Javier Milei surfea a contracorriente: el desafío de enderezar curvas y reestablecer confianza con un PJ en guardia
La Libertad Avanza enfrenta a casi un mes de las elecciones debilidad política y volatilidad económica. Encuestadores registran bajas del oficialismo en todos los distritos. Falta de reacción del Presidente, que recalibra la narrativa. El peronismo, entre la ansiedad y la cautela para no alimentar la "victimización".
Retroceso y nuevo relato
La corriente del río en contra desangeló a Milei. “Perdió el ángel”, una frase que circula en la rosca, de uno y otro lado. De forma extendida, como hasta poco se hablaba de “los conejos en la galera” de Luis Caputo. Dos encuestadores consultados por Ámbito mencionaron que La Libertad Avanza perdió entre 6 y 8 puntos en cada distrito. A este ritmo, será difícil para Milei “pintar el país de violeta”, como dice en sus actos.
En la práctica, Milei busca redefinir la narrativa en modo “prueba y error”. El “kirchnerismo Nunca Más”, que banalizaba un símbolo de la resistencia a la dictadura, no funcionó. Apelar a la supuesta violencia del peronismo en los actos previos al 7-S, tampoco. Los libertarios hoy sostienen la pose chicanera a pesar del rumbo y optaron por culpar al peronismo, o a “los kukas”, por todos los males, aunque el mal presente se deba a sucesivos tiros en los pies. Enarbola, en cambio, la victimización y un plan desestabilizador.
Aun así, LLA es favorito en los lugares donde cerró alianzas con los mandatarios locales, como CABA, Mendoza, Entre Ríos o Chaco. Jefes locales que sellaron acuerdos en otro contexto y que ahora piden rever los términos y condiciones.
En algunos casos, mencionan que Milei, aún con precio a la baja, se sostiene por encima de la marca LLA. Pero el problema es que el Presidente no podrá encabezar campañas en los 24 distritos. En las provincias donde la lista violeta la encabeza una figura de peso, las chances son mayores. Por ejemplo, CABA, donde Patricia Bullrich tiene respaldos intrinsecos. En contrario, donde pusieron figuras de relleno bajo la idea de que “el candidato es el proyecto” (similitudes con el kirchnerismo) será más difícil. El proyecto no enamora y la marca no tracciona. Al menos para los últimos días de septiembre.
Los distritos centrales están reconfigurándose. El PJ aspira a repetir la victoria en Buenos Aires. En Córdoba ya se vislumbra una pelea entre LLA y Provincias Unidas, que lleva a Juan Schiaretti al tope de la boleta. Un caso particular, porque allí el kirchnerismo es actor de reparto. Solo resta ver cuánto le come Natalia de la Sota al exgobernador, y cuánto el PRO de Agost Carreño a los libertarios.
Provincias Unidas necesita romper la polarización para redondear una elección que proyecte a la fuerza a 2027. Un escenario que ahora parece más probable, por la captación del voto desencanto. En otro de los pagos que definen la elección, Santa Fe, el mapa se encamina a los tercios: Provincias Unidas con la vice Gisela Scaglia (PRO) se mete en lo que parecía una pulseada “nacionalizada” entre el PJ y LLA. El gobernador Maximiliano Pullaro, del quinteto fundador de ese espacio de centro, se entusiasma con trasladar su buena imagen a la boleta única. Los otros: Ignacio Torres (Chubut), Claudio Vidal (Santa Cruz) y Carlos Sadir (Jujuy) intentan forzar también una elección de tercios.
En el norte peronista, los gobernadores miran que si los comicios fueran hoy el resultado les sería favorable. “Se dio vuelta”, repiten. En Salta tal vez la puja es más cerrada. Daban por descontada la victoria de LLA hasta hace poco. Pero Fuerza Patria, que lleva a Juan Manuel Urtubey al Senado y a Emiliano Estrada en Diputados, vislumbran que se abrió una ventana contra los violetas, que alquilaron la estructura de Alfredo Olmedo.
Lo cierto es que ahora, en medio de la tormenta, las proyecciones de la Casa Rosada son más modestas. Ya no auguran un Congreso para llevar adelante reformas estructurales. Apenas una mejora a la posición actual para, al menos, sostener vetos y DNUs.
Ansiedad y torpedos
El peronismo se encontró de carambola revitalizado antes de la elección. El PJ esperaba el aluvión violeta tanto como Milei. Armó listas conservadoras y deshojaba el periodo de reconstrucción como partido parlamentario. Sostuvo la postura opositora en el Congreso como un reaseguro en medio de las internas y una forma de conservar la identidad mientras se encaraban discusiones incómodas. Se encontró de golpe con la victoria en PBA. Sacó provecho Fuerza Patria de que el desdoblamiento de Provincia coincidiera con el peor momento de Milei.
El “olor a default” que mencionó Cristina Kirchner en su tuit del sábado no es un aspaviento lanzado desde el balcón de San José. Es un análisis que los equipos económicos del PJ vienen afinando en los últimos meses. Preveían en el peronismo un camino del default desde que el Gobierno comenzó a trasladar los pasivos del Banco Central a la Tesorería. Suponen ahora que EEUU le dará “una carta más para que llegue hasta octubre, pero después vendrá el colapso”.
Esa mirada que cruza la debilidad política con la fragilidad económica deriva en el apresuramiento de sectores del PJ por acelerar el retorno. Hay dirigentes que ya esbozan esquemas de transición. Otros se espantan de la estrategia. Creen que cualquier intento desestabilizador le dará oportunidad a Milei de justificar la “estrategia de la victimización”. Un operativo que ya lanzó el Gobierno al mencionar en público “misiles” y “torpedos”, también para evitar ahondar en la crisis autoinfligida.
“Que se cocinen en su salsa, ya la sociedad les picó el boleto”, dicen desde el sector más cauto del peronismo. Suponen desde esa platea que el camino de los libertarios será cada vez más cuesta arriba y que no hace falta agitar fantasmas.
Por Ariel Basile


