CULTURA

La escuela sin timbre ni recreo

Lejos de la escuela, la cartografía doméstica cambió notablemente y los paradigmas se volcaron a versiones virtuales para las que nadie estaba preparado. Mucha necesidad de conexión pero poca contención para un cambio drástico y dramático que, con tres meses de puesta en acto, renovó desesperación por estrategia y se hizo carne en proyectos y alternativas para seguir estando juntes, valorizando la amistad, el encuentro y alguna forma de contacto que sostengan lo que viene por delante. A horas de la presentación del Protocolo para la vuelta a clases en casi todo el país, que servirá de modelo para el AMBA y que prevee una distancia interpersonal de 1,5 metros, se hace fundamental pensar en les niñes, sus deseos interrumpidos, sus posibilidades en el nuevo marco de encierro y sus corporalidades agotadas por las pantallas.

La escuela sin timbre ni recreo

Si hay algo que cambia el paisaje de las ciudades y los pueblos es que sus niños y niñas vayan a la escuela. La maquinaria que se pone en funcionamiento para que esto ocurra es ancha e implica a muchísimas personas: quienes manejan el transporte público, el privado, cuidadores y cuidadoras que a su vez son trabajadores y trabajadoras, docentes, personal auxiliar y jerárquico de las instituciones, comercios que dependen de la vida escolar, barrios enteros que se organizan en función de esa actividad cotidiana e imprescindible. El termómetro que parece explotar, y no de fiebre por coronavirus, es el que mide la temperatura de los hogares que no tienen a sus chicos y chicas en donde están nueve meses al año.

“No extraño la escuela, extraño el timbre, charlar agarrados a la reja y decirle cosas a la gente que pasa. ¡Ah! Y las escaleras del patio” dice Juani haciendo lugar a una nostalgia que lo transporta al encuentro con los amigos de cuarto grado de su escuela pública. “Yo extraño al heladero que nos vende palitos a la salida cuando hace calor, y cubanitos de dulce de leche cuando hace frío” dice Lila, de sexto, en la misma escuela. “Yo quisiera que mis amigos y amigas se transporten a casa en un avión de papel, estén unas horas en mi casa y se vuelvan a la suya sin tarea ni tapabocas” explica Juana, de primero y escuela pública del conurbano.

En muchos, muchísimos casos, la escuela es el lugar donde niños y niñas comen una vez al día, desayunan, meriendan; pero también y para todes, es un lugar de sociabilización y aquel donde los lazos de comunidad y colectivismo se afianzan en la vida. En la escuela se aprende el himno y la escarapela, la amistad, el compañerismo, la guerra y el amor, la diversidad y el rito, y en esta situación inédita y complejísima, que parece lejos de resolverse, no importa tanto qué se estudia, ni si es pertinente el sistema de abanderados, el ábaco o los recreos cortos, sino cómo hacer para que esa cadena de vínculos se sostenga, no estalle por los aires en ausencia de recursos y sobre todo, conserve algo del calor de los cuerpos, voces y mentes de otros y otras en crecimiento.

“Les mando cartitas a mis amigas del barrio: pero hacemos una carta larga pegando un papel en cada casa que se pasa por debajo de la puerta. Cada una agrega su parte y así hicimos nuestro propio manual de la cuarentena, con consejos e ideas para soportar a los hermanos, experimentos con cosas de la cocina o chismes internos del grado” cuenta Malala, que cursa séptimo en una escuela privada de Córdoba capital.

Es que con una escuela en crisis desde antes, en la que se hacía cuesta arriba sostener los contenidos de la ESI y donde muchas veces se conservan currículas de hace 30 años, el discurso que se disemina en los medios insinúa a les niñes como identidades deshumanizadas, a las que se les pide que aguanten sin medir las consecuencias, porque todo lo que pasa adentro de las paredes de los hogares está sostenido por la familia y de eso el Estado tiene poco para decir. La crisis de cuidados es total y se ensaña particularmente con las fragilidades de las infancias, dejando su equilibrio en manos de cada configuración familiar, sin pensar en una articulación que ayude a homogeneizar la crisis, que se trata menos de dibujitos y más de llantos descontrolados por ver el comienzo y el final del día desde una ventana.

