ECONOMIA

Alumnos de Secundaria producen mermeladas con fines solidarios

Alumnos de 6º año de la Escuela Secundaria Nº 2 de San Agustín, un pueblo rural de casi 600 habitantes distante 28 kilómetros de la ciudad cabecera de Balcarce, en el distrito homónimo, elaboran mermeladas artesanales con fines solidarios. El proyecto se inició para aplicar los conocimientos aprendidos en este establecimiento educativo con orientación en Economía y Administración y a la vez inculcar el espíritu solidario en los jóvenes.

De tal modo, se canalizó la elaboración de los productos de marca “Agustina”, bautizada así en homenaje al pueblo, en el Espacio Curricular Institucional “Producción de PyMES” (Pequeñas y Medianas Empresas) mediante la organización de una pequeña empresa productiva que incluyó el registro contable.

Ese fue el origen de las elaboraciones caseras, entre ellas mermeladas, puré de manzana y encurtidos, que cuentan con el asesoramiento del Instituto Tecnológico Nacional de Balcarce (INTA).

El dinero recaudado a partir de la venta de esas producciones es destinado a una entidad de bien público seleccionada por los propios alumnos. No donan el dinero, sino que consultan sobre las necesidades a las instituciones y adquieren los elementos que les requieren, dentro de sus posibilidades, para colaborar y ayudarlas.

Entre esas entidades de bien público elegidas ya resultaron beneficiadas dos hogares de ancianos de Balcarce, la Sociedad de Protección a la Infancia; el Destacamento de Bomberos Voluntarios de San Agustín; el Jardín de Infantes Sagrada Familia y, en varias ocasiones la propia escuela, según reseña la directora del establecimiento, Luisa Castro, quien asegura que están “muy orgullosos, porque vemos que los chicos trabajan y son solidarios, por eso decimos que son las mermeladas más dulces”.

“Ellos hacen el contacto con la institución y consultan sobre las necesidades que tienen, agrega Castro, quien señala que en tal sentido “han donado sillas de ruedas; insumos, máscaras y estetoscopios para unidades sanitarias; luces de emergencia para los cuarteles de bomberos; comestibles para los establecimientos educativos, pintaron juegos para un jardín de infantes, enviaron a fabricar joggins para los abuelos”.

Tamara Oddo, una de las alumnas que intervienen en el proceso productivo de estos dulces y ejerce el rol de contadora de la PyME, explica que además de los saberes y experiencias que ponen en práctica durante la elaboración de los dulces, la continuidad del procedimiento comercial les permite a los alumnos aplicar los conocimientos aprendidos en el aula.

Cuenta que rotan en grupos para elaborar los productos y como el proceso es variado dividen el trabajo. De este modo, unos alumnos se encargan de esterilizar los frascos, otros de pelar la fruta, o de hacer los pedidos, o de la cocción, y otros se ocupan de la contabilidad aplicando todos los conocimientos teóricos adquiridos en las materias Proyectos Organizacionales y Economía Política.

Por su parte, Nicolás Aurieri, también estudiante del establecimiento, afirma tras su experiencia en esta pequeña empresa que “hay recursos que se pueden utilizar para obtener una mayor producción con menor costo, es decir, que se puede economizar en la elaboración de mermeladas”, sintetizando así el resultado de lo aprendido.

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