SALUD

Por qué se está perdiendo la batalla contra el coronavirus

Los trabajadores de la salud, al límite: 28 mil infectados, 98 muertos. Son los que sostienen un sistema de salud al borde del colapso, pero no dan más. 5500 siguen cursando la enfermedad. “Se pueden comprar más respiradores, pero no terapistas”, advierte Pedro Cahn, y se pregunta, cerca del medio millón de contagios, “cuántos muertos necesitamos para que la gente se convenza”.

Por qué se está perdiendo la batalla contra el coronavirus

Unos 28 mil profesionales de la salud ya fueron diagnosticados con coronavirus desde el inicio de la pandemia en el país. Alrededor de 5500 aún están cursando esa enfermedad y al menos 98 fallecieron. No son números, son personas: trabajadores esenciales que no pueden quedarse en casa para proteger a los suyos y expusieron su vida para salvar a otras personas ante un virus desconocido. La voz de sus colegas exhaustos por un sacrificio que lleva casi seis meses, dolidos por la pérdida de compañeros de trabajo y angustiados por un escenario que se presenta cada día más complicado, se hizo sentir esta semana para tratar de concientizar a una sociedad que, en rigor, ya cuenta con las herramientas para poner freno a la pandemia: prevención, reducción de riesgos y cuidado de los otros.

“No podemos más. Nos están dejando solos”, advirtieron desde la Sociedad Argentina de Terapia Intensiva. “Estamos en el punto límite del agotamiento, la desesperanza y la incomprensión”, añadió la Asociación de Enfermería de la Capital Federal. “Parece haber dos realidades: una es la de los hospitales con la lucha brutal y desigual contra la enfermedad y la muerte; otra es la de las calles y las plazas con cada vez más gente que no guarda las distancias y no se protege”, explicó la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de La Plata. Las frases pertenecen a tres de los comunicados publicados esta semana por organizaciones que nuclean o forman al personal que hoy multiplica sus esfuerzos para evitar que el coronavirus siga matando.

Esta semana se registraron en promedio 9982 casos nuevos por día en todo el país, el máximo desde la llegada del SARS-CoV-2, que representa un aumento del 11% respecto de la semana anterior. Tres de cada diez casos nuevos fueron diagnosticados fuera de la Ciudad y la Provincia de Buenos Aires, lo que consolida una nueva etapa en la que el virus se expande a nivel federal casi sin distinciones. La circulación comunitaria se mantiene en 18 provincias, pero el viernes todas tuvieron al menos un caso positivo cargado al Sistema Nacional de Vigilancia en Salud.

La preocupación por la ocupación de las camas de terapia intensiva dejó de ser exclusiva del AMBA y hoy el foco está puesto en las provincias de Río Negro (donde la ocupación llega al 84%), Jujuy (79%) o Salta (76%). Pero para entender el drama hay que poner la lupa al interior de cada provincia, porque hay ciudades ya colapsadas. En General Roca o las jujeñas San Salvador y San Pedro, los médicos ya han tenido que recurrir al protocolo de bioética para decidir a qué paciente priorizar en el uso de respirador. O debieron derivar enfermos a otra provincia. En la ciudad de Mendoza la situación también es crítica.

 

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(Foto: Télam)

 

Hasta el viernes había 2425 camas de terapia intensiva ocupadas por personas con Covid-19. Uno de cada tres pacientes críticos estaba fuera del AMBA. Hace dos meses, la relación era uno de cada diez.

Pero no se trata solo de camas de terapia o respiradores. Lo que ya escasea es personal capacitado para atender estas emergencias. Por eso el Ministerio de Salud de la Nación movilizó a 445 especialistas en el marco de su Programa de Profesionales Itinerantes, para apuntalar los sistemas sanitarios de ocho provincias. Y seguirá enviando en las próximas semanas (ver aparte). Pero los diagnósticos de los especialistas son contundentes: si la curva no para de crecer, ningún esfuerzo será suficiente.

Esta semana fallecieron, en promedio, 193 personas por día con diagnóstico de Covid. El número asusta, pero con tantos contagios la tasa de letalidad sigue siendo baja en comparación con la región. Mientras que en el país murió un 2,1% de los infectados, la media americana ronda el 3,5 por ciento. Pero las vidas no son estadísticas y lo peor que puede pasar es naturalizar muertes evitables.