Como un frasco donde germinan porotos en papel secante, las casas han pasado a ser verdaderos laboratorios: allí donde había situaciones vulnerables hay más vulnerabilidad, allí donde se hacían malabares con la tarea se redoblaron los esfuerzos para cumplir con ese requerimiento, ahora virtual, allí donde se ordenaba un ritmo y una cadencia hubo que inventar nuevos modos de seguirle el pulso al tiempo.

Mientras lxs adultxs trabajan, afuera o adentro, los dispositivos electrónicos se recalientan de tanto uso y los ojos sufren por la exposición prolongada a las pantallas, los niños y niñas que deberían estar en la escuela miran las paredes de sus casas, se acostumbran al barbijo, al control y al eco monocorde de la vida familiar. “En nuestro grado tenemos un instagram privado donde cada uno sube una foto por semana, de su mascota, de lo que ve desde el balcón o la terraza de su casa, y así vamos conociendo cosas de los otros y otras que no teníamos ni idea. Me hice amiga de algunos del grado que ni conocía” cuenta Elena, de sexto grado y con dos hermanas con las que comparte cuarto, tele, baño y computadora para hacer la tarea y jugar. “Nos turnamos según la hora del día que cada una está más despierta” explica y jura que al principio se pelearon tanto que hubo que plastificar un organigrama y cumplirlo al pie de la letra. “El perro casi se va de casa” dice, a contramano de todas esas voces edulcoradas que aseguran que las mascotas y les niñes son los más felices en el aislamiento.
El Estado pide resguardo y la escuela es también un lugar donde se cobijan las emociones que nos educan, por ende, cuán difícil es reponer el sentido de lo colectivo con el mantra en la nuca de #QuedateEnCasa. Porque sin ponerlo en duda en términos sanitarios se vuelve una pregunta enorme: ¿cuánto nos va a costar a las familias sostener a lxs niñxs puertas adentro cuando sus metabolismos piden gastar energía y trenzarse en tribu? ¿Está pensando el Estado en cómo resocializarlos, o solo lo piensan ellos y sus estrategias privadas? ¿Alguien está teniendo en cuenta lo complejo que fue y sigue siendo para las y los docentes reordenar los programas y volcarlos sin la intimidad del aula, experimentando con nuevos modos de ver y de verse en las plataformas virtuales?

Por ahora, ninguna provincia retornó a las clases presenciales, aunque muchas elaboran planes para volver en agosto. Jujuy fue la primera en anunciar un plan de retorno, poniendo el foco en las escuelas rurales y en aquellas que dan albergue a lxs estudiantes, pero el aumento de casos de covid19 frenó el impulso: docentes autoconvocadxs que debían empezar la semana pasada se manifestaron en contra de esta medida. “Quieren implementar una decisión para la que no estamos preparados” dijeron en un comunicado.

En Catamarca, Córdoba y Mendoza pasó algo similar: la circulación del virus detuvo la medida. A nivel nacional, autoridades de Salud y Educación están empezando a reunirse para un regreso escalonado pero la articulación es tan compleja que puede llevarse el año entero.

En AMBA, donde está concentrado el mayor número de casos, no hay una respuesta concreta de la vuelta, sobre todo porque en las últimas semanas creció el riesgo. Desde el Ministerio de Educación de Ciudad aseguran que están trabajando en un protocolo pero no pueden dar precisiones de la fecha. La idea es dar un marco general y que cada jurisdicción lo adapte a sus necesidades. Mientras tanto los días pasan y ya hay nuevas configuraciones en torno al cuidado, la educación y el encuentro de les niñes pero se fue armando en la urgencia.

Para Carla Rizo, del colectivo de docentes de primer grado de la escuela 13 Scalabrini Ortiz, la dinámica se fue armando en el baile, con diferentes situaciones y trayectorias de los grupos, de las familias y de lxs docentes: ”Encontrarse nunca va a ser lo mismo que en la escuela pero en mi caso, que todos los chicos de mi grado tienen internet, pude pensar en otros modos de estar: encuentros más colectivos, otros más individuales, pequeños grupos, encuentros donde no está la maestra y simplemente los produjimos para dejar picando algo y que ellos se encuentren a pensar en relación al contenido o a lo que les está pasando en esta situación. La escuela, además de enseñar a formar comunidad, crea maneras de pensar, construcciones políticas e ideológicas”.

