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“Es el momento de recuperar horas de clase”

Tras el acuerdo que permitió cerrar la paritaria docente, el gobernador bonaerense, Daniel Scioli, confirmó que desde mañana debatirá con los gremios cómo asegurar la totalidad del ciclo lectivo. Además, para garantizar el aumento impulsará una moratoria impositiva extraordinaria.

“Es el momento de recuperar horas de clase”
Los allegados del gobernador Daniel Scioli exhiben los rastros de una jornada larga y cansadora. El día después del acuerdo salarial que puso fin a los 17 días sin clases encontró a Scioli en su reducto de Villa La Ñata. Rodeado de gente de confianza, entre las mesas del buffet del club de fútbol, el gobernador repasa una y otra vez los pormenores y las consecuencias del prolongado conflicto con el Frente Gremial Docente. Scioli está aliviado, no lo disimula.
El mandatario provincial tampoco oculta que sintió “angustia” durante las últimas semanas. Sin embargo, la palabra que más utiliza a lo largo de los 40 minutos del reportaje con Tiempo Argentino, el concepto al que acude una y otra vez, es “responsabilidad”. “Ser responsable” es, por lo visto, uno de los atributos por los que se considera con chances de llegar a la presidencia.
El color que predomina en el interior del club Villa La Ñata es, como se sabe, el naranja. El tono que ya es marca registrada de la campaña sciolista se complementa con el grupo de esculturas que decoran las instalaciones del bar. Entre las mesas se pueden ver figuras de Carlos Tevez y Diego Maradona, del dúo Pimpinela, de Cacho Castaña, del presidente del Mercado Central, Alberto Samid, quien literalmente tiene la vaca atada (la estatua lo muestra arrastrando con un lazo a un ternero). Las imágenes podrían formar parte de un altar de los afectos del gobernador, quien tiene relación con cada uno los nombrados.
Scioli recibe a este diario junto a un pequeño grupo de colaboradores, entre ellos su hermano José, alias “Pepe”. También lo acompaña su vocero, Juan Courel. Según las crónicas de campaña, el gobernador encargó a su hermano el armado de una mesa política “Scioli 2015″ y de los equipos multidisciplinarios que tendrán visibilidad una vez que termine el Mundial de Brasil. El gobernador es un fino cultor del manejo de los tiempos: cada vez que le preguntan por el tramo crucial de la pelea por la sucesión de Cristina se pone serio y habla de las urgencias de la gestión.
–Tras 17 días de paro, finalmente se llegó a un acuerdo. Un promedio salarial de 32% y 38% según las categorías.
–30,9% de promedio en general, en toda la escala salarial. Que es alrededor de lo que se está promediando en otros sectores, tanto del sector público y privado.
–¿Cómo se va a financiar esta suba, que es muy significativa, dada la masa salarial de la provincia de Buenos Aires? ¿Y por qué tardó 17 días esta negociación? 
–Porque había una posición de inflexibilidad, de intransigencia, a la que yo ya he hecho referencia. Que era de 35%, o no había acuerdo. Eso es lo complicado. Pero más allá de lo que pasó, lo importante es que los chicos el lunes están en las aulas. Yo en todo momento busqué eso. Nunca perdí de vista que lo esencial era superar esto. Por eso yo veía inclusive, a veces, una desproporción entre un paro por tiempo indeterminado y los esfuerzos que estamos haciendo para poder alcanzar una exigencia vital para la provincia de estas características, y sin aumentar impuestos. Porque lo estamos haciendo luchando contra la evasión, impulsando moratorias y regularización de las deudas pendientes con el fisco. Esta diferencia, de 850 millones entre la última oferta y esta mejora, la vamos a alcanzar con esa moratoria. Ayer estuvimos trabajando sobre eso con (Iván) Budassi, el director de ARBA.
–Baradel planteó que la gobernación debía aumentar lo que cobra por el Impuesto Inmobiliario Rural y el juego.
–Veamos objetivamente estos temas, porque a veces se dicen cosas… Mi gobierno hizo un revalúo que no se hacía desde la época de (Domingo) Mercante (NdR: gobernador de Buenos Aires entre 1946 y 1952). Fue un revalúo reconocido por todos los sectores. Tuvo un impacto no sólo provincial sino también nacional, en los impuestos patrimoniales, de más de 3000 millones de pesos. Y, por otro lado, el juego: se aumentó del 2 al 12 por ciento. Seis veces más de ingresos brutos. También le pusimos impuestos al cable, a las telefónicas, que eran sectores intocables en la provincia de Buenos Aires. Porque hicimos todo eso la provincia pasó del 42% de recursos genuinos a más del 60 por ciento. Atamos el sistema fiscal al crecimiento, vía las políticas nacionales, y a través de un órgano profesionalizado como ARBA. Para mí hubiera sido mucho más sencillo preguntarles el primer día: “¿Cuánto quieren?” “Tanto” “No hay ningún problema”. “A ver, el Banco Provincia, hagan un giro”. Y eso hubiera significado que la plata de los ahorristas, en lugar de ir asistir con crédito a las pymes, a los emprendedores, a todos los sectores productivos, se hubiera endeudado a la provincia para cubrir su déficit. ¿Cómo terminó eso en el pasado? El Banco Provincia, fundido, y la provincia, con déficit histórico y patacones. Cuando hablan de crear impuestos hay que tener dimensión de lo que están hablando. Y yo también tengo que cuidar el esfuerzo que se está haciendo para cuidar la competitividad y no retroalimentar expectativas inflacionarias. Hay impuestos que si vos subís las alícuotas, eso se traslada automáticamente a los precios. Por ejemplo, Ingresos Brutos.
