Las fábulas del presidente

La semana que pasó volvió a exponer a un gobierno de improvisados y arribistas, acosado por internas por momentos lisérgicas. Pero también que el “modelo” tiene respaldo: del FMI, con un nuevo préstamo, y de los aliados en el Congreso.

Si acaso se creyó que ya habíamos visto prácticamente todo en materia de contrastes, lo sucedido esta semana recuerda que jamás debe perderse la capacidad de asombro.

En síntesis quizás didáctica, el Gobierno vive un momento estentóreo con el salvajismo de las internas entre sus/los clanes karino-menemistas, caputistas, bullrichistas, felinos, empresariales, serviciales, celestiales, digitales, pleyadianos, terraplanistas, adornistas, licitatorios, agropecuarios, parlamentarios, carajistas, gordodanistas, antimacristas, judiciales, armadores, delfines, antiadornistas, fantinistas, operadores mediáticos, encuestólogos, gobernadores con y sin peluca, filtradores de audios íntimos.

Una lectura rápida, no por eso desacertada, sugiere, revela o ratifica que -junto con el desgaste natural impuesto por el paso del tiempo en cualquier gestión- esto es el producto de un gobierno que llegó al poder en forma efectivamente aluvional, improvisada, con gente en cargos relevantes que ni siquiera tenía puntos de contacto personales.

Es decir: gente a lo que sólo unía y une la apetencia por los negocios con el Estado; el odio visceral antiperonista y antikirchnerista en particular; la adhesión vergonzante, pero necesaria, a un marginal de “la política” que tuvo y tiene el apoyo conceptual de los grandes grupos económicos.

Todo esto siempre y cuando, claro, esas internas lisérgicas no sigan produciendo la imagen de un Presidente que no parece presidir nada o que de hecho no lo hace, excepto por las recorridas de streaming con sus lamebotas. Y excepto, como lo reconocen en el propio Gobierno, que las elecciones de medio término en Estados Unidos ocasionen una derrota significativa de su pretendido patrón de estancia continental.

Mientras tanto, no hay comentario ni análisis del mundillo político que no radique en que quien preside es La Hermana. Pero, ya con la dificultad de que su carácter de todopoderosa sufre mella. Incluso, con algunos nubarrones aparecidos en el horizonte judicial.

Se le escapó, por ejemplo, que sus (intentos de) armados en Comodoro Py, tras el nombramiento de Juan Alberto Mahiques como ministro de Justicia, chocan contra el embutido mediático dedicado a percudir la AFA rumbo a los clubes convertidos formalmente en sociedades anónimas. Es rancho aparte que la entidad rectora de nuestro fútbol sea o pueda ser un cambalache.

Más todavía, a La Hermana se le fugó que el Mago del Kremlin le pasa factura porque manejar los servicios de Inteligencia no es algo que se resigna así como así.

Sin embargo, como conviene insistir porque los ansiosos nunca faltan, nada de ese presente y eventual panorama implica que las cosas asomen terminales para el Gobierno.

Por ahora y sin ir más lejos, el Fondo Monetario que Washington maneja virtualmente a su antojo le desembolsó a Argentina otros mil millones de dólares.

Fue con la advertencia ¿protocolar? de que el país debe seguir acumulando reservas para pagarle, reducir subsidios y profundizar el ajuste fiscal. Junto a ello, le previno que está perfectamente al tanto de que el superávit del área es dibujado mediante la capitalización de intereses.

Y vaya si el país cumple las exigencias, a pesar de que la imagen transmitida por el Gobierno es la de ese “caos” de un Presidente centrado en postear, re-postear, prorrumpir en toda barbaridad imaginable y subir la apuesta ante cada retruque.

Contrastado por el aumento de la conflictividad social, por el recorte bestial de las partidas de Salud y de organismos estatales estratégicos, por la crisis del PAMI, por la motosierra extendida que jamás alcanza al ranking de los más ricos individual y corporativamente, el anarco-libertarismo se pasea con sus logros en el Congreso, con sus iniciativas y con cuanta impudicia le parezca menester.

Es así que consiguieron dar media sanción a rebanar el beneficio en el precio del gas a las zonas del frío. Más de un millón y medio de usuarios perderán esa prerrogativa porque el Gobierno decide, y sanseacabó, que no hay plata para sostener un régimen que demanda fondos adicionales del Tesoro.