Pensar entre todes el reglamento del aula, o cómo se hace una cuenta empezó a importar más que seguir una currícula a ciegas como si nada pasara. “El recorrido fue pensar la planificación en función de los recursos, que los chicos tengan un contacto con la lengua escrita y cuando volvamos al aula vamos a profundizar más en qué letras voy a escribir para formar una palabra, pero que se queden pensando en algo para nosotras es un triunfo, y también ser conscientes de que no podemos con todo y que hay cosas que vamos a tener que profundizar en vivo. Cada maestra fue construyendo su camino, no hay nada escrito y es muy artesanal, cada quien desde su lugar está encarando su propia revolución pedagógica, de esto no hay precedentes y tampoco hay una cuestión homogénea. El colectivo de docentes todo el tiempo está produciendo contenidos y los están compartiendo así que pienso que vamos a salir victoriosos” dice Carla y cuenta que esta semana se activó en su escuela un trabajo sobre la ESI en línea para “seguir llevando discusiones a las familias y estudiantes: algunas para charlar entre todxs, algunas para ser pensadas desde la individualidad, y compartido o no en función de su deseo. La Educación Sexual Integral no es sólo ‘hablar de relaciones sexuales’. Tiene que ver con aprender a expresar emociones y sentimientos, a reconocer y respetar valores como la amistad, el amor, la solidaridad, la intimidad propia y ajena y a cuidarnos y cuidar a los demás” como explican en la convocatoria vía mail. Para Alejandra Maidana, docente de primer grado del mismo establecimiento, el inicio del trabajo en casa fue la entrada de una catastrófica catarata de plataformas, contenidos, mensajes, organización de mails, de grupos, coordinación intra docentes, con las familias y con les chiques en particular. “Me pregunto cómo es que sobrevivimos a esas primeras semanas y seguimos de pie” dice y agrega: “Primer grado es pura intervención docente para acompañar el maravilloso camino de la alfabetización , del conocimiento del sistema de numeración y sus operaciones. Ni hablar de lo social y su ingreso a la escolaridad primaria. Fue eso lo que más me angustió en un principio. La distancia en el vínculo con eses peques que habían usado su guardapolvo blanco con tanto entusiasmo y alegría tan sólo 8 días. Y la distancia entre elles. ¿Cómo hacer para que de alguna manera se vincularan? Me convertí así, para atraer su atención e intentar generar un vínculo, en cantora, actriz, comediante, periodista, locutora, diseñadora gráfica, youtuber, animadora vía Zoom de juegos online para ver cómo van escribiendo y calculando. Y después de finalizado ese encuentroon line, la compu se apaga y un vacío espantoso flota en el aire de mi casa. No hay devolución, no hay risas, no hay un ¿lo hacemos de vuelta?”

Códigos compartidos

Para Sofía Canevari, docente de música de instituciones estatales y privadas, el cambio a las clases digitales fue muy complejo. “El uso de la tecnología y la no formación para ello, más allá de las habilidades individuales, fue algo que personalmente padecí un montón, pero además no tengo la tecnología adecuada ni el dinero para comprarla. A mí eso me resulta muy frustrante porque tuve ganas de hacer cosas que después no pude. Además no me daba cuenta antes pero tenía muy mala conexión, un módem muy viejo, de muy poca velocidad, y mi celular está siempre estallado, estoy todo el tiempo borrando cosas para que me entren otras. En un momento grabé un video y para subirlo me pedía 36 horas, o 22, y cuando lo intentaba subir, se cortaba. Así he perdido tardes enteras” explica y dice que el salvataje fue hablar con otras personas, otras docentes amigas y compañeras, para intercambiar propuestas o no sentir tan fuerte la soledad del nuevo formato.

