces lo que valían», se quejó Caputo.
«No son declaraciones felices que ayuden al diálogo», contestó el titular de la UIA, Martín Rappallini. «Argentina necesita una industria competitiva, integrada al mundo y capaz de exportar», agregó. Con el escándalo en todos los portales, Caputo suavizó sus críticas: dijo que no se la agarró con los empresarios sino con los que apoyan la producción nacional. “Jamás dije tarados a los industriales, sino a los que defienden el modelo anterior que lo único que hizo crecer fue el déficit, y con ello, la inflación y la pobreza”, tuiteó.
Por: Marcelo Di Bari