Casi un millón y medio para no ser pobre

La canasta básica total para una familia de cuatro integrantes superó en marzo los 1.434.464 pesos en el Gran Buenos Aires, mientras que la canasta alimentaria se ubicó en 658.010 pesos.

La canasta básica total para una familia tipo superó en marzo los 1.434.464 pesos en el Gran Buenos Aires, mientras que la canasta alimentaria se ubicó en 658.010 pesos, en un contexto de inflación desbocada que viene subiendo hace 10 meses seguidos y que en marzo superó por primera vez el 3 por ciento mensual, alcanzando el 3,4, lo que consolida un piso elevado para los precios y agrava el deterioro social.

Durante marzo, la canasta básica total (CBT), que marca la línea de pobreza, registró un incremento de 2,6 mensual, mientras que la canasta básica alimentaria (CBA), que define la indigencia, subió 2,2. Sin embargo, el dato más preocupante aparece al observar el acumulado del año: la CBT ya avanzó 9,6 y la CBA 11,6 en el primer trimestre, por encima del 9,4 que acumula la inflación general en el mismo período.

En términos concretos, la línea de pobreza para un adulto equivalente se ubicó en 464.228 pesos, mientras que la de indigencia alcanzó los 212.949 pesos. Pero al trasladar estos valores a hogares reales, la magnitud del problema se vuelve más evidente: una familia de cuatro integrantes necesitó más de 1,43 millones de pesos para no caer en la pobreza, y un hogar de cinco miembros superó los 1,51 millones.

El comportamiento de la canasta alimentaria es especialmente sensible porque define el umbral mínimo de subsistencia. Su aumento del 11,6 en lo que va del año refleja que los alimentos, el componente más básico del consumo, continúan liderando las subas. Esto golpea de manera directa a los sectores más vulnerables, que destinan una mayor proporción de sus ingresos a este tipo de gastos.

La dinámica de los últimos meses muestra una aceleración preocupante. Las subas se sostienen en el tiempo y consolidan un nivel de precios cada vez más alto, lo que dificulta cualquier recomposición del poder adquisitivo.

A su vez, la evolución interanual de las canastas, en torno al 30, confirma que el problema no es coyuntural sino estructural. La persistencia de aumentos elevados durante un período prolongado impide que los ingresos logren recuperar terreno, especialmente en los segmentos informales o de menores recursos. Será por esta situación que el propio Javier Milei reconoció en los últimos días “sabemos que estos últimos meses fueron duros”.

En este escenario, la inflación desbocada no solo erosiona el poder de compra en términos generales, sino que lo hace de manera desigual. Mientras los precios básicos crecen por encima del promedio, los hogares más pobres quedan expuestos a un deterioro más rápido de sus condiciones de vida.

El resultado es un ensanchamiento de la brecha social. Cada aumento en la canasta alimentaria implica que más personas quedan por debajo de la línea de indigencia, mientras que el encarecimiento de la canasta total empuja a otros sectores hacia la pobreza. La economía, lejos de estabilizarse, profundiza así sus tensiones distributivas.

Con una inflación que no logra perforar el piso del 3 mensual y con canastas básicas que crecen por encima del promedio, el panorama social se vuelve cada vez más complejo. La dinámica de precios no solo no se corrige, sino que se vuelve más regresiva, impactando con mayor intensidad sobre quienes menos tienen.

Fuente
Pagina12

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