Esta nueva provocación fue respaldada por gobernadores y diputados que cobran el voto por la ventanilla de fondos para obra pública que después suelen no aparecer, por lo menos en la parte justamente pública de los fondos. Cobran también apretando su botón positivo para los pliegos de jueces federales que, casualmente, son los que intervienen en causas de corrupción.

Y es así que el Mar Argentino será zona de “bien global común”, gracias al acuerdo militar firmado con Estados Unidos para el patrullaje conjunto del Atlántico Sur. Lo comunicó, directamente, La Embajada.

¿No es una maravilla que nuestra zona marítima, que se encuentra entre las más ventajosas y diversas del mundo, sea administrada en su práctica y proyección por una potencia extranjera? ¿Sirve de consuelo que nuestro litoral atlántico, toda la vida, haya sido objeto de depredación externa? ¿No es una exhibición despampanante de lo que representa esa gran burguesía “naciomal”, que jamás en su vida tuvo más proyecto que la exacción de la renta sin agregar valor?

El Presidente anunció además una baja de retenciones agrarias, en medio de que la economía habría “rebotado” desde marzo último aunque, desde ya, en los sectores que no conllevan mano de obra intensiva.

¿A que es fácil de acertar quiénes pagarán el agujero fiscal que dejará bajarles las cargas a los dueños de la tierra?

Y una yapa, que semejaría no relacionarse en absoluto con lo anterior, para redundar en aquello de que todo tiene que ver con todo.

Es el “escándalo encuadernado”, tras que el encargado del edificio donde vivía Cristina admitiera su delito de haber mentido sobre supuestos movimientos de bolsos y valijas. Se suma a la gran mayoría de declarantes en el juicio, quienes aceptaron haberse manifestado, en su momento, por acción y coacción del juez y fiscal intervinientes.

¿Se caerá la causa por la pornografía de sus vicios procesales? ¿O ya está predeterminado que se impondrá otra condena contra CFK?

Todas estas, desde planos económicos, jurídicos, “políticos” y de lo que debiera ser el sentido común, son características de un elemento decisorio que se llamaba la posverdad.

Por alguna razón, hace rato dejó de denominarse así a que no importa si algo es cierto o falso. A que no interesa corroborar las fuentes, el análisis, los resultados, la comprobación empírica de un hecho u opinión.

Debe ser porque el triunfo de los Neoemperadores, al decir y desarrollo del último libro de Jorge Alemán sobre los protagonistas del tecno-fascismo, no deja espacio para escaparse del presente perpetuo. De la escena pública basada en el modo en que los sujetos experimentan el miedo, la pertenencia, la humillación, la protección o el deseo de castigo.

“Se organizan las pasiones colectivas, se autorizan formas de crueldad y se promete protección frente a un mundo vivido como caótico”.

En La Tecl@ Eñe acaba de publicarse un texto tan breve como demoledor de Martín Kohan, “Moraleja”, en torno a la fantasía de que los datos digan todo por sí mismos sin que haga falta elaborarlos o interpretarlos.

“Datos, no relato” es la fórmula repetidísima que, como señala el escritor, supone que la práctica de disponer y articular ciertos hechos debe caer a favor de un puro registro de cifras. Números a los que será difícil darles sentido, porque para eso sería necesario narrar. La ilusión de que la verdad se exponga ahí, manifiesta, de por sí, sin necesidad de pensar nada.

Esto viene a cuento de que Milei y su asesor Juan Carlos de Pablo, según comentó el Presidente en una de las entrevistas que sólo concede a sus medios fanáticos, dieron en imaginar qué pasaría si un marciano llegara ahora a la Argentina.

De acuerdo con la fábula que ambos compusieron, si el marciano se atiene estrictamente a los datos, sin pensar ni interpretar nada de nada, concluiría que el país al que llegó es próspero y alentador. Una inminente potencia mundial, como reiteró Milei durante su discurso de estos días en la Bolsa de Cereales.

Todo lo contrario, si al marciano se le ocurre leer los diarios o mirar televisión, supondrá que en el país hay malestar, que las cosas no van bien y que estamos a las puertas de un “infierno”.

De allí es que Kohan desprende que esa fábula de Milei y De Pablo nos procura una moraleja directa y elocuente.

Para creer que la Argentina está bien, y en camino a ser potencia mundial, hace falta una de dos cosas. Estar desinformado o vivir en otro planeta.

Por Eduardo Aliverti
Fuente
Pagina12

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *