La economía no va a levantar, hay que echar a Adorni

El Círculo Rojo admite que en 2027 no habrá milagro y que el Jefe de Gabinete hace todo peor

El caso del presunto enriquecimiento ilícito del jefe de Gabinete, Manuel Adorni, entró en un terreno delicado. Viendo la penetración social irreversible del escándalo, emisarios de los principales empresarios de la Argentina hablaron con funcionarios para preguntar por qué el presidente Javier Milei lo sostiene, y advirtieron que el daño que el caso genera se monta en una situación económica compleja, que no tendrá grandes cambios positivos de acá al 2027, según la propia visión de los ceos de la economía real.

Referentes del Grupo de los Seis, la cámara de empresas estadounidenses AMCHAM, la Unión Industrial Argentina (UIA) y la Mesa de Enlace del agro se manifestaron, en privado, a favor del despido “urgente” de Adorni, no por cuestiones éticas, sino por algo más práctico: si se cae el proyecto político libertario, se cae el proyecto de crecimiento, destrucción del Estado y consolidación de poder del Círculo Rojo. Su posición como actor político, además, es de peso, porque son las corporaciones el sujeto de representación de Milei, su socio central en el programa económico. Eso que hoy ya no distingue al Presidente libertario de su aliado y presidente del PRO, Mauricio Macri.

En esta historia, el Palacio de Hacienda es una especie de búnker de la resistencia anti Adorni y se transformó en un teatro de operaciones del ministro para poner a un soldado propio en lugar del malogrado hombre que pasó, tan sólo en dos años de funcionario público, de la humilde parrilla sobre ladrillos en una casa clase media baja a una cascada en la pileta de una mansión en el country Indio Cuá.

“Es la primera vez que la opinión pública coincide con lo que decimos nosotros”, se sinceró ante este diario un empresario grande que participó esta semana del mitín social de la Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresas (ACDE). Allí se hicieron ver Mariano Bosch, del gigante Adecco Agro; Gustavo Manrique, el ceo del Supervielle; y Víctor Valle, director de Google, que defendió a ultranza el rumbo económico. “Hay un cambio estructural, no hay magia, hay que sostener el superávit”, dijo y reforzó con citas bíblicas. Algo parecido comentó un alto ejecutivo del Grupo de los Seis en el evento anual de la Cámara de la Construcción (CAMARCO). Pero le agregó pimienta esencial. “Imaginate a la oposición en la campaña: Libra, créditos del Nación, ANDIS y ahora Adorni. Un festín”, expresó en los pasillos del evento, apesadumbrado por la erosión de los hechos de corrupción en un gobierno que se vendió como anti casta y anti privilegios y terminó, a mitad de la gestión, abrazado a micro-cartereos demasiado habituales.

No es moral, es conservación de privilegios

Tras pasar unas horas en Casa Rosada, un dirigente de la Unión Industrial (UIA) comprendió que hay un operativo “echar sin echar a Adorni”. Le confesó un ministro que Karina Milei lo puso “a un costadito”, y que es “como un ministro que ya no es ministro y va a seguir así, en esa condición”. Le contaron a este ceo que los hermanos Milei se fueron enterando por capítulos de las existencias de gastos y dinero de Adorni, y que le pidieron que limpie y aclare todo. Eso detonó el escenario porque la descripción interna, posterior a la declaración jurada, es que lo que presentó Adorni no sólo no aclaró el panorama, sino que la entrevista que dio en un canal de cable armó un revuelo aún peor.

Es importante dar cuenta de una situación. La reacción empresaria para correr a Adorni del cargo no tiene que ver con cuestiones morales. La burguesía que aún acompaña a Milei, sobre todo en la cúpula del poder económico, no sólo soportó los escándalos previos sin levantar la voz, sino que tampoco critica hoy en público la situación de Adorni. ¿Por qué, entonces, se mueven de este modo?

Es el instinto de supervivencia para garantizar los avances en políticas en su favor, sobre todo reformas de fondo y bajas de impuestos que, en el medio de este ajuste y crisis, no ocurrirían con ninguno gobierno de otro signo político. El modelo pro concentración empresaria ya está dando sus frutos, en detrimento del 80 por ciento de una sociedad que padece una crisis de ingresos terminal.

El hombre de “Toto”

Caputo coincide con el poder económico. Hay que echar a Adorni. En lo que no coinciden es en el diagnóstico de la micro-economía. Los ceos entienden que la situación no mejorará de cara al 2027. Que seguirán activas sólo las actividades extractivas: “no va a ocurrir el milagro que cita el ministro”, argumentan los que trabajan en el 70 por ciento del PBI que está inmóvil. “Toto”, a su modo, admite que el escenario es complejo, pero corre con una ventaja. La misma que parece exhibir Patricia Bullrich. Se mueve, da opciones.

Casi que se apropia del plan para intentar sacar al barco del destino inexorable de la colisión con el iceberg de las urnas. Hace unas horas, antes de pegar el faltazo a la reunión de la mesa política con una excusa cuasi infantil, se reunió a charlar con Karina Milei y le llevó números. Riesgo País a la baja, IPC alto pero estable y potencial acceso a los mercados. “Adorni pone en riesgo el plan económico”, le espetó. “Toto” es selectivo, su modelo no es el de las mayorías, pero quiere que al menos las minorías zafen de quedarse sin nada.

Y fue más allá. Este diario adelantó como primicia, cuando nadie lo mencionaba, que Caputo quería tomar por asalto la jefatura de Gabinete de ministros. Ha vuelto a las andadas e insiste con que el canciller Pablo Quirno asuma el lugar de Adorni. Y que a la cancillería vaya Juan Pazo, el ex titular de ARCA. Quirno Magrane, según Caputo, tiene además la ventaja de haber aprendido los mohines de la batalla cultural que tanto le importa a Milei. Se lleva bien con las Fuerzas de Cielo, los ideólogos discursivos del Presidente.

Caputo se vende como el que, para el prisma oficial, le dio al gobierno resultados y como el único ministro del cual Milei no puede desprenderse, al menos hoy. Es quien lleva la relación con el FMI, el que valida el ajuste y el que hace equilibrio con los ceos de la economía real que le lloran crisis.

En ese escenario, Caputo pide. Pide mucho y sabe que compite con otros nombres en danza, como el de la ministra Sandra Pettovello, Martín Menem y un outsider que oficia de adulador constante. Por ahora no le dan. Caputo adelantó que en 2027 la economía se iba a llevar puesta a la política. No hay certezas del éxito de esa teoría.

Por Leandro Renou

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Pagina12

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