POLITICA

La propuesta de la oposición: ajuste, devaluación y menor poder adquisitivo

Las plataformas del PRO y del Frente Renovador en materia económica prometen frenar la inflación pero al mismo tiempo reclaman terminar con los subsidios a los servicios, las retenciones al campo y “sincerar el tipo de cambio”.

La propuesta de la oposición: ajuste, devaluación y menor poder adquisitivo

Procusto, el villano griego, engañaba a sus visitas invitándolas a dormir en un lecho; una vez dormido, el cuerpo del huésped era adaptado violentamente al tamaño de la cama. Si era más largo, Procusto les cortaba las extremidades. De ser más corto, Procusto los descoyuntaba hasta lograr que manos y pies coincidieran con el tamaño de la litera. Teseo, el héroe griego, mató a Procusto haciéndole lo mismo que él hacía a sus desprevenidos invitados. Este mito griego reserva alguna que otra moraleja para aquellos que buscan que la realidad se adapte siempre a sus parámetros, aun cuando no es posible.

Empeñada en decir que el oficialismo manipula datos en base a sus conveniencias, la oposición argentina se pretende superadora de una realidad que le tiene reservada más de una trampa de relojería.

Contentar a los sectores agropecuarios con devaluaciones o eliminación de retenciones va en detrimento de cualquier estrategia antinflacionaria. Y en este ir y venir se encuentran los principales destinatarios de los discursos opositores, ya sean de centroizquierda o centroderecha: las capas medias urbanas traumatizadas con la volatilidad de los precios, y los sectores agrarios que quieren ganar más. Cómo trazar un plan económico que contente a ambos polos, hace pensar aquel sádico griego y sus métodos para hacer concordar las cosas.

En el apartado de propuestas de desarrollo económico que la Fundación Pensar –think tank del PRO– ofrece en Internet dice claramente: “Las políticas monetarias, cambiarias, fiscales y tributarias deben apuntar a la creación de un marco de estabilidad que permita el desarrollo económico sostenible: crecimiento, ahorro e inversión. Se destaca la necesidad de un tipo de cambio real competitivo con baja inflación y un marco fiscal que sea consistente con una política de desendeudamiento de largo plazo y a la vez impulse oportunidades de desarrollo para las familias y las empresas argentinas.”

A lo que podría agregársele que en el fragor de la campaña Mauricio Macri ha declarado que “debería ser un delito gravar una exportación”, al tiempo que proponía una eliminación de retenciones para todo, menos para la soja, a la que le cabría, siempre según él, una disminución parcial de los derechos de exportación.

Para Ariel Setton, economista del Plan Fenix, “una baja o quita en las retenciones del agro hará que automáticamente los precios de los bienes que consume la gente –carne, maiz, trigo, girasol– pasen a valer en el mercado local lo que cuestan en el mercado internacional, en momentos de altos precios de las commodities. El impacto directo es un avance sobre los precios que generará una aceleración de la inflación, así como también un desfinanciamiento del Estado, lo que puede impactar en una mayor caída en el ingreso real de la gente por disminución de subsidios directos del Estado –AUH– como indirectos –valor subsidiado de servicios públicos–.”

Y con respecto al “tipo de cambio real competitivo con baja inflación”, Setton agrega: “Era posible de imaginar en momentos como el año 2001, cuando existía una muy elevada tasa de desocupación, había poca utilización de la capacidad instalada de la industria y el tipo de cambio no reflejaba las necesidades ni capacidades que tenía la Argentina.” Situación que diferencia claramente de la actual, en la cual la capacidad empleada es tal, que una devaluación implicaría inevitablemente la inflación, ya que serían más caros tanto los bienes de consumo que se importan como los insumos para la producción.

NUEVAS ESTRELLAS ELECTORALES. Más allá de los cambios en el Impuesto a las Ganancias, y de gravar la renta financiera, guantes que el gobierno nacional recogió del suelo luego de las Primarias, el Frente Renovador de Sergio Massa tiene también un agresivo discurso contra la inflación, a la que asimila con la inseguridad. Y, al igual que sus nunca blanqueados socios del PRO, Massa tiene un discurso contrario a las retenciones cuya eliminación, ya se ha visto, es regresiva e inflacionaria.

Pero entre las propuestas que el cibernauta atento consigue recolectar, puede encontrarse un “Proyecto de ley para bajar la inflación”.

Ya de por sí llama la atención que la inflación pueda, o pretenda, bajarse con una ley. Pero la lectura del proyecto muestra un diagnóstico en el que se reconoce que las recetas ortodoxas de enfriamiento de la economía no han solucionado el problema de la suba de precios (postulado que podría atribuirse al amplio abanico de asesores económicos del intendente de Tigre, que incluye gente cercana al keynesianismo). Y una propuesta en concreto: “Créase el Área de Reducción de la Inflación, dependiente de la Defensoría del Pueblo de la Nación, como instancia para realizar propuestas al Poder Ejecutivo de la Nación en materia de reducción de la inflación. En el marco de una política de desarrollo con equidad social, se considera determinante elaborar propuestas para encarar una política antiinflacionaria analizando medidas en cada una de las cadenas de valor, bienes y servicios que inciden en la canasta familiar.”

