Las supersticiones del neoliberalismo

Equilibrio fiscal, restricción monetaria y endeudamiento externo. El andamiaje discursivo dominante en economía es un medio para promover el achiamiento de los Estados y la concentración de la riqueza en pocas manos.

«Un sistema económico que no consigue bienestar para sus ciudadanos es un sistema que ha fracasado… La desigualdad no es inevitable, es cuestión de políticas«, J. Stiglitz.

El neoliberalismo es la política del poder económico. Éste último está integrado por un reducido número de empresas oligopólicas que cuentan con bajos niveles de productividad en relación a sus pares globales. Además, imponen precios dolarizados contra ingresos sociales en pesos para neutralizar la obsolescencia, logrando altos excedentes que se desvían hacia la “fuga” o la especulación financiera o financiarización.

El planteo del neoliberalismo es concentrar la riqueza en manos del poder económico, el poder “real”, para así intimidar y avasallar al poder “formal” o democrático, los gobiernos. Gobernantes intimidados acceden a imponer o continuar políticas que concentran más la riqueza, aun en contra de sus intereses electorales y derechos de la sociedad.

Sistema tributario

La estructura tributaria determina la lucha distributiva entre sectores sociales del trabajo y el capital. En la Argentina, el sistema tributario es muy regresivo, ya que proporcionalmente pagan más impuestos los sectores sociales de menores ingresos que el capital superconcentrado.

La regresividad del sistema se explica por las características y el peso del IVA, que es un impuesto indirecto, del orden del 29 por ciento de la recaudación total. El impuesto a las Ganancias representa el 23 por ciento y a la Seguridad Social, un 24 por ciento.

Desde la ortodoxia neoliberal se justifica la regresividad, alegando que la redistribución se debe lograr a través del gasto y no desde los los impuestos, ya que éstos supuestamente desincentivan la inversión empresarial, lo cual haría caer el empleo y los salarios.

En realidad, los altos ingresos que suma el poder económico derivado de la evasión y regresividad del sistema no redundan en mayores inversiones, sino que aumentan el monto en pesos que es fugado al exterior y/o aplicado a la especulación financiera.

El «equilibrio»

El neoliberalismo postula que la redistribución se debe realizar a través del gasto. Sin embargo, al mismo tiempo plantea reducirlo para alcanzar el “equilibrio fiscal”

Paul Samuelson, referente de la teoría neoclásica y Premio Nobel, advierte lo siguiente: «Una de las funciones de las religiones es la de asustar a la gente mediante mitos, para que se comporte adecuadamente. Es una superstición que el presupuesto público deba estar equilibrado».

El neoliberalismo construye relatos míticos, que se acatan como verdades. Por ejemplo, por una parte, propone reducir la emisión para evitar el gasto y alcanzar el “equilibrio fiscal” y por otra, en disminuir el cobro de impuestos a los sectores de mayores ingresos, con lo cual se acentuaría la posibilidad del desequilibrio fiscal.

En realidad, se trata de un atajo para llegar al objetivo final, que es mellar el accionar del Estado para impedir la posibilidad de mayor equidad distributiva y, por ende, potenciar la “libertad” de aumentar aún más la concentración de riqueza.

Otra narrativa similar es la de impulsar el endeudamiento externo, con lo cual por más equilibrio que se logre en los ingresos y gastos primarios, aparecerá el déficit financiero, producto del pago de intereses. Se trata de otro rodeo, el de argumentar la necesidad del endeudamiento externo para subsanar déficit y, en los hechos, ampliar la disponibilidad de divisas para financiar “fugas” y atesoramiento local.

No se trata de una cuestión teórica, sino de situaciones de la historia nacional, como el caso de Domingo Cavallo como presidente del Banco Central o del gobierno de Mauricio Macri, que endeudó al país en dólares por décadas y a plazos de pago reducidos para alcanzar el equilibrio fiscal.

La propuesta neoliberal del equilibrio fiscal se fundamenta en que la excesiva emisión monetaria para financiar el gasto público, genera inflación. Sin embargo, en 2020/21, la base monetaria de la economía argentina disminuyó, junto con el déficit primario y la limitación del déficit financiero, debido a intereses postergados a futuro. Contrariamente, la inflación se mantuvo muy alta y la “fuga” de divisas no se detuvo.

Por Roberto Briscioli *

* Docente, economista, contador público e integrante del Club Argentino Arturo Jauretche. robertobriscioli@yahoo.com.ar

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