–¿Pero está garantizado que se va a financiar el aumento a los docentes con esa moratoria?
–Sí. Es una moratoria extraordinaria que está en curso y que vamos a intensificar.
–Este paro despertó distintas interpretaciones. Como que hubo motivaciones políticas, sobre todo de sectores que ansían llegar a la presidencia en 2015. 
–En un momento como este, en el que se ha anunciado este acuerdo y con el ciclo lectivo normalizándose, yo prefiero poner el esfuerzo y la energía en lo que lo tengo que poner. Algunos por ahí bregan porque se concrete aquello de “cuanto peor, mejor”. O especulan con que el país tenga zozobra, o la provincia tenga  inconvenientes. Siempre hay una impronta mezquina o egoísta en la política, que no condice para nada con la esencia de lo que yo interpreto que tiene que ser la alta política. Buscar el bien común, descomprimir conflictos. Este no es el momento de alimentar estas cuestiones, sino de recuperar los días de clase.
–¿Y cómo se van a recuperar?
–Primero, cicatrizando las heridas que puedan haber quedado. Hubo situaciones desagradables, como el hecho que padeció (la ministra de Economía) Silvia Batakis. Estamos hablando de educación, y ocurrió una cosa de esa violencia. También hubo situaciones en las puertas de algunos colegios: los padres iban a protestar porque las aulas no estaban abiertas. Yo tengo que evitar enfrentamientos, tengo que pacificar.
–¿Concretamente, cómo se va a recuperar el mes sin clase?
–Vamos a trabajar a partir del día lunes (por mañana) con los gremios y la comunidad educativa. Ya lo tiene Nora De Lucía como una de las prioridades. Hay distintas alternativas. Veremos la forma. No sabemos aún.
–En la actividad docente, cada vez que aparece la urgencia salarial, se postergan otros debates, como el presentismo, o también cierto “doble estándar” de algunos docentes que hacen paro en las escuelas públicas y trabajan en las privadas. Este año, además, se sumó la idea de declarar a la educación como un servicio público esencial. ¿Qué va a pasar con esos debates?
–Son debates que se han planteado en la Argentina y que se han dado en varios países latinoamericanos. Ecuador, Colombia, Venezuela, Brasil. En algunos de esos países han fijado los días de clase mínimos por año, que están incluso en la Constitución. En otros, han declarado servicios esenciales a los servicios educativos. No se trata de limitar el derecho a la huelga, se trata de hacer prevalecer el derecho del acceso a la educación. Pero yo no quiero ahora, en este momento, en que se descomprimió el conflicto, abrir debates. Hay que darlos en los ámbitos correspondientes: el Poder Legislativo. Nosotros vamos a poner toda nuestra energía en tener el mejor ciclo lectivo posible a partir de ahora. Estamos hablando del sistema educativo más grande de Latinoamérica.
–En términos de imagen personal, ¿qué tanto lo afectó estos 17 días de paro?
–¿Usted vio alguna vez que yo haya tomado decisiones pensando en mi imagen personal? Cuando fue el conflicto del campo, ¿dónde estaba? Cuando las candidaturas testimoniales, ¿dónde estaba? ¿Cuántos más casos quiere que le cuente? ¿Por qué no miran mi sentido de la responsabilidad para darse cuenta cómo yo actúo con el sentido del deber ante los compromisos que la gente me va confiando? ¿Cómo voy a estar evaluando todo según lo que me convenga a título personal? Si así fuera, hubiera resuelto el problema en dos minutos. Pero violentando una situación y generando una influencia negativa sobre el conjunto del país. Si la provincia fijaba un aumento promedio del 35%, ¿qué ocurría? Y, por otro lado, cuando quieren comparar Buenos Aires con otras provincias, yo les digo: hagan la cuenta de la cantidad de cargos en proporción a la cantidad de alumnos. ¿Qué más quiero, como peronista, sino que los trabajadores estén lo mejor posible? Todo eso vuelve al consumo, en bienestar.  No están hablando con un improvisado: hablan con una persona que tiene 254 paritarias en su espalda.
–Para el 10 de abril está convocado un paro nacional por la CGT de Moyano y la CTA de Micheli. ¿Qué opina de esa medida de fuerza en este momento político y económico? 