Es decir, un nuevo estamento del aparato estatal, que debería actuar en un contexto como el ya conocido, de volatilidad de precios o pujas entre sectores. La gran pregunta es si dicha área dependiente de la Defensoría del Pueblo tendría una contundencia antinflacionaria inmediata. O, por lo menos, una del tamaño de los rotundos spots con que el Frente Renovador publicita el tema. En los que no falta el villano Moreno con su mirada torva.

También proponen crear un Consejo de Inversión y Desarrollo Nacional, como “una instancia institucional de coordinación de las distintas ramas de la política macroeconómica”. “Las propuestas económicas de Massa son inexistentes. A modo de ejemplo, se plantea la problemática de la inflación y se propone como solución crear una ‘Área de Reducción de la Inflación’ que proponga cómo bajar la inflación. Se propone incrementar la producción y la inversión y para ello se establece crear un ‘Consejo de Inversión y Desarrollo Nacional’ que haga propuestas. Es decir, las propuestas es armar áreas, consejos y comisiones que hagan propuestas, lo que recuerda a aquella frase atribuida al general Perón de que, si querés que algo no avance, crea una comisión que se encargue del asunto”, señala Andrés Asiain, economista de la cátedra Arturo Jauretche.

Para Alejandro Fiorito, economista de la Universidad de Luján, se ha “lobotomizado” a la población con la idea de que es posible crecer sin inflación. Si lo que se quiere es que suban el empleo y el PBI –según él–, no hay magias que puedan llevar el IPC a menos de un dígito. Sí se puede controlar la indexación, y no se debe olvidar que el control de la inflación viene desde la política.

Asiain, por último, indica que “un candidato que le promete al trabajador el aumento de salarios y al empresario la disminución de los costos laborales, al exportador la baja de las retenciones y al consumidor la disminución del precio de los alimentos, está proponiendo prácticamente lo imposible. Por eso, cuando tiene que establecer propuestas concretas sobre cómo lograrlo, escapa por la tangente y propone crear una comisión proponedora.”, sentenció.

Las aparentes inconsistencias de ambas fuerzas que, como se ha dicho, bien podrían ser una sola, las lleva a reemplazar un programa económico acabado por una serie de eslogans demagógicos y contradictorios y, a la hora de ponerle el cascabel al gato, concluir en una comisión que, a futuro, haga propuestas. Una trampa que, más allá de demagogias electorales de ocasión, tiene el objetivo oculto de intentar fijar condicionamientos al gobierno en el período posterior al 27 de octubre y hasta el 2015.

En las filas de la ortodoxia

La Fundación de Investigaciones Económicas Latinoamericanas (FIEL) es una usina del neoliberalismo argentino. En un reportaje a Juan Luis Bour, su director, de enero de este año, se realizan varias críticas y pronósticos desalentadores. Dos de ellos interesan aquí particularmente. La clásica explicación monetarista de una elevada inflación causada por una mayor cantidad de dinero en la calle, y el retraso del tipo cambiario que afecta la competitividad.

Con la primera, Bour tira por elevación contra la pasada reforma de la Carta Orgánica del Banco Central que, según él, sirvió para que se emitiera, es decir se creara, más dinero.

“En principio, la inflación no es un problema estrictamente monetario, sino que obedece a varias causas, entre otras, la forma del funcionamiento del capitalismo realmente existente en Argentina. Hay un sólo caso en que una expansión monetaria, en sí misma, puede generar inflación, que es que todo el resto de las variables económicas siga igual. Pero es un caso entre muchos. En Argentina sí se ha observado inflación sin expansión monetaria, por ejemplo, por expectativas empresarias (de los formadores de precios). En esos casos, si el gobierno no convalida el aumento de precios, inyectando dinero, se genera una recesión”, replica Ricardo Aronskind.

Y con respecto al retraso cambiario, “es claro que las devaluaciones generan inflación. En el caso argentino, todavía peor, porque todos los formadores de precios trasladan inmediatamente toda la devaluación al precio final, con lo que, o no lográs nada con la devaluación en materia de competitividad, o tenés que hacerla contra el único componente no dolarizado, que es el salario. O sea, una devaluación es mucho más una medida redistributiva contra los asalariados que una genuina medida proexportadora. Salvo que logres pisar los precios, y ahí es otra cosa. Si se analiza 2002, el éxito devaluatorio se debe a que se hizo una megadevaluación, y los precios internos no pudieron seguirla simplemente porque el salario real estaba en el séptimo subsuelo, y los niveles de pobreza e indigencia eran monstruosos. La clave fue el desempleo: el desempleo hizo de ancla del salario. La destrucción salarial comprimió drásticamente la demanda, que no podía convalidar (comprando) subas de precios en paralelo a la devaluación”, completa.

Fuente: Infonews

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