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Suiza cierra sus fronteras

Más de la mitad de los suizos votó por el freno a la inmigración. La iniciativa derechista votada obliga a fijar cuotas máximas de ingreso al país y deberá ser implementada en un plazo de tres años.

Suiza cierra sus fronteras

Como el Uruguay, también país de bancos seguros, Suiza apela al referéndum como forma frecuente y masiva de democracia directa. Y los resultados suelen ser contundentes, en su expresión más inmediata y sorpresiva de los anhelos de la ciudadanía. El domingo, más de la mitad de los suizos votaron a favor de la iniciativa derechista de poner frenos a la inmigración. A toda inmigración, no sólo a la “de color”. También a la europea, con la mirada puesta sobre todo en los países pobres y nuevos de la Unión, como Rumania y Bulgaria. La iniciativa suiza gusta a los mismos sectores en otros países europeos. Hace unas semanas, alabando por anticipado el referéndum, el periódico L’Action Française titulaba: “Elogio de las fronteras”.

Pago chico. En la literatura suiza, uno de los géneros más tradicionales se llama Dorfgeschichte, la historia de los acontecimientos y enconos de villorrios enclavados entre montañas. En estos pagos chicos, infiernos grandes, fue donde la iniciativa antiinmigratoria llamada con cierto eufemismo “Contra la inmigración masiva” del nacional conservador Partido Popular Suizo (SVP) obtuvo los porcentajes más avasalladores. Todavía más sorprendentemente, y en violación de acuerdos previos y vigentes, la iniciativa deja sin efecto todos los pactos suizos con la Unión Europea (UE) sobre migrantes.

Según lo votado el domingo, los cantones tendrán que introducir en el futuro cuotas máximas de inmigrantes que podrán entrar cada año y el gobierno de Berna está obligado a implementar la propuesta en un plazo de tres años.

Xenofobia con otro nombre. “Esto no quiere decir que los suizos seamos xenófobos”, es la respuesta más frecuente que puede leerse en agencias y medios extranjeros cuando registraban el lunes y el martes las reacciones de los ciudadanos comunes ante lo que habían votado la víspera. “Sólo queremos regular para que no sea excesiva”, repiten. Y todos se consideran “muy abiertos” y a la vez consideran lógico que haya restricciones en la inmigración. Si no, podría haber consecuencias negativas para el país, como dumping salarial o aumento del desempleo, señalan. Cada año se suman a la población nacional de la Confederación Helvética unos 80.000 inmigrantes. “¿Cuántos suizos no tienen trabajo y cuántos están en las calles?”, dicen otros. La iniciativa votada incluye una prima a favor del trabajador suizo, al que debe contratarse de preferencia al extranjero, aun si el extranjero es “legal”.

Un país multinacional. Con un 23 por ciento, Suiza tiene una cuota especialmente alta de población extranjera, frente por ejemplo al 9 por ciento de Alemania. Una gran parte de ellos son alemanes, en torno a 300.000. Y muchos viven en Alemania y trabajan en Suiza –la elección del domicilio se debe a que la vida es mucho más cara en suelo suizo, donde la moneda, de alta apreciación como divisa, es el franco suizo y no el euro–. Desde Baden-Württemberg, el estado alemán fronterizo, 56.000 alemanes cruzan cada mañana la frontera para trabajar en Suiza. Interrogados por los medios alemanes, muchos de estos “commuters” dicen sentirse sorprendidos de la votación.

La reconvención europea. Los Estados miembro de la Unión Europea llamaron el miércoles a Suiza a respetar todos los acuerdos firmados con el bloque, incluyendo la libre circulación de personas. Los gobiernos de la UE esperan que Suiza “honre sus obligaciones que se desprenden de sus acuerdos y tratados con la UE”, dijo el ministro de Exteriores griego, Evangelos Venizelos, en un comunicado en nombre de los 28 países miembro. Grecia, uno de los países más empobrecidos en Europa, y con muchos migrantes en Suiza, ejerce la presidencia rotativa de la UE. Los “cuatro pilares” del mercado interno, que contemplan la libre circulación de personas, bienes, servicios y capital, son “indivisibles”, afirmó. La UE no ha recibido aún ninguna petición formal de Suiza de realizar cambios en los acuerdos con el bloque, dijo Venizelos, que también negó que se estén considerando sanciones económicas contra Suiza.

Un socio difícil. Suiza es un vecino apreciado e importante para la Unión Europea (UE), pero también difícil. Ni siquiera es miembro del Espacio Económico Europeo (EEE) –que fue rechazado por los suizos vía referéndum en 1992–, pero tiene una relación más estrecha con el bloque que países como Islandia, Liechtenstein o Noruega, gracias a una red de unos 120 acuerdos entre Berna y Bruselas. Las relaciones de Suiza con la UE se basan en acuerdos bilaterales. Todo comenzó en 1972 con un acuerdo de libre comercio. Y en 1999, Suiza cerró siete acuerdos sobre libre circulación, tráfico aéreo, contratación pública, normas y permisos conjuntos, tráfico por carretera y ferroviario, productos agrícolas y cooperación científica con la UE. Para Suiza se abría así un mercado interno de 500 millones de consumidores. Pero entonces se acordó que en el caso de que uno de esos siete acuerdos fuese tumbado por una decisión soberana adoptada vía referéndum, los otros acuerdos tampoco podrán seguir en vigor. El ministro de Economía alemán Wolfgang Schäuble fue contundente: afirmó que a Suiza le espera un futuro negro.

Cuentas suizas y dictadura

No menos de una década de oneroso, puntilloso litigio judicial fue necesaria para que Filipinas viera regresar a las arcas estatales 29 millones de dólares escondidos en las cuentas suizas del ex dictador Ferdinand Marcos (foto). Así lo hicieron saber el miércoles las autoridades del país asiático. Es una magra proporción: hay 717 millones de dólares, depositados durante los 21 años (1965-1986) de sangrienta dictadura anticomunista en el archipiélago filipino, única nación católica en el Oriente. “La cantidad recuperada forma parte de las cuentas en Suiza del ex presidente Ferdinand Marcos (1917-1989) y su familia que el Tribunal Supremo ordenó confiscar en 2003, pero que desde entonces se mantuvieron paralizadas en litigio en Singapur”. Así informó el miércoles Andrés Bautista, responsable de la Comisión Presidencial del Buen Gobierno de este país que fue por siglos una colonia española. Los fondos habían sido retenidos en Singapur después de que víctimas de tortura, detención ilegal y otros abusos de derechos humanos en la dictadura presentaran una demanda por el dinero. Finalmente, los abogados de DD.HH. vieron rechazada esta demanda. Se cree que Marcos y sus allegados reunieron en dos décadas de gobierno una fortuna ilícita que algunas fuentes estiman entre 5.000 y 10.000 millones de dólares durante los 20 años de dictadura. Marcos fue derrocado en una revuelta en 1986, después de la indignación popular por el asesinato de su opositor Benigno Aquino. Murió en el exilio en Hawai tres años después, pero su esposa Imelda –famosa por el lujo y los gastos conspicuos desplegados por televisión– y sus hijos pudieron regresar al país en 1991. Desde entonces han sido elegidos en las urnas para puestos de gobierno.

Fuente: Veintitres

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