–No es justo para con un gobierno que ha generado tantos puestos de trabajo, que ha generado tanto avance en la distribución del ingreso. Porque este es un momento en el que, en primer lugar, se están haciendo grandes esfuerzos para cuidar el empleo. Y después, dentro de cuidarlo, poder mejorarlo. Este gobierno tiene mucha autoridad para hablar de empleo.
–¿El retiro gradual de subsidios al consumo de gas y agua puede incidir en el paro? 
–Lo explicó la presidenta. Hubo un momento en el cual los subsidios generalizados eran una herramienta para apuntalar esa Argentina devastada. En otro momento, en la medida en que se van normalizando algunas cuestiones, y con la misma responsabilidad y haciendo un paralelo –salvando las distancias– con las decisiones que yo tomo, también la presidenta podría haber dicho: “Y, bueno, qué sigan los subsidios, total yo tengo un tiempo por delante y después, el que venga, que se arregle como pueda.” Eso merece el mayor reconocimiento. Porque es un gobierno nacional que está buscando todo el tiempo no tirar la pelota adelante, sino resolver los problemas del país. Y darle cada vez más solidez a este proyecto. Buscando la soberanía energética. Desacelerando la inflación sin sacrificar el mercado interno. Dándole respuestas a todos los que auguraban que esto se iba al diablo, que nos quedábamos sin reservas, que íbamos a la hiperinflación. Esas usinas del rumor, del mal, generaban zozobra e incertidumbre. Yo lo viví cuando fui a Nueva York. ¡Me hacían cada pregunta! Y yo les decía: ¿de dónde sacaron ustedes esto? Yo dije que era momento de invertir en la Argentina porque en el país hay materia gris y materia  prima, es la garantía del desarrollo. Se lo comenté a Cristina cuando me vieron en el acto (NdR: se refiere a la inauguración de parques industriales, que CFK anunció desde la quinta de Olivos acompañada por Scioli).
Francisco, Massa y la mirada de los otros
La entrevista transcurrió en un tono afable, en cierto modo relajado. La resolución del conflicto docente se respiraba en el aire, a pesar del clima de trabajo. Una de las pocas sonrisas que ensayó el gobernador apareció en su rostro cuando este diario le preguntó por las periódicas visitas para el Papa Francisco. Dirigentes argentinos de diversa extracción política han sido recibidos por el pontífice, sea en la calle, en la audiencia pública de los miércoles, o en una reunión privada en el Palacio Apostólico o la Casa Santa Marta. La excepción en todas esas visitas parece ser, al menos hasta ahora, el diputado Sergio Massa. “El corazoncito del Papa está con la Argentina pero eso nos tiene que inspirar a ser respetuosos de la responsabilidad que tiene”, advierte Scioli.
–¿Qué lectura se debe hacer ante las visitas que recibe Francisco en el Vaticano?
–El Papa es un integrador, un pacificador, un hombre de una sensibilidad única, inigualable. Un fuera de serie. Él tiene una demanda muy grande, que hemos visto. En primer lugar atendió a nuestra presidenta. Y recibió al presidente Obama, como a mandatarios de todo el mundo, pero también fue a Lampedusa para denunciar al capitalismo salvaje y las injusticias que genera. En primer lugar, el Papa es una influencia positiva en el mundo, a través de promover valores. Es un argentino universal. Él va a ayudar con lo que esté a su alcance. Pero eso nos tiene que inspirar a ser respetuosos de la responsabilidad que tiene.
–Mientras usted lidiaba con el conflicto docente, Sergio Massa estuvo de visita en EE UU, en reuniones con sectores de la economía y la política estadounidense. Usted también realizó una gira por ese país. ¿Massa es su principal rival para 2015? 
–Yo no tomo la política mirando lo que hace el otro, sino con responsabilidad y haciendo lo que yo entiendo que debo hacer. Cuando fui a Estados Unidos, no fui a Washington. Fui a Nueva York. ¿Y a qué fui? A despejar los rumores. Porque cuanto más lejos yo estoy de mi país, mejor hablo de la Argentina. Fui a hablar con empresas, con inversores. No es que esté hablando mal de Washington. Prioricé eso en un momento en el que querían generar incertidumbre. Me pareció importante que el gobernador de la provincia más grande del país, y además todos saben cuáles son mis aspiraciones, fuera a contar cómo veía al país. Antes lo fui a ver a (Axel) Kicillof. Una hora y media estuvimos hablando. Al regreso también conversé con él. Fui y le dije cuál era mi percepción a partir de las preguntas que se habían planteado. Mi visita a Nueva York tuvo ese sentido. ¿Qué dije allí? Que era momento de invertir en la Argentina, que la Argentina iba camino al acuerdo con Repsol. Me miraban incrédulos. Y en los últimos tiempos me he cansado de recibir empresarios que estuvieron ahí y me decían “tenías razón”.
Fuente: Tiempo Argentino
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