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Un atentado suicida dejó al menos 15 muertos en una estación de tren rusa

Una atacante suicida se inmoló en la entrada de una estación de tren de la ciudad rusa de Volgogrado, antigua Stalingrado, y dejó un saldo de al menos 15 muertos y más de 40 heridos, a un mes y medio de los Juegos Olímpicos de Invierno en Rusia.

El atentado sucedió a menos de un mes y medio de la inauguración de los Juegos Olímpicos de Invierno en ese país.

“Según los datos en nuestro poder, hay 15 muertos y 40 heridos”, informó un vocero del gobierno de la región de Volgogrado a la agencia oficial RIA-Novosti, que además detalló que nueve de los heridos están en estado muy grave.

El Comité Nacional Antiterrorista ruso explicó que la atacante suicida hizo explotar una bomba cuando un agente la obligó a atravesar el detector de metales, instalado en las entradas de las estaciones de trenes importantes del país luego de un sangriento atentado a principio de año.

A las 12.45 hora local (5.45 hora de Argentina) la mujer, que la agencia de noticias oficial adelantó sería miembro de una guerrilla islamista del convulsionado Cáucaso del Norte, se inmoló y las cámaras de vigilancia capturaron cómo en segundos una bola de fuego destruyó toda la entrada del edificio.

Afortunadamente, el fuego no alcanzó al centro del edificio, donde una multitud esperaba para viajar en la víspera del año nuevo, una de las fiestas más importantes en Rusia.

El Comité Nacional Antiterrorista no responsabilizó aún a ningún grupo, pero informó que ya envió muestras de los restos del cuerpo de la atacante para identificarla.

El presidente Vladimir Putin, un abierto defensor de la mano dura contra los grupos insurgentes, ordenó el envío de aviones para el traslado urgente de los heridos más graves a hospitales de Moscú y reforzó la seguridad en Volgogrado y en la región lindante con el Cáucaso del Norte.

El uso de atacantes suicidas, muchas de ellas conocidas como “viudas negras” por tratarse de esposas o novias de guerrilleros asesinados por la policía federal, se convirtió en los últimos años en una de las cartas de presentación de la guerrilla islamista del Cáucaso del Norte.

La sospecha del gobierno ruso también se basa en que hace unos meses el máximo líder de la principal guerrilla caucasiana, el checheno Doku Umarov, amenazó con boicotear los llamados Juegos blancos, a los que describió como “bailes satánicos sobre los huesos de nuestros antepasados”.

“Como muyahidines estamos obligados a impedirlo por cualquier medio permitido por Allah”, prometió en un video.

Los Juegos Olímpicos de Invierno comenzarán el próximo 7 de febrero en la ciudad de Sochi, ubicada en el extremo suroeste de Rusia, sobre la vera del Mar Negro.

Después de la caída de la Unión Soviética, el Cáucaso del Norte, la región del noroeste ruso encerrada entre el Mar Negro y el Mar Caspio, fue testigo de dos largas y sangrientas guerras lanzadas por Moscú para acallar las voces nacionalistas y secesionistas en Chechenia, una de las repúblicas de la región.

El triunfo militar de los chechenos a mediados de los años noventa atrajo la atención de los yihadistas radicales del mundo musulmán, especialmente de aquellos que venían de expulsar a los soviéticos de Afganistán con ayuda de Estados Unidos.

Por eso, cuando Putin lanzó la segunda guerra contra Chechenia en 1999 y luego instaló una campaña de represión sistemática, que continúa aún hoy, lo hizo en el nombre de la “Guerra contra el terrorismo islámico”, un objetivo que desde 2001 comparte con sus antiguos rivales, las potencias occidentales.

La realización de los Juegos Olímpicos en las fronteras del Cáucaso del Norte captó el interés internacional sobre una región que hace tiempo quedó fuera de la agenda política y mediática del mundo.

Por eso, y previendo un aumento de los atentados en la convulsionada zona del suroeste del país, Putin endureció las llamadas leyes antiterroristas a comienzos de este año.

Aumentó las penas de cárcel y las sanciones, como la incautación de los bienes de las personas cercanas a aquellos sindicados como terroristas, y estableció que los familiares de los atacantes suicidas o de los condenados por terrorismo deben compensar al Estado por el daño material y moral causado por éstos.

Sin embargo, y como sucede hace décadas, la mano dura de Moscú no logró pacificar ni el Cáucaso del Norte ni las regiones rusas aledañas.

Hace dos meses una atacante suicida originaria de Daguestan, otra de las repúblicas del Cáucaso del Norte, hizo detonar una bomba en un colectivo que trasladaba estudiantes de Volgogrado. Seis jóvenes murieron.

El viernes pasado, en el último de una larga serie de ataques, un coche bomba estalló en la ciudad de Pyatigorsk, muy cerca del Cáucaso, y dejó otros tres muertos.

Fuente: Télam

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