POLITICA

Moreno llega a Italia respaldado por su vínculo con Francisco

Designado como agregado económico de la Embajada argentina en Italia, el funcionario más estigmatizado por los medios promete elevarle el perfil a la sede del gobierno en Roma. Una amistad construida en la década del ’70.

Moreno llega a Italia respaldado por su vínculo con Francisco
Guillermo Moreno dejó la secretaría de Comercio Interior la semana pasada, luego de un ciclo de ocho años. Fue uno de los funcionarios más visibles y resistidos que tuvieron el gobierno de Néstor Kirchner y el de Cristina Fernández. Desde el martes 19, sus colaboradores más cercanos admiten que perdió el control de una de las áreas más delicadas del modelo, pero aclaran que esa renuncia no implica despojo alguno de poder.
La remoción de la órbita económica fue la antesala para su desembarco en el cuerpo diplomático como flamante agregado económico dentro de la embajada argentina en Roma, regida por el ex secretario de Cultura de la Nación Torcuato Di Tella. El célebre sociólogo argentino cumplirá 84 años en diciembre y, como le dijo a sus amigos en la última fiesta de despedida antes de volver a Roma: está a un paso de jubilarse.
“Guillo” llega al cuerpo diplomático argentino con una agregaduría que, en sus manos, podría tener un perfil más ambicioso. Apenas deje Buenos Aires con el diploma de embajador, llegará a Roma junto a su actual esposa, la escribana Marta Cascales, para tener en sus manos la asistencia sobre las relaciones económicas entre Argentina e Italia.
Roma es la única capital europea que tiene dos embajadas criollas en su perímetro: una está dedicada a representar al país ante el Vaticano y la otra atiende las relaciones con el país que aloja a la Santa Sede.  La primera está bajo el mando de Juan Pablo Cafiero, y la segunda en manos de Di Tella, pero ambas se ubican dentro de la misma mítica ciudad, separadas por escasos 15 minutos en automóvil, que Moreno seguramente recorrerá, en reserva, para luego terminar su viaje en las cercanías de la Plaza San Pedro, o en Santa Marta, actual residencia pontificia.
El nuevo destino de Moreno pasó casi inadvertido por el impacto informativo que generó la aceptación presidencial de su renuncia y por los cambios en el Gabinete nacional que todavía no han terminado. Pero al interior del poder, los viejos conocedores del flamante agregado económico aseguran que el estreno de su carrera diplomática puede tener más impacto en la Santa Sede que en el Palacio del Quirinal, la sede del gobierno italiano.
La afirmación está en boca de los diplomáticos y funcionarios que conocen la buena relación que mantiene Moreno, como ferviente católico, con el Papa Francisco, a quien conoce desde la década del setenta, antes del golpe cívico-militar, cuando ambos pasaron por la organización Guardia de Hierro, una de las vertientes del peronismo que nació en 1961, impulsada por veteranos de la resistencia que se distanciaron de las definiciones políticas de la  Tendencia Revolucionaria del peronismo.
Luego de la muerte de Juan Perón, el derrotero de “Guardia” se dividió entre su apoyo a Isabel Perón, las relaciones con la Armada Argentina, mantenidas a través del almirante Emilio Massera, y las conexiones con la Iglesia Católica, pero especialmente a través de la Compañía de Jesús, en la que Bergoglio ya se desempeñaba como provincial de la orden para Argentina y Uruguay.
Tres de las figuras más reconocidas dentro de ese polémico proceso, son el actual Papa Francisco, que los integró bajo el paraguas de la Universidad del Salvador; el flamante agregado Moreno, y Julio Bárbaro, ex interventor del COMFER entre 2003 y 2008.
Durante esos años de dura confrontación entre el entonces presidente Néstor Kirchner y el arzobispo de Buenos Aires, Moreno fue uno de los funcionarios de la Casa Rosada que jamás perdió el vínculo. En la Catedral Metropolitana todavía recuerdan las largas conversaciones telefónicas que mantenían ambos. También confirman el respeto que tiene el jesuita por Moreno.  Cuentan que Bergoglio tiene también una muy buena estima por Marta Cascales de Moreno, “una mujer de misa diaria”.