¿Cuántos muertos necesitamos?

“La pregunta es cuántos muertos necesitamos para que la gente se convenza. ¿Cuántos son suficientes? ¿Doscientos, mil, cinco mil por día? Ahí sí te vas a poner a reflexionar sobre las cosas que estás haciendo de más. Hay que ser muy claros: vamos a transitar meses en los que tenemos que pensar cuál es el costo que vamos a pagar”, explica el infectólogo Pedro Cahn. “De lo que se trata es de reducir el costo al mínimo posible. Que se enferme la menor cantidad de gente posible y se muera la menor cantidad de gente posible. Y eso depende de nosotros. Más allá de lo que hagan los poderes públicos, que muchas veces se manejan por otros criterios”, plantea.

 

 

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(Foto: Xinhua)

 

“Hice ocho años terapia intensiva, sé lo que es estar ahí y me imagino lo que padecen”, agrega el fundador de la Fundación Huésped e integrante del grupo de expertos consultados por el presidente Alberto Fernández. “Encima ahora tienen condiciones que son peores, porque no solo atienden enfermos graves sabiendo que hay una tasa de mortalidad elevada. Sino que trabajan con una enfermedad transmisible que te la podés pegar vos; que ves compañeros que quedan en el camino; otros que se infectan y quedan 15 días fuera de combate con sus contactos estrechos, y que además sobrecargan el trabajo de los que quedan. Esta es una circunstancia muy compleja y hay que tenerla en cuenta porque es un recurso finito. El Estado puede seguir comprando camas y respiradores. Pero no puede comprar terapistas”, concluye Cahn.

“Las cartas de las asociaciones de trabajadores de salud que vimos esta semana echan luz sobre un tema que lleva meses”, añade Omar Sued, también infectólogo de consulta para el Poder Ejecutivo. “Al inicio llegamos a tener un 14% de los contagios que eran personal de salud, pero hoy ronda el 6 por ciento. Latinoamérica es el continente con más personal de salud infectado”, añade. Según un informe de Amnistía Internacional publicado el jueves, el ranking luctuoso lo lideran México (con 1320 trabajadores de salud con Covid-19 fallecidos), seguido por Brasil (634) y Perú (183).

La sobrecarga laboral hoy agrega un factor que aumenta el riesgo. Sued dice lo que la federalización del virus dejó en evidencia: “Es importante asegurar que todos tengan acceso a material de seguridad de calidad. Eso se logró en Ciudad y Provincia, pero en el interior no es tan fácil. Hay que comprar y distribuir”, plantea el integrante de la Sociedad Argentina de Infectología.

Los trabajadores de la salud señalaron en sus comunicados la necesidad de mejores condiciones de trabajo y una remuneración acorde, cuestiones a las que el Estado deberá dar respuesta con celeridad. Pero el foco del mensaje estuvo dirigido a la sociedad. “¡Por favor, ayudanos! ¡Quedate en tu casa! Ayudanos a disminuir el ingreso de pacientes. No queremos que vos seas el próximo paciente en nuestra terapia intensiva”, cerró la SATI. Un pedido tan claro como al alcance de todos.

Profesionales itinerantes

El Programa de Profesionales Itinerantes del Ministerio de Salud de la Nación ya movilizó unos 445 trabajadores de la salud para asistir a las provincias más complicadas con la pandemia del Coronavirus. Al 29 de agosto de 2020 las provincias que más requirieron este auxilio nacional fueron Chaco (246), Buenos Aires (93) y Jujuy (79). Pero también recibieron especialistas para suplir la atención sanitaria en Entre Ríos, Tierra del Fuego, Salta, La Rioja y Santa Cruz. En los próximos días otros 93 profesionales se subirán a aviones para asisitir a Córdoba y Río Negro. Mientras que otros equipos volverán a reforzar a Santa Cruz, Salta y La Rioja. Según explicaron a Tiempo fuentes del Ministerio, estos especialistas permanecen por 15 días en la zona (formando profesionales o reemplazando equipos completos durante su cuarentena) y regresan a su provincia.

Fuente. Javier Borelli para Tiempo.ar

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