“Al principio queríamos hacer cosas muy pretenciosas, o demandamos mucho, y después nos dimos cuenta que no pasa por ahí. Los chicos y las chicas están buscando códigos compartidos, la complicidad, chistes, miradas, payasadas que una pueda hacer, esas cosas que cuando empecé a hacer zoom, me di cuenta enseguida. Hubo una semana que entre las escuelas que tengo y los talleres privados, me quedé sin voz porque gritaba para que me escuchen. Pero si les chiques no pueden resolver lo que les mandás, no sirve. Enfocar la mirada en la complicidad, cómo hacerlos reír, convocarlos a que tengan ganas de estar ahí es la clave” explica y asegura que la amistad se sostiene sola si ese es el punto de partida.

“Lo que hay que sostener es el juego, que tengan ganas de aprender, de encontrarse con cosas nuevas, de sorprenderse” y en eso corre por cuenta de cada unx si quieren o no hacer una videollamada, si se copan con los cumpleaños virtuales o si prefieren hablar con un solo amigo o amiga. “Hay que acompañar esa decisión porque es personal e íntima de cada niñe”. Para Dolores Santos Barreriro, psicóloga de niñxs e integrante de APdeBA (Asociación Psicoanalitica de Buenos Aires) el equilibrio es entre lo general y lo singular. “Fue una movilización muy grande para los analistas de niñes y adolescentes plantearnos qué hacer en esta situación. ¿Era posible y recomendable hacer online las sesiones? Los más audaces se lanzaron y compartieron sus experiencias, en consecuencia muchos nos fuimos sumando a esa modalidad y hasta ahora sí sabemos esto: definitivamente no es lo mismo, ni mejor, ni peor. Con algunos niñes y sus familias se evidenciaron las dificultades, con otros se abrieron aspectos que nos eran desconocidos y que nos plantean un enorme desafío” dice.

La respuesta de les niñes frente a esta propuesta de sesiones on line también fue diferente, están quienes pidieron continuar con el contacto, los que se negaron rotundamente a hacerlo. Muchos profesionales y docentes pensaron que la familiaridad de lxs pibes con las pantallas iba a hacer el trabajo más fácil pero muchxs pueden amar el juego en línea y después responder: “¡Yo quiero que mis amigos vengan a mi casa!”.

El tema de entrar en la intimidad de las familias y el mundo del niñe, su cuarto, sus juguetes, las decoraciones de sus paredes, su cama, también revolucionó las relaciones con analistas, docentes, pares. “Me llamó la atención la aparición del juego de “las escondidas”, ¡sí, he jugado a las escondidas online! Con alguno literalmente, con otros apelando al recurso técnico de prender o apagar cámara o micrófono. Y a pesar de haber pautado la necesidad de que el niñe disponga de un espacio de privacidad para nuestros encuentros, y siendo esto entendido y aceptado por sus padres y madres, es harto habitual las irrupciones de algún miembro de la familia en las sesiones. Hay quienes las aceptan con naturalidad y niñes que las resisten a los gritos reclamando respeto por su espacio” explica.

Les chiques pueden manifestar despreocupación por el corona, sin embargo juegan a “lavarse las manos” o expresan pensamientos que antes no aparecían. “La exigencia a la que se encuentran expuestos los padres y madres en este inhabitual contacto con sus hijes me ha llevado a decirles que no necesitan ser maestros, ni animadores infantiles. Es más importante poder nombrar las emociones que nos embargan en este contexto: enojo, aburrimiento, asfixia, cansancio”.

Comedores, organizaciones sociales, centros culturales y parroquias funcionan como centros neurálgicos de los barrios, no solo para repartir comida o recursos sino para organizar la información. Cecilia Vera, del Centro Educativo Comunitario del barrio Ramón Carrillo de Villa Soldati, explica que las situaciones de mala o nula conectividad y vulneraciones múltiples preceden a la pandemia y alrededor del Centro donde ella trabaja orbitan decenas de familias que no tienen otro tipo de contención: no sólo la entrega de bolsones está organizada desde el Centro y la escuela del barrio sino muchas otras actividades y recursos que se tejieron a pura tracción humana, sin marco estatal ni política que la contenga.