Todavía recuerdan cuando obligó a su marido a costear los arreglos de una importante parroquia del centro porteño, que se estaba cayendo a pedazos. “Un día apareció Moreno en persona y le dijo al párroco que estaba visitando el lugar a pedido de su mujer, que no paraba de insistirle con las refacciones del templo”, relata un testigo de la estrecha relación que Bergoglio mantuvo con Moreno en Buenos Aires. Una conexión muy amistosa, alimentada por Aldo Carreras, actual subsecretario del gobernador bonaerense Daniel Scioli y amigo personal del actual Papa. Ambos también se conocen de sus días en “Guardia”, aunque el papel de Carreras es uno de los más influyentes de Buenos Aires.
“Francisco dice que es una persona demonizada por los medios”, posteó en su cuenta de Facebook la abogada Alicia Oliveira, ex defensora porteña del pueblo, que también revista en la restringida lista de amigos papales. La ex patrocinante de presos políticos sacó la frase poco después de publicarla, pero en rigor, el pensamiento de Bergoglio sobre el papel de Moreno no difiere de esa afirmación.
“Es un amigo discreto, de esos que nunca van a decir por todas partes que estuvo con el Papa”, dice una fuente del entorno porteño que dejó el cura de Flores antes de ser transformado Papa. “Todos lo acusan de todo, pero su patrimonio  es el mismo. Lleva en el gobierno ocho años  y no tiene una sola causa por enriquecimiento ilícito, por eso Bergoglio lo banca”, reseñan desde el templo que comandó el arzobispo jesuita por quince años.
El último gesto que Moreno tenía para Bergoglio no pudo ser apreciado por el cardenal primado, porque ya había sido designado Papa un mes antes. Fue el 12 de abril, cuando llegó a Buenos Aires una delegación de la Comisión Episcopal de Angola, que trajo una imagen de “Nuestra Señora de la Concepción”, conocida en ese país africano como “Mamã Muxima”. El viaje de los prelados fue promovido por Moreno en mayo de 2012, durante la visita oficial a Angola que realizó la presidenta Cristina Fernández.
Desde la elección papal del 13 de marzo, Moreno dejó de ocultar su relación con Bergoglio. Apenas supo la noticia, mandó a imprimir y pegar afiches con la cara del nuevo Obispo de Roma. Debajo del rostro del jesuita se podía leer: “Argentino y Peronista”, la misma que aparece en los afiches pegados cada 25 de septiembre para recordar el asesinato del secretario general de la CGT José Ignacio Rucci en 1973.
El espacio de intelectuales Carta Abierta cuestionó el mensaje celebratorio ideado por Moreno, pero pocos días después, el secretario de Comercio mandó a pegar una enorme gigantografía en la entrada del Mercado Central. Se podía ver un  enorme lienzo con los rostros de Perón y Kirchner detrás de Cristina estrechando la mano de Bergoglio, ya vestido como Papa electo. “¡Mirá pibe a dónde llegamos!”, decía la imagen. “Francisco. La comunidad del Mercado Central te saluda y ruega por vos”, rezaba otro.
Por ahora se desconoce la fecha de partida de Moreno hacia Roma, pero el nuevo agregado comercial sabe que no se encontrará con un representante ante la Santa Sede debilitado. El embajador Cafiero fue una de las piezas claves en el acercamiento de la Casa Rosada con el Vaticano antes, durante y después de esos cinco días críticos que separaron al cónclave de la entronización pontificia.
El resultado de esas gestiones, coordinadas desde la secretaría de Culto de la cancillería, fue un almuerzo entre Bergoglio y la presidenta que duró dos horas y media. Fue, como se sabe, un día antes de la asunción papal. Su contenido sigue siendo un secreto bien guardado entre Roma y Buenos Aires.
Fuente: Infonews
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