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Bolivia: censura y manipulación de datos

El rol de la prensa adicta al gobierno de facto. “Los medios bolivianos no muestran a los muertos, ni sus historias, ni las condiciones en las que murieron” afirma el politólogo Juan Manuel Karg.

Bolivia: censura y manipulación de datos

Desde que Evo Morales fue depuesto y obligado a exiliarse en México, el gobierno interino de la “autoproclamada” Jeanine Añez se ha abocado a legitimar la ficción institucional de su régimen. El gobierno de facto, que se ha sostenido en una virulenta represión de las manifestaciones en su contra, no podía valerse simplemente del apoyo de las Fuerzas Armadas, necesitaba encontrar el reconocimiento popular que no había obtenido en las urnas. Y, en este escenario, los medios de comunicación bolivianos cumplieron un rol fundamental.

Expresiones como “terrorismo”, “enfrentamientos” y “pacificación” son moneda corriente en los principales medios, mientras que las muertes causadas por la represión luego del golpe (o el mismo reconocimiento de la existencia de un golpe de Estado en el país) brillan por su ausencia. ”Los medios bolivianos no muestran a los muertos, ni sus historias, ni las condiciones en las que murieron. Argumentan que las Fuerzas Armadas actúan para garantizar el orden interno del país. El objetivo es demonizar la figura de Evo Morales y el Movimiento Al Socialismo (MAS), instalar la idea de quienes se están movilizando contra el golpe son bandas de delincuentes pagadas”, enumeró el politólogo argentino y magíster en Estudios Sociales Latinoamericano, Juan Manuel Karg. “Hay una fuerte manipulación mediática para justificar el gobierno de facto, que la prensa boliviana llama ‘gobierno de transición’”, explicó Karg, quien, desde Argentina, ha ido cubriendo el desarrollo del golpe desde la renuncia forzada de Evo Morales el 10 de septiembre y, por este motivo, ha recibido amenazas desde diferentes sectores del gobierno de Añez.

La televisión, una de las principales fuentes de información en el país, está dominada principalmente por cuatro medios: UnitelRed UnoATB Bolivia TV. Los dos primeros tienen base en Santa Cruz, ATB con base en La Paz y Bolivia TV (el canal estatal), con una audiencia es principalmente rural. Respecto a los medios gráficos, el diario más leído en Bolivia es El Deber, un periódico muy conservador de Santa Cruz, al que se suman La Razón Página Siete. Este último, si bien no supera los 2500 ejemplares, tiene una gran audiencia a través de su página web ( es “el buque insigna de la derecha” según algunos periodistas bolivianos). Si bien al interior de las redacciones y los canales se dan varias resistencias por parte de periodistas (e, incluso, algunas autoridades gerenciales), la línea editorial de estos medios coincide en un directo apoyo al “gobierno interino” de Añez.

“Hoy en día, la población boliviana, sobre todo la izquierda, se está informando más por la prensa argentina que por la prensa boliviana”, confesó el director de uno de los principales medios de Bolivia que, por cuestiones de seguridad, pide que no se de a conocer su nombre. Su caso no es el único, varios periodistas bolivianos denuncian estar siendo amenazados, despedidos y amedrentados en la calle.  Varios canales de televisión – como el estatal Bolivia TV o Abya Yala TV - y radios comunitarias han sido ocupadas por los “cívicos” (cómo se llama a los grupos que protagonizaron las marchas antigubernamentales previas al golpe).

El gobierno de Añez intervino el periódico nacional y hasta le cambió el nombre y el isotipo que lo identificaba: pasó de llamarse Cambio, a Bolivia. Por otro lado, en un episodio que tuvo una fuerte repercusión internacional, la ministra de Comunicación del gobierno de facto, Roxana Lizárraga, llegó a acusar a los periodistas que cubrían las protestas contra el golpe de ser “sediciosos”. “Los medios de comunicación tuvieron que comenzar a cuidar el lenguaje porque hay mucho miedo. Impusieron la peor de las censuras”, advirtió el empresario mediático.

Una de las consecuencias más importantes de esta censura ha sido el silenciamiento de los números de muertos que ha causado la represión. Desde que Evo Morales renunció presionado por las Fuerzas Armadas, se han registrado un total de 30 asesinatos, sin embargo los medios del país casi no hacen referencia al tema. Y, cuando lo hacen, aducen que se dieron en el contexto de un “enfrentamiento”.

“Los temas principales en las tapas continúan siendo el ‘fraude electoral’ cometido por Evo, por un lado, y los ‘atentados terroristas’ cometidos por las ‘hordas masistas’, por el otro”, indicó el director del medio boliviano, y justificó: “Esto es así por dos motivos. Por un lado, casi el 60 por ciento de los ingresos de los medios de comunicación depende de la publicidad estatal. Quien maneja la billetera ha cambiado y, por lo tanto, también lo han hecho las lealtades. Por otra parte, gran parte de los periodistas pertenecen a una clase media que ha sentido mucho la violencia y el desabastecimiento de las últimas semanas y lo único que quieren ahora es la ‘pacificación del país’”, analiza el periodista.

En términos generales, la configuración mediática del golpe se sostiene en la premisa de que, luego de que Evo Morales decidiera irse del país debido a las protestas que se oponían a llamar a nuevas elecciones después de las irregularidades del 20 de octubre, se generó un vacío de poder que Añez vino a ocupar. Los medios buscan aplicar un barniz de institucionalidad al nuevo gobierno y, para hacerlo, hablan de que existen “bandas de delincuentes” que buscan bloquear el país.

A la demonización del MAS, se le suma la demonización del mismo Evo, quien ha sufrido numerosas operaciones mediáticas, como la exhibición de sus dependencias personales en Casa Grande del Pueblo (“parece la habitación de un jeque árabe”, le dijo la ministra Lizárraga a los periodistas). La otra cara de este accionar es, a su vez, la invisibilización de las multitudinarias movilizaciones contra el gobierno de Añez.

Frente a este déficit informativo, la mayoría de los bolivianos decidieron volcarse a los medios internacionales y a Internet. Día a día se suben decenas de posteos, imágenes y videos que dan cuenta de la situación en Bolivia. “No existe esa cobertura en la prensa boliviana”, determinó Karg y recordó el episodio -viralizado en las redes- en el que un corresponsal de The Guardian, que había ido cubrir los los asesinatos cometidos en El Alto, fue recibido con aplausos y gritos de agradecimiento por los habitantes del lugar. Casi ningún otro medio había subido a la zona a ver a sus muertos.

Fuente. Pagina12

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