ECONOMIA

El Banco Central compró U$S 280 millones y sumó divisas a las reservas

La política de la entidad financiera ofrece buenos resultados. En la rueda de ayer las reservas se incrementaron en 200 millones de dólares.

“Empieza a llegar la etapa dulce”, explica Eduardo Curia. No le faltan razones al economista. En el Gobierno esperaban el segundo trimestre para alzarse con parte de los dólares provenientes de la cosecha de la soja que a fin de año grandes productores y exportadores se negaron a declarar. Ayer, el Banco Central compró en el mercado U$S 280 millones y se tomó un respiró después de que el jueves las reservas se ubicaron muy cerca de los U$S 27.000 millones.

“Es natural porque se inicia el proceso por el cual se liquidan las exportaciones agropecuarias y va a haber una recomposición de las divisas del Banco Central. Es un proceso racional en esta época del año”, ratifica Abrahm Gak.

La entidad a cargo de Juan Carlos Fábrega engrosó sus arcas y evitó que continuaran cayendo. Es más, se ubicaron en torno de los U$S 27.207, es decir, U$S 200 millones más que el día anterior.

Todo ello pese a que debió desembolsar alrededor de U$S 58 millones por la compra de energía y otros U$S17 millones por vencimientos de intereses con organismos internacionales.

El Central no sabe cuánto va a sumar en estos tiempos “dulces”, pero todas las energías van a ubicarse en este camino porque es el momento ideal para cosechar dólares. Después empiezan los ruidos electorales y el gobierno tiene que prepararse para que el “mercado”, siempre entendido como un pequeño grupo de forajidos organizados, intente apretar (desestabilizar) más al ejecutivo para que se subordine a sus intereses apostando a un desgaste continuo.

En este contexto, la mejor alternativa que tiene el Banco Central es engrosar las reservas para contar con un margen de maniobra más amplio en un contexto en el que se necesitarán más divisas si empieza a repuntar la economía y crecen las importaciones y, por ende, la demanda de dólares para cubrir las compras en el exterior.

“Hay un giro estratégico a partir del último bimestre del año pasado. Este cambio se produjo porque un esquema llegó a su punto de saturación por el retraso en el tipo de cambio”, apunta Curia, un hombre que históricamente ha predicado por un peso devaluado para mantener la competitividad de la industria.

Sin embargo, hay muchos que se suben al discurso “productivista” de Curia para justificar una mayor presión sobre el peso y ejercer una fuerte presión devaluatoria que, en realidad, busca esencialmente marcarle el camino al gobierno. Curia tiene la estatura de un teórico pero detrás de su visión hay muchos sectores que se suben a este carro para justificar y darle un marco conceptual a los ataques contra el modelo económico.

“El estado tiene que tomar una medida que evite un ejercicio indiscriminado de la liquidación de granos. Hay dos cosas que no podemos tolerar: una es generar falta de abastecimiento interno como en el caso del trigo, y que no liquiden las exportaciones. Ya lo hicieron una vez y no dejemos que lo hagan otra vez”, se sincera Gak.

El experto del Grupo Fénix adelanta un debate que el gobierno mantiene latente, una puja que está en ciernes y que el ejecutivo en algún momento tendrá que afrontar. Mantener una impronta “promercado” con tasas de interés altas, una economía con bajo nivel de crecimiento e inflación en baja o un país en la que “el Estado ejerza sus potestades”, como sostiene Abraham Gak.

Por ahora, todo está relativamente tranquilo en el frente financiero. El dólar blue retrocedió cinco centavos y se ubicó en $ 10,70 debido a la menor demanda y sigue bajando la brecha con el tipo de cambio oficial, que se ubicó en torno del 34 por ciento.

Además, el “contado con liqui” se desplomó a $ 9,65 y el dólar bolsa descendió a $ 10,13. Hoy hay calma, por lo menos entre los mercados, pero la economía real empieza a sentir los dolores propios de un crecimiento que se angosta mientras los bancos engordan sus beneficios.

Cupones del PBI cayeron 8%

Luego de la definición del nuevo sistema de medición de la economía, los cupones atados a la evolución del PBI cayeron otra vez. Ayer, el traspié fue del 8% en la última jornada de la bolsa, al revertir una baja que alcanzó en un momento el 12 por ciento.

Los cupones nominado en dólares sufrieron una caída menor; 3,7 por ciento. La pérdida continua del cupón atado al PBI está asociada a que los inversores financieros dan por hecho que no va a haber marcha atrás en la utilización del nuevo sistema que se utilizó para determinar el crecimiento, que tiene una mayor ponderación en la actividad industrial. Los nominados en dólares cerraron con una baja del 3,7 por ciento.

El jueves último pasado, el jefe de Gabinete, Jorge Capitanich desmintió versiones sobre una revisión de la evaluación del PBI y a partir de ahí los cupones se vinieron abajo.

Según indicó, los economistas “hacen una interpretación que no es compatible con la interpretación que hace el Estado Nacional. El cálculo es correcto y no debe pagarse el cupón de PBI en 2014″, enfatizó.

El Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC) anunció la semana pasada que la economía creció 3% y de esta forma no alcanzó el 3,28%, el mínimo indispensable para liquidar unos U$S 3500 millones en concepto de deuda por el cupón del PBI.

El Estado argentino se ahorró este dinero pero los tenedores de los cupones empezaron a desprenderse de los títulos por temor a que la nueva forma de medición del crecimiento pusiera en duda liquidaciones futuras.

Fuente: Tiempo Argentino

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