El sindicalismo argentino se prepara para una división sin precedentes

(Infobae) Lo que a principio de año era una posibilidad lejana, el próximo miércoles quedará concretado: el movimiento obrero argentino tendrá 5 representaciones sindicales, cada una con un perfil particular, definido por su cercanía o lejanía del gobierno nacional.

Aunque sin definir aún su conducción, la CGT Alsina quedará formalizada con el Congreso que elegirá autoridades, y provocará así una nueva división en la Confederación General del Trabajo. Será la “tercera vía” de la CGT, que ya tiene a Hugo Moyano al frente de la denominada Azopardo, y a Luis Barrionuevo como titular de la llamada Azul y Blanca.

La fractura de la CGT se suma a la división que en 2010 se produjo en la CTA. Tras las polémicas elecciones, la Central de Trabajadores Argentinos, surgida al calor de los años ’90 como una alternativa al sindicalismo cercano al menemismo, quedó fracturada en dos: por un lado, Hugo Yasky quedó al frente del sector afín al Gobierno; por el otro, Pablo Micheli se erigió como representante opositor de esa central obrera.

La línea tomada por Moyano ya desde el final del año pasado terminó por ratificarse en junio pasado con el paro y la movilización a Plaza de Mayo. Ahora, el dirigente camionero experimenta un acercamiento a la CTA de Micheli. La foto de hace un par de semanas es un primer paso en lo que podría ser la construcción de un nuevo espacio sindical.

Mientras tanto, los “Gordos” e Independientes llegan a la Confederal del miércoles sin un candidato definido (Antonio Caló perdió fuerza con el correr de los meses), y hasta con la concreta posibilidad de que finalmente sea un triunvirato el que quede al frente de la nueva fracción de la CGT.

Pero más allá de la conducción, la “nueva” CGT tendrá una posición más que cercana al Gobierno, y fundamentalmente contraria a Moyano. No son pocos los que le siguen pasando factura al titular de la CGT Azopardo por sus “ambiciones de poder”, principalmente cuando gozaba de los mejores privilegios del kirchnerismo.

De todos modos, la incógnita pasará por la posición que ese sector tendrá en temas sensibles para todo el movimiento obrero, como la inflación, las paritarias o el impuesto a las Ganancias.

El otro actor dentro del cegetismo, Luis Barrionuevo, parece que seguirá jugando al juego que más le gusta: se muestra como un fuerte opositor al Gobierno, con reclamos similares a los de Moyano, pero no está dispuesto a ceder su papel protagónico dentro del sindicalismo. Por eso se mantendrá como una tercera posición con su CGT Azul y Blanca.

Así las cosas, lejos de la tan mentada y aclamada unidad, el movimiento obrero argentino se muestra con una fragmentación inusitada para la historia del país. El futuro determinará si los distintos sectores lograrán una mejor representación de los derechos laborales. O si, tal como parece, todo será el reflejo de una puja política entre dirigentes.

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