Razones detrás del “veranito”

El Gobierno dice que todo marcha de acuerdo al plan, pero por detrás del relato siguen las inconsistencias.

El Gobierno termina un enero idílico en el plano financiero. El dólar se alejó del techo de la banda, el Banco Central realizó compras de divisas en el mercado de cambios por más de 1000 millones de dólares, las acciones subieron hasta 4 por ciento en promedio y el riesgo país perforó los 500 puntos.

A mediados del año pasado, o incluso previo a las elecciones de medio término en octubre, estos números eran impensados. El gobierno hace gala de estas cifras y asegura que su plan marcha a la perfección, gracias al rol del superávit fiscal como eje para ordenar las expectativas.

Este relato fiscalista, no obstante, se vuelve inconsistente cuando se recuerdan los episodios cambiarios de los últimos meses. Uno de los más concretos fue la fuerte volatilidad y expectativa de devaluación de septiembre pasado, que sólo se contuvo con el anuncio de rescate extraordinario del Tesoro norteamericano y las declaraciones de último momento de Donal Trump.

El problema central no parece ser necesariamente apostar por estos sectores primarios como foco para crecer, sino abandonar la idea de generar encadenamientos productivos y de ampliar capacidades de la industria local. La Argentina sin industria deja de ser la Argentina.

Si todos los insumos que demandan los pozos de Vaca Muerta son traídos del exterior y no crecen las pequeñas y medianas empresas proveedores de las partes y piezas, ¿en dónde va a generarse el empleo y el efecto multiplicador para el consumo y la producción? ¿De qué sirve el superávit fiscal y la relativa estabilidad de la macroeconomía si aumenta la desigualdad, se concentran los negocios y empeora la brecha de ingresos?

El mundo de las finanzas parece tener un optimismo sobredimensionado sobre el ciclo económico que atraviesa el país. Un ejemplo claro es que los bonos soberanos pagaron cupón a principio de enero y al cierre del mes no sólo no bajaron de precio sino que aumentaron para cotizar arriba del 80 por ciento de la paridad (equivalente a un riesgo país de 495 puntos).

Un optimismo que además estas catalizado por elementos externos. No debe olvidarse que la Argentina, más allá de los relatos y de lo que ocurra puertas adentro, nunca se mueve tan alejada de lo que acontece en la región. Y las economías emergentes de América latina están en auge. Se puede ver con la suba del 15 por ciento en los últimos 30 días de la bolsa de Brasil o en el regreso a los mercados de deuda de Ecuador.

Sin embargo, todo este exceso de optimismo puede esfumarse de un momento para otro, algo que el mundo de las finanzas enseña a la perfección. Por un lado porque pueden cambiar los vientos a favor para las economías emergentes. Toda la estructura financiera internacional se encuentra en un momento de volatilidad extrema: una muestra es la variación que tuvo el oro y la plata al final de la semana pasada, con caídas diarias impactantes de más de dos dígitos por anuncios que todavía no se concretaron.

Por otro lado, porque el ánimo de los inversores puede cambiar de un segundo para otro en la misma medida que cambia el humor social de los argentinos. Si la economía no reacciona, los precios no bajan y el mercado interno sigue generando caída del empleo, el umbral de hartazgo de la población tiende a estar cada vez más cerca.

Por Federico Kucher
Fuente
Pagina12

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