“Hacemos actividades artísticas, deportivas, recreativas, para niños y niñas desde un año (salas de primera infancia) hasta adultos y adultas que pueden terminar su primaria, su secundaria y hacer talleres diversos” explica Cecilia Vera a Las12 y resalta que el tema de los dispositivos es un asunto central, porque en general en las casas hay un sólo teléfono celular a cargo del adulto responsable, (hay muy pocas computadoras) y ese celular sirve para toda la configuración familiar, con lo cual la sobrecarga de los docentes tiene que ver con que no todos los pibes se pueden conectar a la misma hora. “Los maestros y maestras están muy preocupados y ocupados en llegar a los pibes y que no se pierdan en el camino. Hay un encuadre que se hace cada vez más flexible para que les pibes puedan seguir escolarizades” dice.

Maestras que terminan contestando mensajes los fines de semana o a cualquier hora justamente porque saben que ese dispositivo ese pibe o piba lo tiene en ese momento y a lo mejor no lo puede volver a tener hasta el día siguiente. “El plan Sarmiento sacó un flyer diciendo que quienes no tenían computadoras podían pedirlas; en mi caso las pedí para dos familias y nunca se comunicaron con ellas”.

Un fallo del juez Andrés Gallardo ordenó al gobierno de Larreta a proveer dispositivos a todxs quienes las soliciten, pero las computadoras todavía no llegaron. “Si no estuvieran las organizaciones sociales que mayormente están sostenidas por mujeres sería imposible hacer frente a esta situación. Son las organizaciones las que llevan adelante los seguimientos de las personas que están contagiadas o aisladas, las que respiran en la nuca de los funcionarios para que las cosas que dicen que van a hacer, las hagan. En el caso del barrio Ramón Carrillo fue la presión de las organizaciones y el apoyo institucional el que logró que se estableciera el programa Detectar en el barrio, y hay que estar muy encima para que funcione. En el caso de Soldati es esto y la red feminista que formamos hace unos años que sostenemos y que reparan en las necesidades reales de las familias. Ya sabemos que los protocolos son generalidades que después se hacen singularidades y cobran distintas relevancias: qué se hace con los niños y las niñas cuando la persona responsable se contagia o se tiene que aislar, quien hace el seguimiento de las familias, etc” dice.

También hubo muchas situaciones complicadas con el IFE (Ingreso Familiar de Emergencia), personas a las que se les denegó, personas a las que se les complicaba muchísimo hacer el trámite por internet, personas a las que no se les otorgó por cuestiones ajenas a su situación. Complicaciones múltiples donde lo único que apareció para sostener fueron las redes, las mismas que el 3 de junio hicieron una intervención conjunta con un documento que visibilizaba la realidad de los barrios, algo que parece estar fuera de todo esquema estatal.

La villa 31, la 21-24, el Barrio Mugica y Zavaleta tuvieron una articulación total para denunciar las falencias y cranear a futuro. Grupos de whatsapp con las familias, actividades virtuales con materiales que mandan con los bolsones (un cuento, masa, crayones, un cuaderno de artista, entre otras cosas), “y esa contradicción que nos genera que los pibes y pibas estén enfrente de las pantallas desde tan chiquitos, pero no tenemos otra manera”. Para Vera, lo fundamental ahora es sostener vínculos, intercalando lo virtual con lo presencial, que es cuando hacen la entrega y van pegando audios en los celulares para hacer una radio comunitaria en el momento de la entrega con propuestas de los profes del Centro.

“Aprovechamos esas entregas para verlos, sobre todo a los chicos y chicas, aunque sea dos minutos, tratando de que la gente circule rápido, y vamos dando otras cosas aparte del refrigerio que manda el Gobierno de la Ciudad y que es bastante vergonzoso. Los organismos del Estado hacen reuniones parciales, o van diciendo cosas distintas, y se arman tremendas bolas de desinformación. La gente en los barrios se resiste mucho a hacerse el hisopado porque dejar las casas siempre es complicado, entonces la información tiene que ser única y clara” explica Cecilia. Al lado suyo hay un sobre con un corazón que dice “extrañamos estar allí” y ese mantra colectivo se replica en cada boca que formó parte de esta nota y que todavía no sabe cómo ni cuándo va a reencontrarse pero que ha encontrado formas inéditas de hacer abrazo en la tormenta.

Fuente. Pagina12

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