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Moreno obtuvo el respaldo, pero Correa queda como principal opositor

El SI ganó ampliamente y Moreno festejó el respaldo popular a su gobierno. Pero Correa mostró que un porcentaje alto de los ecuatorianos le sigue siendo fiel. La grieta interna excluye otra oposición.

Moreno obtuvo el respaldo, pero Correa queda como principal opositor

Los previsibles resultados del plebiscito realizado el domingo en Ecuador otorgan una legitimidad que hasta ahora no tenía al presidente Lenin Moreno. En efecto, en las siete preguntas formuladas al pueblo ecuatoriano a través del referéndum ganó el SÍ, que era la opción defendida por el Gobierno. Sin embargo, el 36% que obtuvo el NO en la crucial pregunta sobre el límite a la reelección presidencial, deja al ex presidente Rafael Correa relativamente bien parado, no solo como referente opositor, sino como propietario de la mayoría de los votos de lo que fue Alianza País, en el marco de la sonada ruptura política entre ambos líderes.

Por eso, tras conocerse los resultados, ambos festejaron. Más y mejor Moreno, claro. Con este aval popular, se ve legitimado como presidente y, además, logra bloquear legalmente una eventual nueva candidatura de Correa e incluso una de su ex vicepresidente (y también ex vice de Correa) Jorge Glas. Adicionalmente, también queda habilitado para expulsar de organismos de control a funcionarios correístas.

Las otras preguntas del referéndum en las que también triunfó el SÍ eran menos conflictivas: límites a la extracción petrolera y minera en zonas protegidas, imprescriptibilidad a delitos sexuales contra menores de edad y límites a una ley que imponía tributos a propiedades.

La expectativa que hay ahora es ver qué hará Moreno con este capital político. Por Twitter, su rival en la segunda vuelta, Guillermo Lasso, le exigió que haga un giro en las políticas económicas. Traducido, quiere decir que tome medidas pro-mercado en línea con las que vienen promoviéndose en Argentina y Brasil, dos países donde, de diferente forma, fueron desplazados del poder gobiernos “populistas” por fuerzas pro-mercado.

Pero, más allá de los deseos de Lasso, no está claro qué rumbo tomará Moreno, que ha demostrado un pulso fuerte para deshacerse de su ex jefe y expulsar del gobierno a su vicepresidente, puesto allí por Correa con la intención de controlarlo.

Hasta ahora, Moreno ha optado por una especie de camino intermedio en el que, más allá de tomar deuda en el exterior y forjar alianzas políticas con sectores históricamente opositores al correísmo, también ha conservado políticas importantes del gobierno anterior, como el aceitado vínculo económico con China y -en menor medida- Rusia, acercamiento que se replica en muchos países latinoamericanos y que ha sido cuestionado por el presidente norteamericano, Donald Trump, en su último discurso. Tal vez, no haya hoy margen real para romper esa relación sin grandes perjuicios económicos.

De su lado, Correa puede jactarse de que, tras el divorcio político con Moreno, se ha quedado con la mayor parte de los votos de lo que fue Alianza País. En la primera vuelta de las últimas presidenciales, efectuada en febrero de 2017, AP obtuvo poco más del 39% de los votos y, en la segunda vuelta, en abril, superó el 51%. Ahora, en la pregunta referida al límite a la reelección, apuntada específicamente contra Correa, el NO llegó a casi el 36%. Legítimamente, Correa salió a “vender” ese porcentaje como propio. Solo él y su espacio hicieron campaña por el NO en el plebiscito.

Hay más. En el correísmo consideran que la victoria del SI tiene muchos “padres” y no es exclusiva de Moreno, ya que los antiguos dirigentes opositores (como Lasso), más allá de los matices, también respaldaron el SÍ, mientras que el porcentaje del NO, en cambio, sí es exclusivo de Correa.

Pero, cuando el Congreso transforme en leyes los resultados del referéndum, Correa quedará imposibilitado legalmente para volver a ser presidente. No es el único de sus problemas. Liberado definitivamente de su tutela y empoderado, Moreno impulsará o, al menos, habilitará investigaciones judiciales por corrupción durante la gestión de Correa.

El caso Odebrecht sirvió como herramienta para expulsar del gobierno a Glas y podría alcanzar a Correa, pero no solo el gigante empresarial brasilero está implicado en negocios sucios en Ecuador. Tras una ruptura con el ala izquierda de su espacio político al comienzo de su gestión, Correa dio espacio en su gobierno a los hermanos Alvarado, famosos en el país por su pragmatismo y eficacia, pero, también, por su afán por los negocios espurios y la corrupción.

En una foto que se replica en muchos países de la región, la democracia ecuatoriana muestra también una grieta de difícil resolución en lo inmediato. Está claro que, más allá de las denuncias que le hagan, Correa retiene un porcentaje importante de apoyo popular, insuficiente para volver al poder pero más que suficiente para impedir que se conforme otra opción opositora al gobierno. Paradójicamente, la pelea Moreno vs Correa, como lo fue su antiguo acuerdo, sigue dándoles beneficios a los dos.

Fuente: Letra P

 

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