POLITICA

Naufragó reunión de la CGT

Los cosecretarios Héctor Daer y Carlos Acuña finalmente no citaron al Consejo Directivo. Sectores dialoguistas dilatan las reuniones para evitar un apoyo a la movilización, y mucho menos, al paro general. Temor al “síndrome del atril” y a Moyano. Exigirían encuentros una vez por mes.

Naufragó reunión de la CGT
Finalmente el Consejo Directivo no se reunió. Hace 126 días que los líderes de la CGT no se sientan en sus sillones de Azopardo al 800 para analizar los próximos pasos de la central obrera.La marcha del 4 de abril a Plaza de Mayo contra las políticas del Gobierno de Cambiemos descolocó a los sectores gremiales de mejor diálogo con la Casa Rosada. Los dos secretarios generales a cargo Héctor Daer y Carlos Acuña prefirieron prolongar el letargo.
Independientes y los “gordos” de los grandes gremios de servicios buscan evitar, por todos los medios, que una masiva congregación callejera opositora afecte las negociaciones abiertas por las nuevas regulaciones sobre obras sociales sindicales. Tampoco quieren exponerse nuevamente al clamor de un paro general. Incluso, algunos caciques cegetistas ni siquiera están dispuestos a aparecer públicamente por temor al escarmiento. Le dicen el “síndrome del atril” por las violentas reacciones sucedidas en la marcha del 7 de marzo de 2017, donde el trunvirato no se animó a poner una fecha a la huelga y la jornada terminó con corridas, puños y patadas al aire y un escenario copado por militantes de izquierda.Esta no es la primera suspensión. La anterior fue el jueves 28 de febrero. Días antes, Acuña había dichos públicamente que “no había que descartar un paro general”. Ese testimonio empantanó la convocatoria. La última vez que se juntaron fue el 8 de noviembre pasado. En ese cónclave, acordaron suspender la quinta medida de fuerza contra Mauricio Macri y celebraron el bono optativo que avaló el Gobierno por decreto. El año pasado la primera reunión de Consejo Directivo ocurrió el 5 de abril. En la CGT no consideran “llamativa” la demora del 2019. “Ya nos vamos a juntar”, dijo uno de los miembros de la CD . El año electoral complica los planes. La mesa sindical “Lavagna 2019” que armó Luis Barrionuevo entusiasma y preocupa al mismo tiempo. Al igual que la dilatada renovación de autoridades.

La salida de los gremios moyanistas del Consejo y la fundación del Frente Sindical para el Modelo Nacional (Fresimona) presionan puertas adentro. Los dirigentes que todavía controlan el canal de diálogo con el oficialismo creen que detrás de las renuncias y el fin del triunvirato se esconde las intenciones de Hugo Moyano de regresar al poder de la Confederación.Por lo bajo, repiten que no tiene los votos suficientes para lograrlo y que el Consejo nunca le aprobará la incorporación de las nuevas organizaciones que hoy lo escoltan.

Además del Fresimona, que une al Smata, la Corriente Federal de Trabajadores y a las dos CTA, los Moyano se escudan en la Multisectorial 21F, que les permite cruzar un puente al Vaticano a través de Gustavo Vera. En la CGT miran con recelo la llegada directa del camionero y sus hijos al Papa Francisco. El protagonismo que tuvieron en el coloquio del Transporte de la semana pasada en Roma es un ejemplo. Ese convite fue organizado por la Pontificia Academia de las Ciencias, que hace 20 años conduce Marcelo Sánchez Sorondo. El 21F aglutina a más de 1.500 organizaciones, entre ellas, decenas de gremiales de base que resisten a los secretarios generales inmóviles de la Capital Federal y toman decisiones en el Interior sin consultar. Otra señal de alerta.

En este marco, trascendió que algunos de los sindicatos que todavía integran el Consejo y que no están alineados a Daer ni a Acuña evalúan exigir a los cosecretarios el cumplimiento efectivo del estatuto de la CGT y obligarlos a que se convoque a una reunión plenaria por mes. La prevista para este jueves, naufragó.

Fuente: ámbito.com

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