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Sin Messi no hay Plan B

Sabella hizo lo que cualquier técnico en su lugar: armar el equipo en función de la ventaja que significa tener al mejor jugador del mundo en el plantel. Remplazarlo es imposible. El objetivo es que llegue lo mejor posible al Mundial.

Sin Messi no hay Plan B

A siete meses exactos para el comienzo del Mundial, la imagen que llega desde Barcelona no es la más auspiciosa. Se lo ve a Messi llegando al aeropuerto El Prat y descendiendo por una escalera mecánica agarrado de la baranda. Lleva el gesto adusto y mira para abajo. Horas antes, en una clínica de Sevilla, donde el domingo su equipo goleó al Betis por la liga española, los estudios médicos confirmaron la noticia que es el motivo de su angustia: rotura muscular en el bíceps femoral de la pierna izquierda.

En otro aeropuerto, el de Ezeiza, y antes de embarcar hacia los Estados Unidos, Alejandro Sabella había encendido la alarma el domingo por la noche. “Hablé a España. Casi seguro es un desgarro. A Messi no lo cuento para esta gira. Estamos preocupados…” El director técnico de la Selección Argentina no estaba pensando ni en Ecuador ni en Bosnia, sus dos rivales en los partidos amistosos programados para el viernes y el lunes. Pensaba en la escala final de este viaje de cuatro años al frente del equipo nacional, donde todo su trabajo se planificó alrededor de la figura del mejor jugador del mundo.

Para sacarle dramatismo a una circunstancia que en principio no la tiene, podría pensarse que es mejor que La Pulga se lesione ahora y no cuando el Mundial esté a la vuelta de la esquina. En otro nivel, lo mismo sucede con Fernando Gago, que pasó más tiempo en el consultorio del kinesiólogo que en la cancha durante este año. Sin embargo, tratándose de Messi, Sabella es el primero en saber que es demasiado lo que está en juego. Por eso mismo ya se estableció que la primera etapa de la recuperación física de Lío transcurra en Barcelona y la segunda en nuestro país, bajo la supervisión personal del cuerpo médico de la Selección.

En el plano estrictamente futbolístico, a Pachorra no le queda más remedio que esperar y confiar. Parece una paradoja, pero tener al mejor jugador del planeta en el equipo genera ventajas y limitaciones. Al ser único, al ser irremplazable, es correcto pensar el equipo en función de él. Eso hizo, hace y hará Sabella hasta el comienzo del Mundial, como hizo Bilardo en México ‘86 y sobre todo en Italia ‘90, cuando un Maradona con el tobillo roto jugó toda la Copa del Mundo por la sencilla razón de ser el eje desde donde el equipo funciona o deja de hacerlo de una determinada manera.

Argentina sin Messi no tiene Plan B. Y no tendría sentido tenerlo. Por más que Higuaín, Agüero, Palacios o Lavezzi conforman una delantera de primer nivel internacional por sí solos, sin La Pulga estaríamos hablando de otra Selección. Y no se trata de subestimaciones soberbias ni mucho menos de imprevisión. Quizás el mayor mérito de Sabella hasta aquí haya sido justamente el de darle una identidad clara al equipo. Identidad futbolística sustentada justamente en Messi y desde Messi. Priorizando las capacidades técnicas de una delantera letal a las obediencias estratégicas que suelen ser más conservadoras, menos arriesgadas y, por supuesto, defensivas.

Al fin, otorgándole un estilo que distingue a la Argentina de cualquier otra selección del mundo. ¿Que por eso mismo la Selección jugará un Mundial ofreciendo puntos débiles en el plano defensivo? Es posible, y en eso se trabaja porque ese aspecto todavía se puede modificar para mejorar.  Ahí sí es cuestión de seguir probando nombres, de cambiar figuritas hasta tratar de completar el álbum. Se puede estar de acuerdo y también se puede criticar todo. Menos una cosa: Messi nació en Rosario y juega para Argentina. Hay siete meses de tiempo para que llegue en la plenitud física que asegure que con él, el sueño del Mundial es realmente posible.

Fuente: El Gráfico

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