CULTURA

El actor que casi va preso por actuar

Ariel Núñez estaba representando un personaje, un linyera en plena calle Corrientes y llegó la policía. Si no fuera por su productor, lo apresaban. Es el protagonista de la obra Ícaro, pequeños misterios sobre el éxito. “Todas las obras que hago tienen que ver con lo social”, asegura.

El actor que casi va preso por actuar

Recostado sobre un colchón, enfundado en abrigos superpuestos, los brazos ennegrecidos por el paso de los días. Una botella visible y a medio vaciar. Los transeúntes de la vereda par de Corrientes al 1600 casi no reparaban en él. Era otro desconocido que pedía. En un momento levantaba la voz y alguien se sobresaltaba. O imploraba algo parecido a una oración religiosa. “Hay una puerta que conduce a otro mundo”, avisaba con una resonancia medio mística. Pero lo que más se le escuchaba era bien concreto. Una demanda de ayuda. “Algo para comer. ¡Una moneda por favor!”, insistía como en eco. La mayoría de las veces sin resultado. El hombre de la vereda vio de pronto acercarse a un policía. El uniformado venía dispuesto a colocarle las esposas. Lo había llamado el dueño del restaurante Garbo, Corrientes 1630. Estaba molesto porque le estropeaba la promoción. Los volanteros intentaban sumar comensales, el indigente los espantaba. Pero grande fue la sorpresa del policía, del propietario y de los empleados: el mendigo se llamaba Ariel Nuñez. Y en realidad era un actor que estaba representando un personaje.

La escena del actor que casi termina preso no fue parte de un experimento sociológico, tampoco de una cámara oculta. Sucedió el último viernes de agosto en pleno centro de Buenos Aires.

Nuñez es el protagonista de la obra “Ícaro, pequeños misterios sobre el éxito”. Escrita y dirigida por el dramaturgo Matías Payer, retoma el mito griego del joven alado al que el sol le derrite la cera que une sus plumas y lo hace caer al mar. En el texto de Payer, Ícaro es un director de teatro que termina en la ruina, en la calle, estafado por un productor tras haber renunciado a sus búsquedas artísticas en pos de un éxito comercial que al final no fue. Tras acordarlo con el autor y director, el personaje de Nuñez arranca la historia fuera de las instalaciones de la sala (Teatro Porteño, Corrientes 1630, subsuelo). Aunque los espectadores no lo saben, la acción se inicia con Ícaro (Nuñez) instalado en la vereda, confundido por los peatones como un habitante más del ejército de gente ‘sin techo’ que sobrevive todos los días en la calle.

La anécdota del estreno todavía impacta al protagonista. Con experiencia en teatro y participaciones en cine y televisión, Nuñez se caracteriza como Ícaro todos los viernes a las 19:30. Ingresa al teatro, se acomoda en los camarines, y tiempo después sube desde el subsuelo hasta la calle reconvertido en otra persona. Arrastra un colchón gastado, la cara tiznada con una espuma grasosa y el envase de vidrio como parte de la escenografía. En el hormigueo constante de un viernes a esa hora, la gente no lo ve aparecer desde el teatro. Ícaro es, desde ese momento, otro individuo anónimo de la ciudad. Y, como tal, se confunde con el entorno.

“Esta es la cuarta función que estamos haciendo. Llevamos casi un mes. Todas las obras que hago tienen que ver con lo social. Por lo menos intento que así sea. Yo pretendo que la gente no sólo tenga un espectáculo que viene a ver, sino que se lleve algo puesto. Como regalarle algo de consciencia”, cuenta el actor en diálogo con Tiempo mientras se maquilla, se embadurna el pelo y prepara su vestuario. Comparte el camarín con el resto del elenco.

En la idea original del director, la obra comenzaba en la antesala del teatro con la irrupción de Ícaro, medio a los gritos, mientras remolcaba su colchón y las pocas cosas de su ranchada. Nuñez propuso que antes de eso el personaje principal permaneciera 20 o 30 minutos en la vereda de Corrientes pidiendo monedas o algo para comer. La modificación fue aceptada. Y así fue que hasta los propios asistentes a la función lo tomaron como un habitante de la calle. Otro más. “El inicio desde la antesala no surtía el mismo efecto que con una persona que se mete en el teatro, un linyera, un rechazado, que ve luz y entra. La idea es la de un tipo que está ahí pidiendo plata, que ése es su día a día. Que la gente se ponga en el lugar del otro”, explica el protagonista.

-¿Cómo fue el incidente del estreno, cuando la policía llegó para apresarlo? –pregunta Tiempo.

-En relación con lo que pasó, el dueño del restaurante de arriba llamó a la policía. Se ve que le molestaba para la promoción de su restaurante. Nosotros no le habíamos avisado a nadie de la gente de alrededor. No sabíamos que esto iba a generar algún problema. Pero el dueño del restaurante empezó a los gritos. En un momento el tipo me dice: ‘Mirá, yo primero llamo y después pregunto’. Y así fue. Entonces vino la policía. Cayeron con las esposas en la mano. Ya contaban con la idea de arrestarme sin preguntar. Pero el policía se sorprendió mucho cuando vio que era parte de una obra de teatro. Yo, igualmente, seguí trabajando. Porque estaba en medio de la obra. El que sí intervino fue el productor (Guido Formichelli). Después, con el dueño terminamos a las sonrisas y los abrazos. Esta vez salió bien. Pero no siempre es así.

Teatro sin red

Otra experiencia fuerte para el protagonista de “Ícaro, pequeños misterios sobre el éxito” fue descubrir la reacción de la gente ante alguien que les pide ayuda. “Lo de la calle no lo ensayamos nunca. Tampoco me imaginé que iba a ser cómo fue. Toda la gente responde diferente. Unos con miedo, otros con sonrisas nerviosas. Y eso es lo maravilloso: uno no tiene control sobre lo que genera en los demás. Cada uno responde como puede. Cuando las cosas están cómo están, con cada vez más gente en la calle, y menos gente que puede llegar a fin de mes, esto es una alarma”, dice el actor.

“En la composición del personaje traté de ir a lo real. Ir a lo que siente un tipo así. El linyera, Ícaro, es como el ángel caído. Terminó en la calle, de alguna manera, por ser infiel a su arte. Era un escritor conocido, se vendió a la idea de una sociedad más mercantilista, más animal y menos humana, y le fue mal. Terminó atormentado por los mismos personajes que él había creado”, detalla Nuñez ya en relación con el texto.

La obra sobre el Ícaro linyera en Buenos Aires está en cartel en el Teatro Porteño, todos los viernes a las 20:30. Acompañan al protagonista, en los otros papeles, Pol Ajenjo (Baldo El Jorobado), Camila Giudice (Yoana La Desgraciada) y Diego Gallardo (Presentador).

Fuente: tiempoar.com.ar

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